Antón, Olga

Nacida en Uruguay, durante la guerra ocupó un puesto en la Organización Femenina de Ayuda de Barcelona. Ella y el secretario general de esa organización, son los últimos en abandonar el local de Barcelona el 26 de enero de 1939, justo el día que las fuerzas franquistas consiguen entrar en la ciudad, semidesierta por la huida generalizada de la población civil hacia la frontera francesa.

Huyó a Francia con su hijo y pasó por seis campos de concentración hasta llegar al refugio de Basta Les Forges, en Landes. Al tener los documentos uruguayos en regla consiguió tramitar su regreso. Así, junto a Sebastián Planas, su hijo de siete años, llegó a Montevideo el 30 de diciembre de 1939 a bordo del vapor Groix. El gobierno uruguayo es quien llevó a cabo las gestiones de su repatriación.

Olga Antón

Su compañero quedó en el campo de Saint Cyprien y por el momento se desconoce su suerte.

Al llegar a Uruguay, España Democrática publica una carta escrita por ella en la que hace un llamamiento para salvar a los que quedan en los campos:

DEBEMOS SALVAR A LOS QUE QUEDAN REFUGIADOS

Tres años de guerra pasados en España, nueve meses refugiada en Francia y luego el sorprendente acogimiento que me dispensan al llegar. La bandera de la República Española la he visto, luciendo altiva sus colores en lugares públicos de Montevideo. Coches con gallardetes voleando airosamente la enseña española como cuando me hallaba en la Madre Patria. Me sentí orgullosa al contemplar la actividad desarrollada en mi país en ayuda del Pueblo Español. Tengo que cumplir el encargo que me hicieron los compañeros que todavía permanecen allí encerrados y privados de libertad. Un fuerte abrazo, me dieron al despedirme, al propio tiempo que me decían: Saluda en nuestro nombre al magnífico pueblo uruguayo, diles,  que estamos agradecidos por la ayuda que ha prestado durante la guerra y ahora en el exilio, pero no dejes de hacer conocer el estado lamentable en que nos encontramos. Procura que todos se enteren que centenares de mujeres, niños y ancianos son enviados a poblar los cementerios de la España franquista. Que son muchos los hombres que se alistan a la Legión Extranjera de Francia por el sólo anhelo de salvar a su madre, a su esposa o a sus hijos. Hombres que dan cinco años de su vida para evitar que sus familiares sean devueltos a Franco. Hombres que supieron enfrentarse con el “caudillo” y sus satélites defendiendo la democracia del mundo, y después de este sacrificio, se encuentra hoy, sin hogar, sin padres, sin hijos, y formando masa de la “carne de cañón”.

Muchas madres me decía sollozando entre lágrimas: “Cuando mires a tu hijito, que está lleno de vida, piensa en los nuestros. No olvides los millares de infantes inocentes que viste masacrados por la metralla fascista en las calles de las ciudades españolas. No olvides que muchos fueron ametrallados en las Colonias Infantiles y que otros murieron de cansancio y miseria en la gran caravana de retirada. No precisa que te insinuemos a que recuerdes y expliques al mundo los sufrimientos y privaciones que hemos de soportar en los campos de concentración. Saludo al pueblo uruguayo como saludábamos en España, con el puño en alto y en nuestro nombre les dices que si bien aquellos que vimos caer en España no pueden resucitar, los que aún vivimos, podemos salvarnos con un poco de sacrificio.

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