Albacete, María

La única fuente de información acerca de María Albacete es una entrevista publicada el 29 de junio de 1939 en España Democrática, el órgano de prensa del Comité Nacional Pro Defensa de la República Democrática Española. En ella podemos leer algo de su papel en el traslado y acogida de los niños huérfanos que cruzaron la frontera francesa en la retirada de enero y febrero del 39. Su pareja, José Crespo, no pudo salir con ella y se desconoce su suerte.

La transcribimos entera:

DOLOROSOS RECUERDOS DEL CAMPO DE CONCENTRACIÓN TRAE LA SEÑORA DE CRESPO

Nos detenemos emocionados ante la simpática repatriada Sra. María Albacete de Crespo, recientemente llegada del campo de Montélimar (provincia de Drome), con su pequeña hijita, Libertad, de 5 años de edad y su hermana Luisa.

-¿…?

– Salimos de Barcelona el 24 de enero con otro grupo de luchadores que escapábamos de la furia franquista, en un camión que nos condujo a Rabos, cerca de la frontera.  Pasamos la noche a la intemperie. Inmediatamente me presenté a la Colonia de huérfanos Ebro, para ayudar en la tarea de protección a los huérfanos que pasarían la frontera. El 2 de febrero, conjuntamente con una enorme masa de hombres, mujeres y niños, a pie, doloridos y enfermos, cruzamos la frontera por Port Bou a Cervére, dirigiendo nuestra última mirada a nuestra España querida.

Aquí se detiene nuestra interrogada, asomando un recuerdo que la hace acariciar a su pequeña con toda ternura. Nos aclara que su compañero se encuentra aún en un campo de concentración, lo mismo que su padre.

Captura

– De Cervére a Valance; una noche de ferrocarril, interminable, con sólo un pedazo de pan y una sardina por alimento. Allí nos instalaron en una vieja fábrica, donde nos reconfortó un plato de sopa caliente y fuimos atendidos lo mejor que les fué posible por los miembros de la CGT. Luego llegamos al campo de Drome, al Chateau de Adhemar, lugar que abandoné al embarcarme para el Uruguay, porque soy uruguaya, con 11 años de residencia en España. Mis padres son españoles.

-¿…?

– Allí pasamos hasta el 5 de mayo, estábamos muy mal atendidos. La carne que nos daban estaba descompuesta, y se nos amenazaba con enviarnos a España. Los enfermos no eran atendidos, el único remedio que se daba cuando las quejas eran muchas, consistía en un poco de manzanilla. De la estada en ese asilo tenemos recuerdos muy doloridos.

-¿…?

– Ahora espero de mis compatriotas y de los españoles residentes aquí, faciliten la salida de los campos a mi compañero y a mi padre, ambos servidores leales de la República. Dos comités los apadrinarán y ya mi compañero teniendo noticias de esto, se siente reconfortado en espera de la solidaridad de este pueblo generoso.

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