Problematizando el concepto de brigadista internacional

cartel brigadistas

Si el régimen nazi de Hitler y el fascista de Mussolini apoyaron al bando sublevado con decenas de miles de combatientes y material bélico, la Comintern, con el apoyo de Stalin, decidió en septiembre de 1936 la creación de las Brigadas Internacionales (BI) y organizó el reclutamiento de los voluntarios, encauzando las simpatías de muchos regímenes democráticos del mundo hacia la Segunda República española. Estos constituyeron un ejército internacional, único en la historia por su número y su carácter voluntario, no mercenario, que combatió como fuerza de choque en la mayoría de las batallas de la Guerra Civil española. Procedían de más de 50 países y contribuyeron a la defensa de la Segunda República, no sólo en el aspecto militar, sino también como un ejemplo de solidaridad internacional. La Guerra Civil española tuvo desde el comienzo una importante faceta internacional y por ello muchas veces se ha entendido como la antesala de la II Guerra Mundial (Castells 1974; Delperrié 1968).

No hay acuerdo sobre el número total de brigadistas que vinieron a España; las cifras oscilan entre los 35.000, que aceptan la mayoría de los autores, y los 59.380 que dio Andreu Castells (1974). Además, según avanzan las investigaciones se van sumando nuevos nombres. Una cifra que se maneja actualmente como bastante aproximada es la de 40.000. Tampoco lo hay sobre el número de muertos, aunque aquí las cifras difieren menos: entre 9.000 y 10.000 dejaron su vida en los campos de España. En cualquier caso, no hubo más de 20.000 voluntarios presentes a un mismo tiempo.

Antes de la formación de las BI en octubre de 1936, habían ido viniendo a España numerosos voluntarios por su cuenta a enrolarse en diferentes unidades de su afinidad ideológica (anarquista, socialista, comunista, etc.). Algunos ya residían en España, bien por estudios, como los estudiantes latinoamericanos, o bien como exiliados políticos procedente de países con gobiernos fascistas o autoritarios. Muchos de estos voluntarios y unidades se integraron más tarde en las BI. Efectivamente, la idea de crear las BI se fue gestando en el verano de 1936 a partir de diversas iniciativas paralelas, entre otras del Partido Comunista francés. La reunión de la Comintern celebrada en Moscú el 18 de septiembre de 1936 dio el aval a esta propuesta y los partidos comunistas se comprometieron desde entonces a reclutar a voluntarios dispuestos a participar en la lucha junto a los republicanos españoles. Los partidos socialistas europeos, si bien no reclutaron voluntarios, apoyaron oficialmente a las BI. La sede internacional de reclutamiento se estableció en París, desde donde se organizaba el envío de voluntarios en contacto con el gobierno republicano que tramitaba la documentación necesaria para el recluta. Los primeros voluntarios llegaron a Albacete el 14 de octubre de 1936. Tras algunas vacilaciones iniciales, el gobierno de la República se decidió a aprobar la formación de estas unidades el 22 de octubre de 1936, cuando el avance de los sublevados sobre Madrid reveló la crítica situación militar de la República.

Para el caso uruguayo, contamos con las crónicas del corresponsal Alberto Etchepare, quien nos cuenta que:

“Era en octubre de 1936. La República trataba brillantemente de organizar sus fuerzas. Aún no había surgido la gran consigna de “¡Ejército Popular!” A los cuarteles acudían los obreros, los empleados y los intelectuales. El “Bakunin” y el “Marx” eran los dos centros nerviosos del alistamiento, caserones que no olían a cuartel ni mucho menos a militarismo: el pueblo los había invadido tumultuosa y alegremente.
Adentro el canto de los nuevos soldados. Fuera, una abigarrada muchedumbre circulaba constantemente, removida por la llegada de voluntarios extranjeros. La vestimenta de estos no desmentía su condición de trabajadores, de auténticos proletarios. A veces en las filas descubríamos hombres de facciones más finas, de cuello y corbata, de lentes. Eran estudiantes, profesores, individuos que dejaban sus gabinetes y sus bibliotecas, voluntariamente.
En los remozados y bulliciosos cuarteles se organizaban los cuadros de milicianos. Unos días para aprender el manejo del fusil… y luego… ¿al frente? No, había que esperar a que se consiguieran armas, municiones. A veces la espera se prolongaba semanas enteras.
Los americanos antifascistas habían organizado un Comité de Ayuda a España. Eran en su gran mayoría de nacionalidad cubana. La gente del sur estábamos en absoluta minoría: un argentino y un uruguayo: Ramón Tajes. Este Comité en sus primeros tiempos trabajó activamente en la organización de las milicias, colaborando con el Comité militar del Socialismo Unificado de Cataluña. Secretario de este último y figura prominente en el movimiento era Joaquín Almendros, un inteligente muchacho español que durante más de diez años había ocupado un alto cargo en un difundido rotativo porteño y que conocía muy bien la América del Sur.
Así surgieron las primeras centurias formadas por americanos, la primera de las cuales llevó el nombre de “Julio Antonio Mella”. Se honraba en esta forma la memoria de un extraordinario dirigente estudiantil asesinado por la policía de Machado, aquel sangriento dictador del que tanto le costó a Cuba desprenderse. Otra se llamó “Sandino” y otra “Zapata”. Cuando hubo que organizar la centuria Nº65, nosotros pedimos el privilegio de bautizarla, de encargarnos de su instrucción política, de su aprovisionamiento. Y no encontramos otro nombre en aquellas circunstancias, que expresara mejor nuestra protesta contra la ruptura de relaciones del gobierno de Terra con el legítimo de España, que el nombre acusador de Julio César Grauert.
Bien que nos encargamos nosotros, en mítines y asambleas, en el frente y en retaguardia, de explicar quien era Grauert, en su glorioso martirio por la democracia, y quien era Terra, el dictadorzuelo que hoy desciende del poder en medio de la mayor indiferencia popular. La centuria “Julio César Grauert” desfiló por las calles de Barcelona entre los cálidos aplausos y vítores de la multitud. Fue un homenaje al Uruguay, progresista en sus leyes sociales y con un prestigio de país libre que Europa no olvidaba.
Una cadena de broadcastings recogió la palabra de los uruguayos y llevó al corazón de millones de españoles la total adhesión de nuestro pueblo. Aquellos muchachos marcharon entusiastamente hacia Aragón, con sus escarapelas uruguayas en las blusas de milicianos, entonando la canción optimista que engendra la fe y la confianza en la justicia. Con ellos supimos, en las largas noches de Tardienta, frente a las hordas marroquíes, de la entereza magnífica del espíritu español cuando defiende algo tan sagrado como la independencia de la patria. Y leyendo en la roja bandera de la columna de nombre “Grauert” -que ellos sabían había sido un gran luchador antifascista-, sentimos con Ramón Grauert y con Luis Tuya el legítimo orgullo de haber contribuido en alguna medida a la reivindicación de nuestro malparado prestigio nacional.”

Entonces, ¿Quiénes eran estos uruguayos alistados en las Brigadas? La representación de los brigadistas uruguayos en la bibliografía general sobre Brigadas Internacionales es escasa y, al acercar el foco a la producción historiográfica uruguaya, se constata que la dispersión de información no es menor. Es en el contexto de una ausencia casi total de investigaciones sobre los voluntarios latinoamericanos (salvo importantes excepciones, como en el caso del ya histórico trabajo de Gino Baumann) en el que hay que enmarcar el estudio de la participación de uruguayos en la Guerra Civil española. En primer lugar, como es habitual, la cifra de participantes no está cerrada, barajándose un número de 50 a 70 voluntarios. Por otro lado, si bien en la obra de Castells se da la cifra de 22 brigadistas uruguayos, son pocos los ejemplos de enrolados sensu stricto en las BI de los que hasta hace poco se sabía el nombre y apellidos: además de los citados por Etchepare, de momento, solo conocíamos (así lo cuenta el periodista Jorge Barreiro) la participación de Andrés Antonio Rizzo, Alberto Cabot y Edgardo Mutti; así como de Hugo Fernández Artucio en la Brigada Abraham Lincoln, y de Estebán (Istvan) Balogh, rumano residente en Uruguay desde 1930. Habría que sumarle al Capitán Ernesto Bauer, ya que tal y como contó él mismo en una entrevista radiofónica, su regreso se debió al decreto de desmovilización de las Brigadas Internacionales adoptado por el gobierno republicano a finales del año 1938. No obstante del capitán Alberto Cabot surgen dudas sobre si su participación como capitán en la Guerra Civil fue dentro de las Brigadas Internacionales o en otras unidades del ejército republicano, ya que en los documentos que veremos más abajo se indica “138 B”, que seguramente se refiere a la 138 Brigada Mixta, que no fue una unidad de internacionales.

La consulta de los archivos sobre las Brigadas Internacionales de la Comintern (Fondo 545) del Centro Ruso para la Preservación y Estudio de la Historia Reciente, de Moscú, ha permitido encontrar un par de documentos en donde se ofrece unos listados de uruguayos y nacionalizados uruguayos que han combatido en España, y entre los que cabe esperar que haya también brigadistas internacionales en sentido estricto.

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Documento de los archivos sobre las Brigadas Internacionales de la Comintern (Fondo 545) del Centro Ruso para la Preservación y Estudio de la Historia Reciente, de Moscú

Documento de los archivos sobre las Brigadas Internacionales de la Comintern (Fondo 545) del Centro Ruso para la Preservación y Estudio de la Historia Reciente, de Moscú

Documento de los archivos sobre las Brigadas Internacionales de la Comintern (Fondo 545) del Centro Ruso para la Preservación y Estudio de la Historia Reciente, de Moscú

En estos listados aparecen 14 nombres, muchos de los cuales ya se conocían en los listados de voluntarios uruguayos de la Guerra Civil que se manejaban, pero que ahora se corroboran. De varios de ellos se puede especular su participación en las Brigadas Internacionales. El listado de 15 nombres es: Carlos ÁlvarezRegino BaezEnrique Boudevin BourquinAlberto Cabot LagoJosé (Ifederich) Feredich RodríguezJuan Lafuente FernándezRomán López Silveira,  Salvador Loy KlepachBalbino (Mateo) Mateu MaestreJorge (Polancos) Polanco VerdugoPastor Ontivero RodríguezRamiro Toha DuranÁngel Tzareff y Alejandro Washington Villalba y Istvan (Esteban) Balogh (Balon) Gómez. Sabemos que este último fue de las Brigadas Internacionales, lo mismo que Regino Baéz. Respecto a José Feredich y Juan Lafuente sabemos por ese documento que también estuvieron en el mismo taller 3 de las Fuerzas Blindadas donde estuvo Istvan Balogh, lo que puede ser un argumento a favor para pensar también en ellos como brigadistas internacionales. La aparición de estos brigadistas en estos listados indica la posibilidad de que haya más brigadistas internacionales entre esos nombres, sin desmerecer la participación del resto en otras unidades del ejército republicano. De otros de los nombres que aparecen, y de los que ya tenemos algo de información, sabemos que no fueron brigadistas. Es el caso de Balbino Mateu, Román López Silveira, Salavador Loy Keplach o Jorge Polanco. Lo mismo sucede con Alberto Cabot, como ya se indicó más arriba, así como con el sargento Ramiro Toha Durán, ya que la mención a “15o B” seguramente se refiera a la 150 Brigada Mixta, que de nuevo se trata de una unidad regular del ejército republicano y no de brigadistas internacionales.

De este mismo archivo también son algunas de las fichas personales y encuestas realizadas a aquellos brigadistas internacionales que querían ingresar en el Partido Comunista de España. Por este medio hemos podido corroborar como brigadistas internacionales a los uruguayos José Facal RuizFelipe Torres Pereira o Louis Villegas, y al judío iraquí nacionalizado uruguayo Setti Abraham Horresh.

Si sumamos los 10 nombres de los brigadistas internacionales uruguayos de los que tenemos certeza (Estebán (Istvan) Balogh, Capitán Ernesto Bauer, José Facal Ruiz, Hugo Fernández Artucio, Setti Abraham Horresh, Edgardo Mutti, Andrés Rizzo, Ramón Tajes, Felipe Torres Pereira y Louis Villegas), a los 8 nombres de potenciales brigadistas de los listados de la Comintern de los documentos referidos más arriba (Carlos Álvarez, Regino Baez, Enrique Boudevin Bourquin, José Ifederich Rodríguez, Juan Lafuente Fernández, Salvador Pastor Ontivero Rodríguez, Ángel Tzareff y Alejandro Washington Villalba), suman un total de 18 nombres. Esta cifra se acerca y le da consistencia a la de 22 brigadistas uruguayos que cita Castells. No obstante lo que habría que destacar es el gran número de uruguayos y nacionalizados uruguayos que combatieron en otras unidades del ejército republicano, al margen de las Brigadas Internacionales.

Es el caso de muchos otros de los voluntarios que estudiamos en este proyecto y que llegaron a España a través de diferentes alianzas: un grupo de notorios anarquistas, consagrados militares que se integraron directamente en las filas del ejército regular de la República o periodistas como el mismo Etchepare. Algunos de nuestros protagonistas ni siquiera eran uruguayos, sino españoles que se encontraban en Uruguay en el momento del comienzo de la guerra, o de otras nacionalidades cuyos pasos les llevaron a dicho país por distintos motivos. De todos ellos nos iremos ocupando, hasta entonces, seguimos haciéndole preguntas a las fuentes.

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