“Porque luché contra los rojos”: el uruguayo Santicaten y la propaganda franquista

Joaquín Martínez Arboleya (1898-1984), alias Santicaten, fue un escritor, cineasta y empresario uruguayo que tuvo un destacado papel en la actividad cinematográfica franquista en América entre 1937 y 1938, con una misión propagandística por Brasil, Uruguay y Argentina encargada directamente por los gerifaltes del bando sublevado. Estuvo formado en estas artes por los nazis durante la Guerra Civil española y, décadas más tarde, proporcionó a los militares argumentos para justificar sus dictaduras en América del Sur. Si bien, como ya hemos mencionado en otros de nuestros posts, el pueblo uruguayo y buena parte de la clase política apoyaron de forma mayoritaria al bando republicano, no hay que olvidar, tal y como nos cuenta el profesor Carlos Zubillaga en su último libro (Una historia silenciada), que el franquismo y las ideas fascistas españolas también tuvieron acogida entre los orientales, con más de 300 personas afiliadas al partido fascista español Falange, casi todas ellas vinculadas al Partido Nacional. Nuestro protagonista también se encuentra en este ambiente ideológico, y así se le ha definido tanto como “fascista”, como “ultraderechista” y “furibundo anticomunista”. Lo traemos a colación en esta entrada por su destacado papel en la propaganda franquista en Sudamérica y, sobre todo,  por haber sido un testigo excepcional de la II República española y de la Guerra Civil, llegando a combatir en el bando franquista, en concreto en la toma de Málaga. Parte de sus vivencias de ese periodo quedaron recogidas en una bilogía publicada en los años 60: Porque luché contra los rojos (1961) y Caos. Guerra Civil española (1969), cuando Santicaten era uno de los autores más prolíficos del Uruguay y también uno de los más leídos.

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Gracias a  un reciente artículo de Emeterio Diez Puertas (“Santicaten en la Guerra Civil española”), a algunos blogs en Internet y a la información vertida por el mismo Santicaten en los mencionados libros podemos reconstruir la biografía de este personaje tan particular y acercarnos a su ideología. Santicaten llegó a España a finales de los años 20 y durante los años 30 es posible seguir su rastro por los libros que va publicando tanto en España como en Alemania. Al parecer la empresa que montó cerca de la madrileña Gran Vía tenía como objetivos abrirse paso en la industria del cine sonoro y establecer vínculos comerciales cinematográficos entre España e Hispanoamérica. Un día antes del golpe de Estado que daría comienzo a la Guerra Civil, Santicaten viajó por negocios a Alicante. Le despidieron en la estación de tren de Madrid dos colaboradores suyos, ambos falangistas, que serían asesinados al día siguiente, fruto de lo que se ha llamado la “violencia revolucionaria”. A los pocos días de llegar a Alicante fue detenido, sospechoso de ser un agente reaccionario, lo que le hizo pasar unos cuantos días en la cárcel. Salió con la intermediación del cónsul uruguayo. Los siguientes meses tuvo la obligación de presentarse periódicamente en la comisaría de policía para que su visado fuera renovado.

Sin posibilidad de volver a Madrid el único deseo de Santicaten era abandonar España. Mientras fue testigo privilegiado del fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange, momento del cual se hace una detallada descripción en uno de los mencionados libros. Este hecho, según él mismo relata, le hizo terminar de convencerse sobre la barbarie roja y apoyar activamente la causa franquista. Finalmente consiguió escapar de Alicante en el último barco al que se le permitió la evacuación de extranjeros. Se trataba del cazatorpederos “Achattes”, de la Marina Real Británica, que el 11 de diciembre de 1936 le llevó a Marsella. Durante la travesía decidió que la mejor forma de apoyar la causa franquista y luchar por los “hombres libres” era combatir contra los rojos.

fusilamiento jose antonio

Fusilamiento de Jose Antonio Primo de Rivera (ilustración del libro Porque luché contra los rojos de Santicaten, cuya leyenda original dice “Cara al pelotón miró con fijeza las bocas de los ocho fusiles”)

En medio de una Francia mayoritariamente abocada a la causa republicana, y con Léon Blum como primer ministro del Frente Popular, los amigos y clientes con los que se reúne Santicaten, sin embargo, son todos hombres de negocio y miembros de la oligarquía recelosos de la expansión occidental del comunismo. Es por ello por lo que le apoyan en la idea de que vuelva a España a combatir con el bando sublevado, aunque temerosos de los riesgos que iba a correr.

Así, vía Tánger, llegó el 24 de diciembre de 1936 a Tetuán, capital del protectorado español en Marruecos. Para su sorpresa no sólo no le recibieron con los brazos abiertos sino más bien todo lo contrario. El Servicio Secreto de Salamanca, primera sede del Gobierno Nacional, había alertado a los puestos fronterizos el territorio ocupado sobre la posibilidad de infiltración de “agentes rojos” que intentarían traspasar las líneas nacionales con pasaportes hispanoamericanos. Tras 16 días en Tetuán vigilado día y noche por fin la máxima autoridad española en Marruecos, el Teniente Coronel Don Juan Beigbeder, que desde el primer momento había abrazado la “cruzada nacional” de los generales africanistas, le trasladó al Jefe Local de Falange, Augusto Atalaya, la decisión sobre qué hacer con este uruguayo deseoso de combatir al comunismo. Finalmente permitieron a nuestro protagonista alistarse en la gloriosa “Bandera de Marruecos”.

Es de este modo como Santicaten, en febrero de 1937, se encontraba en un convoy militar donde más de la mitad de los soldados eran bisoños voluntarios falangistas. Iban camino de Córdoba a Málaga para participar en el ataque a esta ciudad. Tras sobrevivir a una emboscada organizada por la defensa republicana de Málaga, y gracias al socorro del genocida general Queipo de Llano, por fin la columna en la que nuestro protagonista participaba entró en Málaga. Más allá de la tensa noche que pasó en la mencionada emboscada no parece que Santicaten hubiera participado en muchas más acciones bélicas, aunque describe los combates con una precisión que hacen pensar que de una u otra manera participó en el asalto a la ciudad. Como él mismo describe: “Después de la toma de Málaga, importante baluarte mediterráneo que los rojos perdieron ante la incontenible embestida combinada por mar y tierra, el Alto Mando me confió servicios especiales en misiones internas y en el exterior”.

Esas misiones no son otras que encargarse de la propaganda franquista en Sudamérica. Tanto la República como el régimen de Franco quisieron granjearse el apoyo de las repúblicas hispanohablantes. La primera encarnaba el hispanoamericanismo progresista. El bando franquista, sin embargo, la doctrina de la hispanidad, mediante el intento de recuperación de aquella España Imperial desarrollada entre los ss. XVI y XIX. Y para atraer a las repúblicas sudamericanas a una u otra causa la propaganda fue fundamental. Se produjo una auténtica batalla cultural que por el bando franquista estuvo liderada por Falange, partido que desde su fundación en 1933 ya había proclamado que para tomar el Estado había que desarrollar tres estrategias: captar jóvenes, la violencia o acción directa y la propaganda.

Como indica Diez Puertas el intento de control de la propaganda por parte de Falange tuvo un escollo en el cine, ya que la mayor parte de la industria había quedado en la parte republicana, lo que obligó a una colaboración con los nazis para poder desarrollar películas que distribuir en Sudamérica. Los nazis, por su parte, pusieron al servicio de su partido hermano Falange toda la industria cinematográfica alemana y los materiales necesarios para la realización de esas películas propagandísticas, que tenían como plan oculto, más allá del anticomunismo y de la propaganda fascista, la penetración nazi en Sudamérica y la explotación de sus recursos  naturales. Para ello fue creada la Falange Exterior -una división hispanoparlante de la Organización del Exterior del partido nazi alemán-, al cargo del general Von Faupel, que tuvo en el Servicio de Intercambio y Propaganda de Falange su aliado.

Paralelamente a la actividad cinematográfica promovida por la Falange Exterior desde San Sebastián y Berlín, la organización tomó otras iniciativas desde las secciones del partido fascista creadas en las distintas repúblicas hispanas. Las misiones de estas secciones eran: 1) ganarse para la causa nacional a los gobiernos y a la opinión pública de cada país; 2) captar a los españoles residentes; 3) obstaculizar y contrarrestar la propaganda de la República; 4) recaudar fondos para la guerra; 5) auxiliar a los emigrantes necesitados para demostrar la justicia social que supuestamente caracterizaba al Nuevo Estado; y 6) contribuir a la expansión comercial, política y cultural de España.

Con ese fin se crearon misiones culturales desde España, como la desarrollada en junio de 1937 y encabezada por Augusto Atalaya Benítez, jefe provincial en Marruecos de la recién creada FET de las JONS -el partido único creado por Franco en abril de 1937 mediante la unión de falangistas y tradicionalistas-. Se trataba de una Misión de la Bandera de Marruecos, patrocinada por la Alta Comisaría de España en las colonias del norte de África, y en la que participó Joaquín Martínez Arboleya (Santicaten) como director, guionista y secretario. Sus películas pasaron a proporcionar el marco simbólico que debía hacer posible las aspiraciones imperiales de FET de las JONS. Con distintas imágenes sobre la guerra Martínez Arboleya montó y sonorizó en los estudios Lumiton de Buenos Aires una versión del documental que llamó Alma y nervio de España (1937). Esta película pasó a exhibirse a partir de septiembre de 1937 en diferentes teatros y sedes de Falange en Argentina, en actos multitudinarios en donde se cantaban himnos fascistas, se leían poemas y discursos, se recaudaban fondos para la guerra, en escenarios con las banderas rojigualdas y los retratos de Franco y José Antonio. Esa película será exhibida en otros actos en Río de Janeiro, Montevideo, Buenos Aires, Mendoza, San Juan y La Plata. Pero no será la última.

alma y nervio de España

Caratula original de la película Alma y nervio de España (1937), dirigida y escrita por Santicaten.

Durante el mismo 1937 Martínez Arboleya rodó Noticiario Especial para América y Voluntad: la Falange en Argentina. A fines de ese año Santicaten volvió a España y viajó a Alemania, para comenzar un segundo ciclo de películas propagandísticas: La guerra por la paz y España Azul, ambas fechadas también en 1937. En 1938 volvió de misión a Sudamérica, para rodar nuevas películas, usando para ello estudios argentinos, aunque la que más éxito tuvo fue La guerra de España, exhibida en diferentes ciudades argentinas. Rodaron asimismo el Segundo Noticiario de Falange Española, y el resto de películas fueron exhibidas en multitud de teatros y en las sedes locales de Falange.

En 1938 cambió el organigrama institucional de la propaganda franquista con el nuevo Departamento Nacional de Cinematografía del Ministerio del Interior, Prensa y Propaganda, dirigido por el cuñado de Franco, Ramón Serrano Suñer, en el que ya no contaron con los servicios del uruguayo Santicaten. Quizás ese fue el motivo por el que ya Santicaten se quedó en Argentina, aunque sin desvincularse del cine. Sin embargo él lo presenta en sus libros como una decisión personal: “A fines de 1938, en vísperas casi del fin, cuando ya la lucha estaba virtualmente decidida a favor de la verdadera España, consideré que había colmado mis más caros anhelos; sentí la plena tranquilidad y conciencia del deber cumplido”. En Argentina fue contratado por el noticiero Sucesos Argentinos, empresa creada en agosto de 1938 por el también uruguayo Antonio Ángel Díaz.

En 1946 se instaló en Uruguay de forma definitiva con intención de convertir su país en una potencia cinematográfica. Intentó poner en marcha los Grandes Estudios Filmadores Rioplatenses y dirigió alguna película hoy perdida. Fracasó como promotor y director, y paso a dirigir la filial uruguaya del noticiario cinematográfico argentino Emelco, para fundar en 1948 el noticiario Uruguay al día, que funcionó hasta mediados de los años sesenta. Santicaten a partir de ese momento pasó a convertirse en un magnate de los medios uruguayos, en parte por su matrimonio con María Elvira Salvo, que le permitió participar del Grupo Salvo (emisoras de radio CX 20 Monte Carlo y CX 12 Oriental). En 1959 consiguió la concesión del Canal 4 Montecarlo Televisión. Asimismo, en 1958, el grupo adquirió la compañía Cinematográfica Glücksmann-Cinesa, dedicada a la exhibición y distribución de películas, de la que Martínez Arboleya se convirtió en director. César Batlle, político de la oposición, impidió el monopolio mediático que Santicaten intentaba imponer en Uruguay, y éste se vengó acusándole de homosexual con el libro Proceso a Sodoma. Su control de los medios uruguayos le permitió publicitar sus libros, que se vendían muy bien. Como veremos no será la última vez que use uno de sus libros como venganza personal.

En los años 60 es cuando decidió contar su experiencia en la Guerra Civil española en la mencionada bilogía. Son dos libros desiguales en cuanto a su estructura y estilo. El primero Porque luché contra los rojos (1961) tiene un tono autobiográfico, donde Santicaten es el protagonista de la historia, tratando desde su llegada a España en 1931 -aunque ya ha estado antes en varias ocasiones-, a pocos días de que hubiera huido Alfonso XIII, su instalación comercial en Madrid en 1934, y hasta la toma de Málaga en 1937 en plena Guerra Civil. Son interesantes los pasajes costumbristas de la vida de Madrid durante la República y el aumento constante de la violencia, tanto de los falangistas como de revolucionarios. Caso de la revolución de 1934 que en Madrid consistió en varios días de inestabilidad y de ráfagas de ametralladoras desde los tejados y que a él le costó ser identificado por la policía por haberse asomado al balcón en medio de un tiroteo.

Se alude a los medios de propaganda de la URSS en España que consistían en la venta de libros muy baratos en la calle: “lecturas tóxicas” para “un pueblo no preparado”. De este modo se iba consiguiendo que el “rebaño estuviera a merced del totalitarismo marxista”. Sus argumentos son calcados a los de la derecha española. Un gobierno republicano débil, con un presidente que no se enteraba de lo que sucede en la calle, y con un avance del marxismo que ponen en peligro los principios del republicanismo, con los que el autor en principio parece comulgar por su educación uruguaya. No obstante el autor se entristece del abandono de la familia real, ya que son depositarios de las esencias históricas de la hispanidad. Serían los frentes populares de Francia y España uno de esos medios por los que Stalin quiere penetrar en el occidente de Europa y el principal peligro para la República.

propaganada stalinista

Ilustración de Vidl Laqué del libro Porque luché contra los rojos, de Santicaten. La leyenda original dice: “Lean, lo que el quería que leyésemos…”

No sabemos hasta que punto es cierto que el autor estuvo presente en todos los hechos que narra, ya que se salva casualmente de varios atentados en cafés de Madrid, como el café Sahara. Tras la victoria del Frente Popular se describe un ambiente de violencia creciente, con bandas de falangistas enfrentadas a tiros con las milicias del Frente Popular. Tras el golpe de Estado y su situación de encierro en Alicante, con su oficina de Madrid convertida en sede de milicias comunistas y sus socios asesinados, se dedican bastantes esfuerzos en el libro a narrar la barbarie roja, sus asesinatos sistemáticos de las oligarquías locales y de los religiosos, las cárceles improvisadas (“chetkas”) y el creciente control político stalinista de la policía y militares republicanos. Es llamativo que el autor sólo se refiera a la violencia revolucionaria pero no haga ni una sola mención al genocidio llevado a cabo por las tropas franquistas, incluso en lugares donde él estuvo físicamente. Es el caso de la “desbandá”, cuando miles de civiles huyeron de Málaga a Almería y fueron masacrados por la aviación franquista, causando entre 3.000 y 5.000 muertos, siendo una de las mayores masacres de toda la guerra.

El cierre de este libro da una idea del tipo de anticomunismo de Santicaten, que es de base racial, y del concepto que tiene del populacho, al que considera menor de edad y completamente manipulable por la acción rusa. Supuestamente su lucha contra la barbarie roja fue asumida al presenciar el fusilamiento de José Antonio, al cual, según él, lo mataron por el delito de ser español. Su objetivo, al apoyar abiertamente a los militares sublevados es, curiosamente, luchar por “los derechos que el hombre creyó conquistar en su lucha centenaria por una vida mejor”. Pero como decíamos, la raíz de su anticomunismo, de porque “luchar contra el virus ponzoñoso que nos amenaza constantemente desde la fría región siberiana”, es de tiente racial antieslavo ya que es imposible que un pueblo que nunca ha conocido los más elementales signos de la libertad pueda imponer nada a los templados climas del sur. Se retrata a sí mismo como un ultra occidentalista y cierra el libro con la frase: “El eslavo jamás pensará como latino”.

Sin embargo Caos. Guerra civil española (1969) arranca también con ese tono autobiográfico relatando en detalle la emboscada camino de Málaga, para desaparecer Santicaten del relato y ser sustituido por personajes de ficción: la Pili, burguesa que al ser asesinada toda su familia por la barbarie roja acaba prostituyéndose y siendo la amante del Carajillo, uno de esos bandidos comunistas que iba imponiendo la ley por Madrid, líder de la Brigada del Amanecer, asesinando y robando a los burgueses; y Juan José García y García, un ex militante de la FAI y profesor en el Marruecos español al que se le obligó a combatir en el bando sublevado y que poco a poco acabó convenciéndose de las bondades del falangismo como la única doctrina que podía salvar España. A este Juan José se le sitúa también en la emboscada entre Córdoba y Málaga, junto al propio autor, y más adelante, por su inteligencia y conocimientos de los cuadros de la FAI, desde la Alta Comisaría de España en Marruecos se le entrena para meterlo en el bando republicano como espía, a través de la costa de Almería. Supuestamente los franquistas contaban con toda la documentación de la cárcel de Cáceres, que no fue destruida al caer esta ciudad, así como la tomada en Málaga, y que son el fundamento de las operaciones encomendadas a Juan José, que llegaría a hacerse mano derecha del primer ministro, Juan Negrín, sin que este nunca sospechara realmente que se trataba de un  espía franquista.

Negrín al que se define como un “exterminador”, que disfruta aplastando a la población civil. A lo largo de este libro la barbarie roja en la retaguardia republicana es la constante, con un pueblo envilecido y vengativo, que sacia sus frustraciones con el asesinato y robo de los oligarcas y aristócratas, a los que se define como los guardianes de las esencias patrias. Toda la ambientación de las tramas políticas republicanas, incluso entre las figuras más importantes, como los mandos militares, los ministros o el propio primer ministro, están ambientadas en prostíbulos y en ambientes sórdidos. Todos tienen amantes prostitutas. Todos actúan por intereses personales, y la ideología es siempre secundaria, pero cuando sale a la luz es una fantasía generada por la obnubilación que producen los rusos mediante sus estratagemas propagandísticas en las mentes de un pueblo considerado menor de edad.

De nuevo el bando franquista queda excluido de cualquier tipo de crítica o alusión al genocidio que estaba llevando a la práctica desde el primer momento del golpe de Estado. Pero es interesante cuando el autor se deja llevar y se traslucen sus verdaderos pensamientos, como cuando justifica la terrorífica violencia de los soldados franquistas en un párrafo referido al mencionado Juan José: “Como tampoco, en su fugaz actuación de combatiente, no había tomado parte de saqueos, violaciones o robos en que todo soldado se ve envuelto”. Proyecta nuestro autor las consignas de los mandos franquistas hacia su soldadesca a los dos bandos, pero es bien conocido que esta forma de imponer el terror fue propia del bando sublevado, y arengada por sus líderes, como el general Queipo de Llano en sus alocuciones radiofónicas.

Nuestro autor también lanza  algunas perlas sobre las Brigadas Internacionales, a las que llama “escoria internacional”. Asimismo deja clara su posición sobre los nacionalismos en España: el defiende la idea de una España unida, de espíritu imperial, donde las diferentes tradiciones culturales se fusionen en una sola. El Monta Tanto, Tanto Monta de Isabel y Fernando. Tan sólo se aprecia un atisbo de crítica hacia el bando franquista en lo referido al asesinato de Lorca, que no obstante se resuelve como un “crimen, obscuro y sórdido, que tuvo su origen y desenlace en una disputa pasional y fortuita entre extraviados…”           

Otro de sus libros más conocidos, Charlas con el general Stroessner (1973), es una larga entrevista con su admirado Alfredo Stroessner, el dictador paraguayo que se mantuvo en el poder entre 1954 y 1984. Ambos sintonizaban tan bien que Stroessner condecoró a Martínez Arboleya en marzo de 1975. Incluso parece que Martínez Arboleya aspiraba a ser embajador de Uruguay en Paraguay. Se dice que escribió su novela Ramón Pardías (1975), otro de sus libros más conocidos, para vengarse de Juan María Bordaberry, el dictador de Uruguay entre 1973 y 1976, porque éste no le otorgó ese puesto. Martínez Arboleya sostenía que la novela se basaba en hechos reales (más bien en indicios y suposiciones) y venía a contar que el abuelo de Bordaberry se había apropiado de la tierra de la familia del escritor y político Carlos Reyles. El dictador mandó retirar de todas las librerías del país ese libro difamatorio, misión de la que se encargaron los militares, aunque se pasaban a escondidas algunas versiones.

Murió en su apartamento de la rambla del Perú al final de la dictadura.

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Referencias bibliográficas:

Díez Puertas, Emeterio (2014). “Santicaten en la Guerra Civil española”. Cuadernos hispanoamericanos, 768: 2-19.

Zubillaga, Carlos (2015). Una historia silenciada. Montevideo, Cruz del Sur y Linardi & Risso.

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