Balogh, Esteban (Istvan)

Transilvania (Rumania) 1906 – Hungría 1970

Esteban (o Istvan) Balogh nació en Transilvania, Imperio Austrohúngaro  (actual Rumanía) en 1906 y murió en Hungría en 1970.

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Sobre su llegada a Uruguay, que Balogh declara en su “Biografía de Militante” (fechada en setiembre de 1937) que se produce en 1932, existen dos posibilidades. La primera es que fuese parte de una oleada migratoria húngara evidente en el Río de la Plata desde el fin de la I Guerra Mundial. En 1925 se había fundado en Montevideo la UMME (Sociedad Obrera de Habla Húngara del Uruguay), que articuló una migración de carácter político, relacionada con la caída del Estado de los Consejos húngaro a manos de la dictadura de Miklós Horthy. Dominada por los comunistas, desarrolló una fuerte actividad de acogida y concienciación entre la comunidad magiar, editando incluso un periódico en húngaro (“Múnkas”, El Obrero). La segunda es que hubiese emigrado originalmente a Buenos Aires, donde la comunidad emigrada húngara era mayor y su actividad política más evidente. En 1930 Argentina sufrió el golpe militar de Uriburu, que tuvo como consecuencia la represión de las actividades políticas de, entre otros, los emigrantes húngaros. Tras el allanamiento, en marzo de 1931, de la Sociedad Húngara de Buenos Aires y la detención de una treintena de personas, las actividades de proselitismo político se trasladaron a Uruguay. No sería descabellado suponer que Istvan Balogh siguiese a decenas de compañeros y cruzase el Río de la Plata para establecerse en Montevideo.  El hecho es que, en los años 30, el Partido Comunista del Uruguay contaba con una treintena de miembros de nacionalidad húngara, por lo que es posible que Balogh, que figura como militante del Partido Comunista en 1939, fuese uno de ellos. De ser así se explicaría la manera en la que pudo viajar a España como voluntario en 1937, bajo el nombre de “Esteban Balón Gómez”: con el aval y la ayuda del Partido Comunista uruguayo. Además Balogh declara estar casado y que su compañera es “miembro del Partido Comunista del Uruguay”, por lo que se refuerza la posibilidad de  que él mismo formase parte del PCU.
En cuanto a su profesión, en 1937 declara que es “electricista mecánico de autos”, lo que es coherente con la clasificación como “obrero de alta capacitación” destinado al Taller Número 3 de las Fuerzas Blindadas, una unidad de reparación de carros de combate adscrita al Ejército del Este, situada en la zona de Levante, con la que figura en 1939.

Instancia de repatriación de "Esteban Balón", 1939.

Instancia de repatriación de “Esteban Balón”, 1939. (Archivo del Comintern, Fondo 545)

Una de las principales áreas de experimentación por parte de ambos bandos de la Guerra Civil tuvo que ver con el uso de fuerzas acorazadas. Desde el primer momento tanto las potencias del Eje como la Unión Soviética mandaron a España carros de combate y especialistas en el empleo de los mismos, convirtiéndose estos en un elemento principal del campo de batalla. La República recibió -además de otros modelos- 281 ejemplares del carro soviético T-26, probablemente el mejor del mundo en ese momento. Los T-26 tuvieron un papel protagonista en todas las acciones de armas republicanas, especialmente en las ofensivas de Brunete (donde Gerda Taro, por ejemplo, falleció tras caer bajo las cadenas de uno de estos vehículos) o Teruel. Sin embargo, a principios de 1938 Stalin decidió que no habría ulteriores ventas de material blindado. Junto al progresivo cerco que sufrió la zona republicana, a resultas de la acción del Comité de No Intervención por un lado y del agresivo bloqueo por parte de submarinos alemanes e italianos por otro, esto significó la imposibilidad de reemplazar las pérdidas sufridas en el campo de batalla o por desgaste mecánico. Como solución el gobierno republicano levantó una infraestructura propia de reparación y mantenimiento, en un esquema muy similar al llevado a cabo con la aviación militar. Así se diseñaron y produjeron vehículos blindados de reconocimiento de excelente calidad, como los dos centenares de UNL-35 construidos por la Unión Naval de Levante y se consiguió prolongar la vida útil de los vitales T-26 hasta prácticamente el fin de la guerra.

Para ello se crearon una serie de unidades en retaguardia, como el Taller de Fuerzas Blindadas número 3 en el que estaba destinado Balogh, que tenían como objetivo reparar y mantener los carros usados por las unidades republicanas. Hay que tener en cuenta que las fuerzas blindadas de la República tuvieron una estrecha conexión con las Brigadas Internacionales a lo largo de toda su existencia y es tal vez bajo esta perspectiva como debemos analizar la participación de Esteban Balogh en la Guerra Civil. En un principio, los carros republicanos fueron manejados por personal militar soviético, bajo oficiales soviéticos y siguiendo tácticas militares soviéticas. Paulatinamente fueron sustituidos por personal español e internacional, entrenado en la Escuela de Tanques de Gorki de la URSS (en un proceso muy similar al del personal de la Fuerza Aérea Republicana, que formó sus primeras promociones de pilotos en la Unión Soviética mientras ponía en pie una infraestructura formativa propia en territorio nacional). El Regimiento Internacional de Tanques, unidad blindada dotada con 48 T-26, adscrita a las Brigadas Internacionales, tuvo prioridad a la hora de contar con los mejores reclutas y es muy posible que Balogh estuviese encuadrado en sus filas, no necesariamente como personal combatiente sino en un rol igual de importante: el de mecánico.

Un carro T-26 recibiendo mantenimiento cerca de la primera línea de combate. El papel de los mecánicos era de crucial importancia para mantener la capacidad bélica de las unidades blindadas.

Un carro T-26 recibiendo mantenimiento cerca de la primera línea de combate. El papel de los mecánicos fue de crucial importancia para mantener la capacidad bélica de las unidades blindadas (Imagen Patton Museum)

Tras el fracaso de la ofensiva de Fuentes del Ebro en octubre de 1937, que certificó tanto el valor de los carristas republicanos como la absoluta ineficiencia de las tácticas de sus mandos (basadas en la dispersión de los tanques, en lugar de su concentración) se reorganizaron las fuerzas blindadas de la República. Esto supuso la constitución de dos divisiones acorazadas (que lo eran solo de nombre, ya que que jamás operaron como tales: en este ámbito los nazis sacaron mucho mejor provecho de las enseñanzas de la Guerra Civil, optando por un modelo de concentración de fuerzas que daría como resultado las victorias de la Guerra Relámpago en 1939-41), integradas por cuatro regimientos de carros y algunas unidades menores. En este marco hay que entender unidades de segunda línea como los Talleres de Fuerzas Blindadas. El hecho es que a finales de 1937 los carros de combate republicanos habían superado, debido al intenso uso, su vida útil prevista; que las unidades blindadas fuesen capaces de mantener un número considerable en combate (durante la campaña de Teruel consiguieron reparar 63 vehículos dañados, más de la mitad de la fuerza, y devolverlos al frente) es testimonio de la capacidad de especialistas como Esteban Balogh. Serían, precisamente, sus conocimientos de mecánica y electrónica los que le permitirían sobrevivir a los campos de concentración nazis.

El 7 de enero de 1939, Balogh rellena la instancia de repatriación, declarando que su intención es volver a Uruguay. No lo conseguirá: pasa la frontera con los restos del ejército republicano tras la caída de Cataluña y es internado primero en el campo de concentración de Argelès y luego en el de Gurs, donde lo encuentran los nazis tras la derrota de Francia en mayo de 1940. Junto con un grupo de brigadistas internacionales es internado en el Stalag 1B, un campo de prisioneros de guerra alemán situado en Hohenstein (actual Olsztynek), en Prusia Oriental. Desde allí es trasladado a Berlín, donde sufre torturas a manos de la Gestapo, que lo interroga sobre su relación con los soviéticos. Balogh alegará que estaba asignado a una unidad del ejército republicano sin relación con los asesores del Ejército Rojo, algo que no deja de ser verdad. De allí es enviado al campo de concentración de Mauthausen con el triángulo rojo que identifica a los “die rote Spanier”, o “españoles comunistas”. Balogh, al igual que otros testigos como Primo Levi, sobrevivirá toda la guerra gracias a sus conocimientos técnicos que lo convierten en un elemento valioso para las SS. Le asignan el mantenimiento de las radios del campo, lo que le permite, por un lado, ir escamoteando piezas con las que construye un receptor vital para el resto de prisioneros, ya que les permite seguir la evolución del conflicto y preparar la liberación del campo en los últimos días de la guerra. Por otro, sabotea sistemáticamente la red eléctrica, elevando el consumo diario a los 120.000 vatios o provocando apagones generales cada vez que el comandante del campo encendía su radio, “reparada” por Balogh. Su testimonio, imprescindible para conocer las condiciones de vida del campo en Mauthausen y los crímenes nazis, han sido objeto de otra entrada en este blog: La descripción del infierno.

La única imagen que nos ha llegado de Esteban Balogh: ilustran el artículo que escribió en el número 123 del Bulletin de la Amicale de Mauthausen en 1965.

La única imagen que nos ha llegado de Esteban Balogh: ilustran el artículo que escribió en el número 123 del Bulletin de la Amicale de Mauthausen en 1965.

Después de la guerra Balogh no volvió a Uruguay; tras tres años en Francia, regresó en 1948 a su Hungría natal. Aparece en junio de 1965, firmando el artículo “La radio al servicio de la organización internacional” en el número 123 del Bulletin de la Amicale de Mauthausen.

Esteban Balogh murió en 1970 a los 64 años de edad, apenas cuatro meses después de presenciar en París la conmemoración por el 25º aniversario de la liberación de los campos de concentración nazis. En su obituario, sus ex compañeros de infortunios en Mauthausen dejaron un testimonio que vale como epígrafe de su experiencia vital: “Pasó la parte más importante de su vida (la más dura y la más heroica) al lado de los republicanos españoles”.

Bibliografía y fuentes:

BALOGH, ISTVÁN: “La radio au service de l´organisation internationale”. Bulletin de la Amicale de Mauthausen, número 123, 1965. Enlace.

BARREIRO, JORGE: “Uruguayos en la Guerra Civil Española”, artículo digital. Enlace.

RAZOLA M. “In Mémorial”. Bulletin de la Amicale de Mauthausen, número 153, 1971. Enlace.

RAZOLA M. y CONSTANTE M.: “El triángulo azul: los republicanos españoles en Mauthausen”. Gobierno de Aragón, departamento de Educación, Cultura y Deporte y Amicale de Mauthausen. Huesca, 2008.

VARGA, ILONA: “Los obreros húngaros emigrados en América Latina entre las dos guerras mundiales”. Estudios Latinamericanos 7, 1980. Enlace. 

ZALOGA, STEVEN J: “Spanish Civil War Tanks”, Osprey Publishing, 2010.

 

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