Bottero Mortara, Virgilio

Virgilio Bottero Mortara, nació en 1902 en la pequeña localidad de Refrancone, en el Piamonte italiano. A los diez años de edad, llegó a Montevideo acompañado de sus padres y su hermana Emilia.

En 1929 comenzó los estudios de medicina en la Universidad de Montevideo -actual Universidad de la República-. Será en ese contexto universitario en el que inicie su itinerario político junto a la Asociación de Estudiantes de Medicina, fundada en 1915. Allí compartirá también militancia con el por entonces estudiante Carlos María Fosalba. En un intenso periodo de agitación política, las reprimendas por su actividad no tardaron en llegar: el 7 de marzo de 1933 el Consejo de Salud Pública -presidido por el Dr. Eduardo Blanco Acevedo y futuro Ministro de Salud Pública en la dictadura de Gabriel Terra- sancionó a Virgilio Bottero y Carlos María Fosalba, denegándoles el ingreso en el Hospital Fermín Ferreira, del que eran practicantes externos. La sanción promovida por Blanco Acevedo se basaba en la promoción en prensa que ambos estudiantes realizaban de un reclamo colectivo de los enfermeros, y una huelga con abandono del centro hospitalario en protesta por las condiciones de internación (Bauman, 2010).

Ese mismo mes, y tras el golpe de Estado de Terra del 31 de marzo de 1933, Virgilio colaboró de nuevo con su inseparable Carlos María Fosalba, y el anarquista ucraniano-argentino Simón Radowitzky, en la producción de propaganda clandestina. Los materiales eran impresos a mimeógrafo y luego repartidos durante la noche (Fabri, 1956). Otra inseparable de Bottero, será la pedagoga anarquista y también de origen italiano, Luce Fabbri. A parte de compartir militancia, coincidirán muchos veranos en Santos Lugares, un predio rural en Las Piedras, donde la madre de Virgilio y Luce alquilaban un par de casas. Como recuerda Pablo Carlevaro, sobrino de Virgilio, “Por allí desfilaban visitantes refugiados del fascismo, que venían principalmente de Argentina. Algunos eran compañeros de ideas anarquistas; otros, intelectuales distinguidos. Recuerdo entre ellos a Rodolfo Mondolfo, con su -para nosotros- imponente barba blanca” (Carlevaro, s/f). Durante la dictadura de Terra, Virgilió caerá preso en el Cuartel de Bomberos, recibiendo palizas por parte de la policía y amenazas de deportación a Italia (ibídem)


En 1935, se graduó en Medicina con una tesis titulada “Los gases de la sangre”. A pesar de su claro posicionamiento ideológico y político, su paso por la Facultad de Medicina fue reconocida con la medalla de plata. Además, y gracias a sus méritos académicos, obtuvo una beca para estudiar en Europa. Durante su actividad profesional, se especializó en hematología, siendo considerado por muchos como el primer hematólogo uruguayo (Turnes, 2014).

Bottero

 

Captura

A mediados de 1937, Virgilio Bottero y José B. Gomensoro, fueron despedidos por sus familiares en el puerto de Montevideo. Se marchaban a Barcelona, epicentro de una revolución anarquista en medio de una sangrienta guerra civil. Les esperaba un largo periplo por el Atlántico y 20 días de espera en Marsella, ya que, al parecer, el Cónsul uruguayo en Francia retrasó su entrada en España. En junio, consiguieron entrar a Cataluña. A pesar de conseguir su objetivo, en ese último viaje en tren por los Pirineos, Bottero sufrió una hemoptisis, derivada de una tuberculosis que hacía años venía arrastrando. [Según su sobrino Pablo Carlevaro (entrevista) Virgilio pudo contagiarse de tuberculosis a su paso por el Hospital Fermín Ferreira, antiguo hospital de tuberculosos y leprosos]. Gomensoro tuvo que atenderle de urgencia. Esa accidentada noche marcará su estancia en Barcelona, no quedándole más remedio que guardar reposo durante semanas. Para más desgracia, nada más llegar, ambos recibieron la noticia del reciente asesinato de su compañero, el también uruguayo y anarquista Pedro Tufró.

A pesar de su delicado estado de salud se dirigió a Cerdanyola, a unos 20 km de Barcelona, zona de la retaguardia republicana  en la que se estaban dando fuertes procesos de colectivización agraria y autogestión libertaria. Pero su estancia allí duró poco. Su delicada salud se complicaba con el pasar de los días. De nuevo, no quedaba más remedio que suspender los planes y ahora sí, regresar a Montevideo a finales de año con su compañero José Gomensoro.

Ya en Uruguay, la agudización de su tuberculosis le llevó a realizarse varias intervenciones en el hospital. Tras un tiempo viviendo en Córdoba (Argentina), volvió a Montevideo y contrajo matrimonio. Pero la enfermedad terminó agravándose y unos años más tarde, en 1944, falleció.

En su homenaje ese mismo año Carlos María Fosalba y José B. Gomensoro escribieron el siguiente texto en Acción Sindical, revista del Sindicato Médico en la que Bottero publicó sus primeros trabajos:

Lucha estoica y valiente. Sereno y generoso siempre en trance inagotable de sufrimientos morales y físicos. Las bodas de plata -¡qué cruel fue su destino!- lo hallaron firme siempre contra la culminación de su mal, perro de presa ensañado con su inagotable organismo. Veinticinco años de lucha titánica lo vencieron al fin… pero, ¿acaso vencieron la fortaleza excepcional de su espíritu? Sano o enfermo nunca se negó a nada. Siempre pródigo, pronto a la eficaz ayuda prestada sin retaceos, con amor sin límites para quienes clamamos una y otra vez por ella pensando en nosotros y olvidándolo a él. Muchas veces hubiera podido curar. Pero el sacrificio reiterado de sus energías permitía otras tantas veces resurgir el mal. Uno de sus brillantes concursos, el viaje a España para darse por entero a una causa que lo apasionaba, un amigo que reclamaba su ayuda técnica o moral, una lucha entablada por una finalidad justa, todo contribuyó a que no fuera así.

Quiso vivir como un sano y era un enfermo. Nunca se resignó a serlo y así lo cuenta el país en paladín de muchas batallas nobles, la reforma universitaria que provocó la iniciación de su enfermedad; la dictadura de marzo, los males de Salud Pública, la lucha social. Intransigente, bravo en la crítica, valiente y audaz en sus actitudes, era capaz de las mayores dulzuras en el ambiente de sus familiares y amigos.

Fue un hombre fuerte; y es ésta la impresión más acabada de quienes le conocieron bien.

Antítesis de lo mediocre, se negaba o se entregaba por entero. Admiraba al individuo en sus valores intrínsecos y en su resistencia a dejarse vencer por la molicie ambiente; reconocía y admiraba por encima de todo el sacrificio individual. Todo esto lo encarnó en la figura de Rafael Barrett, y hecho notable, muchas semejanzas pueden señalarse entre ambos, hasta en la manera de gustar expresarse en los escritos sociales de Virgilio Bottero, que quedan para su recuerdo en diversas revistas y periódicos de la lucha social. El sentido total de las soluciones del gran conflicto social y esa idea arraigada hasta lo más hondo del concepto voluntarista de la vida, le embarcaron en las ideas libertarias a las cuales se afirmó como a una roca salvadora y se mantuvo fiel hasta su último aliento.

Enemigo de parcialidades, de arreglos y de acomodos, fustigó crudamente actitudes y orientaciones de nuestra lucha. Así actuó siempre, ya en forma activa, ya como consejero útil de quienes actuaban en los cargos de responsabilidad.

Pero la disminución gradual de sus energías lo alejó finalmente de este bregar de su juventud ardiente y en forma paralela fue desenvolviéndose y cristalizando su preparación científica, seria y sólida, hasta el punto de llenar la actividad de sus últimos años. Por lo que este extraordinario carácter, personalísimo, no brilló sólo donde fue estrella: en la vida acuciada de conflictos y problemas. En la ciencia médica dejó un camino trazado por sus iniciativas originales. Lo que hacía lo hacía bien. Famoso en su carrera de estudiante y de médico por la exposición precisa, clara y ordenada, expresión feliz de su talento.

Encauzado decididamente en la hematología dejó tesis y trabajos de originalidad y valor y puede afirmarse que dio un empuje original e importante al estudio de la misma en el Hospital Maciel, donde fue guía y consejero en la materia.

Individualidad recia, de valores propios, con sus grandes virtudes y sus defectos, ha dejado huella imborrable, que ha de jalonar nuestra lucha y nuestro desenvolvimiento científico.

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Adenda

La hermana de Virgilio, Emilia Bottero, se casará en los años 20 con el doctor y dos veces presidente del SMU, Pablo Florencio Carlevaro Béleche (1886-1949). Tendrán una hija y dos hijos, todos, importantes académicos y militantes de izquierda: Domingo Carlevaro Bottero, Mirta Emilia Carlevaro Bottero y el también doctor Pablo Virgilio Carlevaro Bottero. Este último, llevará el nombre de Virgilio, en homenaje a su tio.

 

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Referencias bibliográficas

Carlevaro, P. (f.d.) “Luce Fabbri, anarquista”, en Brecha.

Gomensoro, J. B. / Fosalba, C. M. (1944). Virgilio Bottero. Acción Sindical. Año XXIV, 45: 21-22.

Bauman, N. (2010). Carlos María Fosalba. Médico y anarquista. Montevideo, s/e.

Fabri, L. (1956). Simón Radowitzky en el Uruguay. Montevideo, s/e.

Scarlato, S. (2000). “Dr José B. Gomensoro Cabezudo”, en Fuera de consulta VI. Memorias y proyecciones de nuestra medicina. Montevideo, Sindicato Médico del Uruguay-Ediciones de la Banda Oriental: 51-62.

Turnes, A. L. (2014). Virgilio Bottero Mortara. Sindicato Médico del Uruguay. En línea [http://www.smu.org.uy/dpmc/hmed/historia/articulos/virgilio-bottero.pdf]