TRAGICOMEDIA EN UN ACTO. Obra de teatro escrita por Alberto Cabot a su paso por Gurs.

Alberto Cabot Lago estuvo en la Guerra Civil como militar en el Ejército Popular. Tras la caída de Barcelona, en enero de 1939, Alberto huyó de España junto a miles de civiles. El 21 de Julio de ese mismo año fue repatriado a Uruguay junto a Andrés Rizzo, Edgardo Mutti y una treintena de ex-combatientes argentinos. En una carta fechada en Buenos Aires el 10 de febrero de 1940, Alberto le detalla a su hermano los hechos que marcaron su huida a Francia y su posterior paso por dos campos de refugiados/concentración. El siguiente texto es un extracto de esa carta.

Mi vida desde que salí de Cartagena, aquella linda mañana, fue fértil en trágicos acontecimientos. Llegamos a Barcelona en mala época, pues ya teníamos a los fachas a pocos quilómetros de la ciudad. Bombardeos y más bombardeos. Estuve en casa de papá y allí dormí dos noches. En una de ellas nos visitaron las pavas veinticuatro veces. Junto con los internacionales, fuimos a Cardedeu. Llegamos y a poco un bombardeo terrible nos sacudieron. En aquella ocasión estuve al borde de la muerte. Me salvé ni yo mismo se cómo. Cayó una potente bomba a menos de quince metros de donde yo estaba echado. Un golpe terrible recibí en una pierna. Creí que había sido herido. Sin atreverme a mirarme la pierna me decía: Qué mala pata tengo. Ser herido precisamente ahora que estamos en camino de Francia!. Pero luego de reponerme un poco de la emoción, me di cuenta que solo había sido una piedra que había llegado hasta mi, lanzada por la fuerza de la explosión. Seguimos luego nuestra trágica ruta, caminando y caminando con la vista fija en la frontera. Miles y miles de personas íbamos por aquellas carreteras, huyendo del despiadado enemigo que nos perseguía. Nueve días permanecí junto con otros compañeros en Port-Bou, esperando que nos permitieran entrar en Francia. Una noche desesperados ya por tan larga espera, nos metimos en un tren de heridos y pasamos la frontera. Llegamos a Francia. Nos esperaban con una larga fila de bayonetas, y gran cantidad de gendarmes. Cuando se dieron cuenta que nosotros no estábamos heridos, nos dieron dos patadas y nos pusieron otra vez en la linea divisoria de los dos países. Pero a los dos días vino la avalancha. Miles, centenares de miles de hombres pasamos a Francia. Cargados con todos nuestros bultos, nos hicieron caminar treinta y cinco kilómetros, casi sin descanso. Llegamos a una playa -Argelés Sur Mer- a las tantas de la madrugada. Allí muriéndonos de frío y de hambre estábamos ciento y pico de miles de hombres. Puedes imaginarte el panorama. Dormíamos encima de la arena, mojada por la escarcha, que caía abundantemente por la noche. Permanecimos seis larguísimos días sin probar más que algún mendrugo de pan y cierta cantidad de agua infectada que nos produjo disentería a todos sin excepción. Al mes y pico de estar en estas condiciones, nos trasladaron a otro campo, mejor acondicionado. Allí permanecí hasta el 21 de julio, fecha en que gracias a las gestiones hechas por tío Victoriano, se me repatrió para casa.

A su paso por Gurs, Alberto Cabot fue distinguido como representante y portavoz de los uruguayos presos. Allí mismo escribió diversos textos, algunos de ellos publicados en el periódico España Democrática. Uno de los más curiosos fue la tragicomedia que transcribimos a continuación:

TRAGICOMEDIA EN UN ACTO

Escenario: 10.000 metros cuadrados de terreno, cercados por alambres espinosos. Veintisiete barracas en hileras de a cinco. Si se quiere pueden añadirse detalles de poca importancia teatral, pero de gran efectividad práctica, tales como cocinas, zanjas de evacuación, etc., etc…

Personajes:

Dña. Holgazanería (80 años)

Don Aburrimiento (80 años)

Dña. Monotonía (80 años)

Srta. Actividad

La acción se desarrolla en un lluvioso día del mes de Mayo, en el interior de una barraca.

 

TELÓN ARRIBA

Dña. Holgazanería – (Tumbada en un rincón) ¡Ay que gusto da oír repiquetear la lluvia en el techo. Soy de natural cómodo, pero cuando llueve encuentro un placer especial en el reposo ¡Ay! (Da un bufido de satisfacción) (Su rostro abotargado refleja estupidez satisfecha)

Dña. Monotonía – (Que hace varias horas lee sin interrupción “Los amores de Paco me vuelven loca”, levanta los ojos del libro) Esta lluvia me recuerda que hace cuatro meses llueve, truena, ventea, relampaguea sin cesar (habla con tono de enfática y “Antipática” suficiencia). A mi, Dña. Holga, me encanta la continuidad. Estoy pasando unas deliciosas vacaciones, solo comparable a las que pasé durante quince años en el Sahara! ¡Qué encanto! Yo, sabe Ud. soy conservadora detallista, y creo que mi ideal triunfará algún día. Claro es que como todas las ideas, tiene sus enemigos pero estoy segurísima que un día no lejano dominará al mundo. Y entonces…! oh qué dicha!, podré…

Don Aburrimiento – (viejo chocho, desdentado y babeante) ¡Cállese Ud. señora! Me aburre Ud. No se a quién se le ha ocurrido dotar la lengua a las mujeres. Solo abren la boca para decir tonterías. Si quiere Ud. ser feliz haga lo mismo que yo: no se preocupe por nada; no piense en nada; no haga nada. La experiencia me ha enseñado muchas cosas, pero no me da la gana de decirlas, por qué (con rabia) ¡ya estoy aburrido de hablar! (Se calla. Enciende un cigarro y fuma).

Dña. Mono – Viejo encantador! Lástima no tenga Ud. un par o siete de años menos. Me gustaría vivir con Ud., solitos los dos, aquí toda la vida.

Don Aburrimiento – (la mira de soslayo y bosteza larga y profundamente, pero no dice ni pío).

Dña. Holga. – (Desde su rincón) Tengo hambre Mono. ¿No ha llegado la cena? No puedes imaginarte lo que pienso en la comida. ¡Oye Mono! A ver si me la sirves como cada día, eh! ¿Qué hay hoy para cenar?

Dña. Mono – Bien lo sabes. Mi plato favorito: garbanzos con arroz y carne.

Dña. Holga. – ¡Qué pichones se pierden en el mundo! ¿No te desespera comer siempre lo mismo?

Dña. Mono – ¿Desesperarme? ¡Quiá! ¡Me encanta! Pero para que veas que soy razonable, mañana variaremos de menú.

Dña. Holga. – ¿De veras? ¡Viva! (Del entusiasmo “casi” se levanta).

Dña. Mono – Si hija de veras! Tendrás mañana: carne, con arroz y garbanzos.

Dña. Holga. – ¡Por fin variaremos! ¡¡Vivan los cocineros!!

(Dichos y la Srta. Actividad)

(Entran el caldero con la cena)

Dña. Holga. – ¡Mono, traéme la cena!

Dña. Mono – ¡Me olvidé otra vez de lavar los platos! Desde que me vacunaron contra la viruela no he podido acordarme de hacerlo. ¡Si será mala esta memoria mía! (Diciendo esto presenta los platos sucios al repartidor de la comida)

Don Aburrimiento – ¡Maldita sea! ¡La cena! ¿El mundo no inventa nada para inventar el comer? Se aburre uno de hacer siempre lo mismo. Comer por la mañana, comer al mediodía, comer por la noche, comer, comer y comer. ¡Maldita sea! … Pero …. en fin, vamos a comer.

Srta. Actividad – (Entra rápida. Sonriente. Seductora). (Este papel conviene lo represente una joven de genio vivo y movimiento felino) Tra, la, la, tra ra la la! Ja! ¡Ja! Hola vecinos! ¿Ça va? Veo que sí. Siguen todos acuarterados en sus cascarones, y… ahí me las den todas ¿en? ¡ja! ¡ja! (se ríe)

El público – Ya lo habíamos visto.

Srta. Actividad – A cenar, a cenar! Tengo un apetito formidable. ¿Sabéis de dónde vengo? Pues de la escuela. Hoy hemos estudiado álgebra. Si vierais qué simpático es el profesor! (Suspira)

Don Aburrimiento – Calla ( ). Me aburres!

Srta. Actividad – (Sin hacerle caso) Y después Gramática. Y después geografía. Y… dibujo. Estamos haciendo un periódico mural muy mono. Una estrella grande, grande, toda iluminada y toda pintada. ¡Si supierais quien es el constructor-jefe! (Suspira de nuevo) (A la chica le gustan todos sus profesores). Además desde mañana voy a jugar con el equipo de Voley-Ball, y haremos un campeonato. Veréis qué bonito. (Mientras habla la cena se le enfría) Y sabéis también qué he pensado? Hacer un libro grande. Y un periódico grande también.

Don Aburrimiento – (Reprimiendo un bostezo) ¡Come niña! ¡Come y calla!

Dña. Monotonía – Calla primero y come después. ¡Qué juventud! ¡Qué juventud!

Dña. Holga – ¡Acti! ¡llévate el plato!

Srta. Actividad – No quiero callar! Sois unos viejos insoportables, pasados de moda, egoístas e intransigentes. Pero afortunadamente ya nadie os hace caso. La juventud os ha ganado por la mano. No hace caso de vuestros consejos ni de vuestros ejemplos. Vuestras palabras, vuestros actos, son mirados con desdén. No tenéis derecho a hablar. Pertenecéis a un viejo mundo que ya ha muerto, y si vosotros seguís viviendo es solo gracias a las inyecciones que os proporcionan viejos decrépitos e inadaptados como vosotros. Pero no tardaréis en finir vuestra miserable existencia. Holga se muere de rabia con el triunfo del trabajo. Mono se carcome rápidamente ante el empuje de la voluntad. Y tú, viejo verde, dueño del aburrimiento, la alegría te mata. ¡Me voy con ellos! ¡Hacia la luz, la alegría, el trabajo, la libertad!

(Se va efectivamente. Las tres momias callan, ahogadas por la terrible vibración de la energía de Actividad, que tambalea el pedestal de sus convicciones. Y lloran… pero ya es tarde. El tiempo que han perdido ya no lo pueden recuperar. Siguen llorando. Ahora les mata la desesperación inplacable e inflexible. Actividad se equivocó al anunciarles la clase de muerte. Perdonadla porque es muy joven todavía.)

TELÓN RÁPIDO

¡Aviso importante! De la rapidez con que caiga el telón, depende la vida de los protagonistas. Se recomienda pues ensayar la caída del telón un par de miles de veces.

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Cartas personales. Archivo familiar.

España Democrática, 3 de agosto de 1939. Año III, número 117. p. 10-11

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