Fernández Artucio, Hugo

Montevideo (Uruguay) 1912 – Carácas (Venezuela) 1974

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Hugo Fernández Artucio, en la edición del 8 de octubre de 1938 del periódico España Democrática, recién llegado de la Guerra Civil española.

Hugo Fernández Artucio es una de esas figuras desbordantes. Si bien de algunos de los voluntarios uruguayos que fueron a la Guerra Civil española no podemos decir mucho, de nuestro protagonista se pueden escribir varios libros y, de hecho, ya se ha escrito alguno, e incluso una entrada en Wikipedia. Gracias a esta sabemos que fue un filósofo, historiador, profesor, escritor y político uruguayo, que participó en la Guerra Civil española como voluntario en las Brigadas Internacionales, en concreto en la Abraham Lincoln Brigade, que obtuvo el Premio María Moors Cabot en 1964, uno de los más prestigiosos en el ámbito periodístico, o que estuvo casado con Julia Faingold, con la que tuvo cuatro hijos: Hugo (quien fue Vicepresidente de Uruguay con Sanguinetti), Julio, María Raquel y Elsa. Pudimos entrevistar a María Raquel Fernández y María Julia Fernández, hija y nieta respectivamente de Hugo Fernández Artucio, quienes no sólo ampliaron notablemente la información sobre su vida, sino que nos permitieron consultar una gran cantidad de documentación personal del archivo familiar, tales como cartas, fotografías, discursos mecanografiados, guiones encuadernados de las alocuciones radiales de un año entero o manuscritos y notas para conferencias y entrevistas.

María Raquel comienza excusándose por desconocer información precisamente de los dos años de la vida de su padre que habían motivado la entrevista: 1936-1938. “Cuando él falleció yo tenía 21 años, y estas cosas no las hablábamos. El hecho de que él no hablara de ese periodo…”. Ella, que vive en Argentina, compara el sufrimiento de su padre con el de las víctimas de la última dictadura de aquel país. “Por lo que yo vivo en Argentina, con las personas que estuvieron detenidas, desaparecidas y todo eso, hay muchos que no hablan ni una palabra, ni una palabra. No lo quieren hablar con nosotros”.

Recuerda a su padre como una persona muy elegante, preocupada por ir acicalada, siempre de punta en blanco desde la mañana a la noche, vistiendo traje y corbata, bien afeitado, engominado y perfumado, y a veces luciendo en la cara un bigotito estrecho. Pero Hugo Fernández Artucio era my bajito. Su corta talla aparece, entre risas, varias veces en la conversación, como cuando observamos una fotografía en la que él, muy joven, está subido en un murete para dar un mitin a unos obreros. María Raquel comenta que el haber sido una persona muy impecable, muy bien vestida y muy urbana, debió haberlo hecho pasar muy mal cuando cayó preso por los franquistas. También alude varias veces a lo largo de la entrevista a la vasta inteligencia de su padre, como cuando ella estudiaba química y Hugo le hablaba de isómeros, o recordando que hablaba y escribía francés e inglés de forma fluida, ya desde su época del liceo. María Raquel es la archivóloga de la familia, y lleva tiempo investigando sobre estos aspectos menos conocidos de su padre. “Me suscribí a la página de ALBA (Abraham Lincoln Brigade Achives), me llegan las notificaciones, pero yo lo que no entiendo es porque mi papá fue con la Brigada Lincoln. Yo creo que él salió con el grupo de uruguayos y argentinos, porque él estaba muy vinculado con el Partido Socialista de Argentina. Con Alfredo Palacios”.

Tal y como nos sigue contando María Raquel, su abuelo, es decir, el padre de Hugo Fernández Artucio, llegó a ser procurador general de la nación, aunque no sabe si tenía militancia política. El segundo apellido, Artucio, vendría de los italianos que llegaron con Garibaldi a mediados del s. XIX. Pero ambos abuelos paternos ya serían uruguayos. Su abuela de Florida, y su abuelo, Fernández Antuña, de Montevideo. Estos Fernández Antuña vendrían de una familia asturiana que, destino a la Patagonia, se quedaron a medio camino, en el Río de la Plata, pasando a formar parte de las familias que controlaron la vida política del Uruguay.

No sabemos si Hugo Fernández Artucio habría heredado sus tempranas inquietudes políticas de sus padres. Sí que estudió en el liceo Elbio Fernández, privado y laico, y que de ahí seguramente venga su vinculación con la masonería. Aunque según su hijo, Hugo Fernández Faingold, su masonería pasaría por un “estado de sueño”. Esto es, aquella situación en la que se encuentra un masón o una logia que ha interrumpido su trabajo masónico regular, pero que no ha perdido sus derechos masónicos. En la foto en la que está subido a un muro dando un mitin a unos obreros, tiene 16 años. Posteriormente pasó a estudiar filosofía, mientras afianzaba su ideología política en el ámbito del PSU (Partido Socialista del Uruguay), del que llegaría a ser secretario general. Sus hijos cuentan que durante la dictadura de Gabriel Terra iba poniendo carteles por las calles de Montevideo, mientras su padre iba por detrás quitándolos para que no terminara preso. Algo que no consiguió, pues con 22 años fue detenido por los agentes de aquel régimen. Tuvo su primera experiencia como preso político en las cárceles de aquella dictadura. Y tuvo que someterse a un sonado juicio en el que fue defendido por Justino Jiménez de Aréchaga. En esos momentos combinaba su militancia y sus avatares con la dictadura con un trabajo como profesor de secundaria.

Su militancia socialista fue tan prematura como activa. Le vemos en una fotografía que muestra una manifestación de militantes del PSU, y en la que debe tener 19 o 20 años. Estuvo vinculado a los refugiados políticos peruanos vinculados a Víctor Raúl Haya de la Torre y el partido APRA, de orientación marxista, que llegaron a Uruguay a partir de 1923. Además participaba en la edición del periódico El Sol, órgano del PSU, en donde escribió varios artículos, seguramente algunos de ellos bajo el seudónimo de Timonel. Su labor intelectual también se concretó en dos libros que escribió en esa época y que salieron publicados estando él ya en España: La cuestión religiosa y el socialismo (1936) y Rodó y nuestro tiempo (1937), además de participar en la revista Ensayos.

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Un joven Fernández Artucio (primer plano, mirando hacia la izquierda) en un recorte de prensa que da cuenta de una manifestación organizada por los estudiantes de derecho en la Av. 18 de julio de Montevideo.

Alfredo Alzugarat, para su libro De la dinastía Qing a Luis Batlle Berres. La biblioteca china en Uruguay, también entrevistó a los hijos de Hugo Fernández Artucio, y pudo consultar el archivo familiar. En este libro se alude a que “guiado por un espíritu romántico y altruista, se alistó como voluntario extranjero en la defensa de la República Española”. Según este autor fue enviado a la Brigada Abraham Lincoln, a las órdenes del comandante Steve Nelson. El autor alude a que debió de estrenarse en la Batalla del Jarama, y que tal vez participara en las de Brunete, Belchite y Teruel. Combatiría en ese batallón durante dos años, al cabo de los cuales fue hecho prisionero por las fuerzas golpistas de Franco. La Abraham Lincoln Brigade Achives nos confirma que Fernández Artucio combatió en esta unidad, en concreto en la XV Brigada Internacional, Batallón Lincoln, Compañía 1, Sección 3, Centuria Antonio Guiteras.

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Fernández Artucio (de traje negro) en la cubierta del “Hektor”, en el que habría vuelto de Europa en 1938

Por lo tanto, según su familia, debió de haberse ido en 1936, y estaría de regreso ya en 1938, pues se conservan documentos manuscritos y mecanografiados, principalmente alocuciones de radio (Radio Ariel y mensaje radiofónico para el presidente de EEUU, F. D. Roosevelt) fechados en ese año. Uno de estos documentos está firmado en Montevideo, el 23 de mayo de 1938, y en él se alude a la soledad de la lucha de España, y a la grandeza de su obra, en donde se estaría construyendo un hombre nuevo: “Ni el hombre de la Edad Media, ni el hombre de la escuela liberal. Un hombre universal, que recuerda l´uomo universale de los creadores del Renacimiento, pero que lo sobrepasa en hondura. En hondura, si, lo que es lo mismo que en afirmar que lo supera en trama”. “Por querer plasmar sueño en realidad, pensar en acción, el pueblo español paga cara su bizarría. La paga quedando sólo en su Historia”. Otro, mecanografiado y fechado en 1938, enumera ideas sobre la política uruguaya en relación a la guerra de España, y la actitud del gobierno Alfredo Baldomir de sólo reconocer al gobierno franquista de Burgos. Otro  documento manuscrito repite ideas y alude al panamericanismo y al cupo deseable de unión americana, sobre todo en lo económico. “Antes todos los caminos conducían a Roma. Hoy todos los caminos conducen a Madrid”.

María Raquel vuelve a aludir a que su padre no contaba nada de la guerra, y que está casi segura de que mantenía relaciones con otros combatientes. “Con esa manera de ser lo que debe haber sufrido. Todo lo que vio… debe haber sufrido… debe haber sido una cosa muy traumática. De la que después con mucha efervescencia se puso a trabajar. A escribir mucho con el tema de los nazis y a dar conferencias por todo el mundo”.

Y es cierto que tras su regreso comenzó a tener una actividad frenética. En ese mismo 1938 le vemos recibiendo homenajes y dando conferencias, entrevistas y alocuciones de radio.

Gracias a una fotografía sabemos que recibió un homenaje de sus compañeros socialistas ese mismo año de su regreso. La fotografía está firmada por detrás, con los nombres de sus compañeros. Como nos explica su hija en ese año todavía no había roto con el comunismo y el socialismo, ya que su distanciamiento con el marxismo no fue tanto a raíz de su experiencia en España (por ejemplo por los asesinatos de los estalinistas a los trotzkistas y anarquistas), sino a partir de 1939, por el pacto germano-soviético. Sería en 1939 cuando dejaría todos sus cargos en el PSU, del que había llegado a ser su secretario general. En un artículo de periódico se recoge un discurso de Hugo Fernández Artucio en la Casa del Pueblo, un 18 de julio, puede que de ese 1938, en donde se hace un repaso a la dictadura de Terra, a la persecución del Partido Socialista de Uruguay, y al frente unitario de partidos frente a Terra en su año y medio de dictadura. Se describe la barbarie fascista en Italia y nazi en Alemania. Y se termina con una caracterización sociológica de las bases potenciales del PSU: pequeña clase trabajadora industrial, trabajadores del latifundio criollo, etc.

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Homenaje de sus compañeros socialistas en 1938, nada más regresar de la Guerra Civil española (Fernández Artucio de pie, en el centro, con moña negra y camisa blanca)

El 15 de junio apoya el nacimiento del Consejo General de la Solidaridad Internacional Antifascista (SIA) uruguaya, junto a otras personalidades, más allá de que esta organización esté controlada por los anarquistas. El 8 de julio de 1938 vemos en el periódico comunista Justicia que “El camarada socialista H. Fernández Artucio será homenajeado”, en la Sociedad Cosmopolita de Mozos (Canelones 1003), por parte de las Juventudes Comunistas de Uruguay, ya que ha sido elegido como delegado uruguayo en el Congreso Mundial de la Juventud, que se celebrará en agosto de ese año en Nueva York. “La Juventud Comunista exteriorizará así su adhesión a dicho congreso y la satisfacción que le merece la elección del delegado”. Se trataba del 2º Congreso Mundial de la Juventud, cuyo extenso cuadernillo preparativo, en francés y editado en Ginebra (Suiza), se conserva en el archivo familiar. Por este mismo periódico también sabemos de jóvenes socialistas españoles que, pese a la situación de guerra que vive España, también desean ir ese congreso y expresan sus ganas de reunirse con sus camaradas americanos, para compartir experiencias y para contarles ellos mismos sus impresiones sobre la guerra. El cuadernillo preparativo del congreso indica que hay delegación de esta organización en varios países sudamericanos, incluido Uruguay. En Nueva York iban a concurrir organizaciones internacionalistas de jóvenes (comunistas, socialistas, cristianos, demócratas, por la cultura y por la paz, por la libertad y el progreso, etc.). En ese documento figura por Uruguay Pablo M. Minelli como miembro del Comité Internacional de Patronazgo. El cierre de este cuadernillo, en el que se alude a Nueva York como sede del 2º congreso, pero en el que todavía no se da la fecha del mismo, por lo que seguramente está editado en 1937, deja claro el propósito del mismo: “JÓVENES DEL MUNDO, UNIDOS TODOS POR LA DEFENSA DE LA PAZ”. Aprovechando ese viaje a EEUU, Hugo también pasó por México para participar en un congreso internacional, como él mismo refiere en otro documento.

A la vuelta de este viaje norteamericano Hugo Fernández Artucio recibió mecanografiadas, y con anotaciones a mano, las preguntas que le formula un tal Obregón, del Comité Central de Españoles, a cuenta de la entrevista que le van a realizar en unas semanas en Radio Ariel (la entrevista está fijada para el 24 de diciembre de 1938). Nuestro autor esbozó un guion de respuestas, escritas a mano, en esas mismas hojas. Por eso sabemos que desde el Comité Central de Españoles, el principal órgano de coordinación de la ayuda de los emigrantes españoles prorrepublicanos en Uruguay, estaban interesados en sus periplos por EEUU y México, en su participación en el Congreso Mundial de la Juventud, en la impresión que dio allí la delegación  de la Juventud Española, sobre la presencia en EEUU de Fernando de los Ríos y el ambiente que se vivía allí sobre la Guerra Civil española y sobre la República Española.

El esbozo de respuestas es en el mismo orden que las preguntas. Respecto al tiempo que ha estado fuera de Montevideo nuestro protagonista apunta que la intensidad de los acontecimientos y experiencias vividas le han dado una dimensión del tiempo distinta. Sobre el ambiente en EEUU y México alude a que ha visto una actitud favorable y solidaridad hacia la República Española en un fracción de ambos países. Se mencionan las organizaciones que ayudan desde EEUU: Sociedades Hispanas Confederadas, el Gran Comité de EEUU de Ayuda a España o el Medical Boureau; así como personalidades: obispos, pastores, congresales o artistas. También se apuntan elogios hacia la abnegada juventud española, y la gloriosa hazaña que están librando en España, con menciones a su espíritu de trabajo y disciplina, gloriosa humildad, humana comprensión (la delegación española pidió que la ayuda a las poblaciones civiles llegara también a las zonas rebeldes). Para aludir a esa delegación de la Juventud Española recurre al poeta español Antonio Machado “Solo se pierde lo que se gana, solo se gana lo que se da”. Se citan textos de estos jóvenes españoles que aluden a que pese a la situación que están pasando, la lucha de los jóvenes sudamericanos sigue siendo un pozo de inspiración para ellos. También apunta datos sobre “La Brigada Americana”, en la que supuestamente participó durante la guerra: “Batallón Lincoln, últimas semanas (1936) – 470 hombres. En 1938 eran 3.700 y formaban 3 batallones: Lincoln, Washington y MacKenzie-Papineau”. También anotó que había algunos integrantes que habían estado presos en 1917 por antiguerreros (Robert Pick), estudiantes que hicieron huelga contra la guerra, profesores (Robert Merriman). “La anciana que conocí: Mistress Anderson”.

En otra hoja manuscrita parece continuar a las anotaciones para esta entrevista en la radio: “Presidente Roosvelt. Washington. Cumpliendo votos 2º Congreso Mundial Juventud, solicito urgente levantamiento prohibición exportar armas legítimo gobierno República Española cuyo derecho protege ley internacional. Sección SudAmericana Congreso Mundial Juventud. H. Fernández Artucio, Secretario Corresponsal”. Parece la referencia a uno de los acuerdos votados en dicho congreso, que Hugo Fernández Artucio va a mencionar en la radio, y en la que queda claro su papel como delegado uruguayo de dicha organización internacional. Como veremos, no será el último papel como representante uruguayo de una organización internacionalista.

El 18 de enero de 1939 Indalecio Prieto, ex ministro de los gobiernos republicanos de Largo Caballero y Negrín, de embajada extraordinaria en varios países sudamericanos, habló en un acto multitudinario en el Estadio centenario. Se conserva el discurso pronunciado por Hugo Fernández Artucio, escrito a máquina y con anotaciones en los márgenes, con motivo de esta visita. Nuestro autor fue uno de los encargados de presentar al político socialista español. Este discurso se titula “Indalecio Prieto, camarada y hermano”. Comienza con la mención a los delegados de la juventud de 48 naciones y de 14 organizaciones internacionales reunidos en el Segundo Congreso Mundial de la Juventud, celebrado en Nueva York el agosto pasado, y cómo allí se proclamó la solidaridad con los pueblos de España víctimas del ataque alemán e italiano. Sigue con elogios a la lucha heroica en España, alusiones al sentimiento de solidaridad internacional que la lucha española está generando, y comparativas entre la situación de los campesinos españoles y la de los sudamericanos, ambos bajo regímenes feudales. Por eso indios, negros y criollos sentirían, aunque no entenderían, la lucha del pueblo español. “Y he ahí por qué es el criollo humillado, el indio y el negro americanos, quienes mejor sienten, aunque no entiendan, qué causas profundas han impulsado al campesino de España a empuñar las armas, para defender la justicia social que lo alcanzara bajo la república, y su libertad, contra la aventura armada de las clases privilegiadas, que allá como acá no han vacilado ni vacilarán en montar dictaduras brutales, aún a costa de la matanza y la destrucción”.

Continúa con referencias al presidente del gobierno español, Juan Negrín, quien pone también voz al pensamiento y a las esperanzas hispanoamericanas, cuando dice que es su inquebrantable voluntad “asegurar la independencia absoluta y la integridad total de España, que la república se apoyará en el imperio de la libertad de los distintos pueblos que integran la nación española, en los derechos del trabajador protegidos por el Estado, y en la vigencia de una democracia obediente a los designios del pueblo”. Asimismo se invita a reflexionar sobre a qué tipo de imperio se refiere Franco cuando alude a restaurar el Imperio Español, y las consecuencias que esto puede tener sobre las repúblicas americanas. Y en un contexto en el que los fascismos europeos, sobre todo los nazis, ya se han infiltrado en la economía, sociedad y política uruguaya. Termina con críticas al presidente uruguayo, Baldmoir, por no apoyar la causa republicana, y no oír el clamor del pueblo uruguayo. Y con una petición al presidente de Estados Unidos F.D. Roosvelt para que apoye a la República Española, pues es lo que desean las repúblicas americanas y eso además iría en consonancia con su política de “buena vecindad” respecto a Latinoamérica. Además todas las políticas han de tomarse sobre la democracia y la paz social. Y el apoyo popular a la República Española se ha visto sobradamente en los mítines dados por Prieto en Santiago de Chile, Buenos Aires y Montevideo.

Todas estas ideas desarrolladas por nuestro autor en los diversos actos y entrevistas de 1938 y comienzos de 1939 quedaron sintetizadas en un artículo que salió publicado en el diario El País, el 23 de enero de 1939, con la excusa de la reciente visita de Indalecio Prieto, y que reproducimos a continuación:

“¡Armas para España!”

Las re  cepciones organizadas al ilustre español don Indalecio Prieto Tuero por los Partidos del Frente Popular chileno, por las organizaciones nacionales españolas en Buenos Aires y por el Comité Nacional de Ayuda a España y el Comité Central de Españoles de Montevideo, poseen, a nuestro juicio, un sentido más profundo que el de un simple explayamiento emocional de encendrada, fervorosa adhesión a la suerte de la República Española. Creemos que las multitudes de nuestros países sureños, así como el pueblo agolpado en los aeródromos, en Colombia y Ecuador, han querido expresar el anhelo de ver ayudada a España por aquellas naciones democráticas que pueden hacerlo y, en particular, por Estados Unidos de Norte América que predice, desde el advenimiento de la administración Roosevelt, una política de buena voluntad intercontinental.

          Hemos afirmado en muchas ocasiones que la adhesión a la República Española no refleja solo un estado de aguzada conciencia moral ni la actuación unilateral de tradiciones que nos vienen del pasado por la huella oscura de la sangre.

          Parecidas circunstancias históricas, salvadas las necesarias exigencias de reducir todo paralelo de este género a las proporciones limitadas por diferencias de clima social, se dan entre nuestros países y la República antes del estallido de la rebelión. ¿Es acaso diferente la suerte del campesino americano, sometido, especialmente en los países de la cuenca del Caribe a un régimen económico semifeudal, del atraso y la pobreza en que vivía el campesino español, para quien la República demanda una nueva y humana reforma agraria que permita la instauración de una verdadera democracia campesina? ¿Qué distingo radical, de naturaleza, puede establecerse entre el labriego de las Hurdes y el “guajiro” cubano, entre el campesino de Castilla y el “jíbaro” de Puerto Rico? ¿Era acaso más pobre el pobre en España, que el “roto” en Chile, que el “cholo” peruano o el “pelao” de México? ¡No! Y he ahí también por qué, instintivamente, el humilde trabajador americano ha adherido a las causas profundas que movieran al campesino español a empuñar las armas para defender la parte de justicia social ya conquistada bajo la República, y su libertad. Que, mucho es el parecido que halla el observador atento entre las clases privilegiadas de ambas márgenes del océano, las cuales no han vacilado, allá como acá, en montar dictaduras más o menos corruptoras o brutales para cumplir sus designios.

          Pero hay más aún. Hispanoamérica, que lucha contra las oligarquías que subvierten el orden democrático y contra los agentes de intereses extranjeros empeñados en detener el crecimiento institucional y el progreso social en estas latitudes, encuentra, en los fines que el gobierno español enuncia para definir su lucha por la independencia, aspiraciones que se identifican con las suyas propias más auténticas. Así, cuando el doctor Juan Negrín proclama que es la voluntad de la República Española y de su actual gobierno “asegurar la independencia absoluta y la integridad total de España”. E igualmente, si se dice que la República se apoyará en la libertad de los distintos pueblos que integran la nación española, en el reconocimiento de plenos derechos al trabajador y en su protección por el Estado, etc.

          Mas, la atención continental se torna agudamente vigilante, cuando se entera de las proclamas del jefe de los facciosos, en las cuales se denuncian propósitos de restauración imperial. Sabido es que Alemania e Italia han intentado, hasta el presente infructuosamente, sojuzgar económica, cultural y hasta políticamente a América Latina. Si triunfara el movimiento sedicioso español –y esto lo comprende cualquier hombre de la calle si posee una dosis moderada de buen sentido– podría una España nacionalista, juguete en manos de los intereses nazi-fascistas, prestarse a tolerar un hispanoamericanismo de sentido reaccionario, que encubriera designios hegemónicos de otras potencias.

          De este cúmulo de circunstancias, muy someramente expuestas, y que indudablemente forman la base del sentimiento de solidaridad con la República Española, junto a más delicados estados de arrance (sic) cordial o entonación ética, es que inferimos la interpretación que motiva esta nota de los grandes actos en que muchedumbres vibrantes aclamaron a Indalecio Prieto.

          América siente que la defensa de la República Española se identifica con la vigilancia de su propia paz, de su libertad y de su independencia.

          Ahora bien: el presidente de los Estados Unidos, Franklin Roosevelt, empeñado en dar realidad histórica a su política de “buena vecindad”, que ha ampliado últimamente con la postulación de una “defensa del hemisferio” contra posibles ataques provenientes del exterior –ataques que pueden darse en el plano bélico, como en el económico y político– debe entender que la amenaza más directa que se cierne en estos momentos sobre el cielo hispanoamericano, es esta, proveniente de la política del eje Roma-Berlín en la guerra de España. Razones de lógica y de estrategia política –que bien conoce este conductor magistral del pueblo de los Estados Unidos en su gran lucha por la democracia– aconsejarían la ayuda a España Republicana como medio de frustrar los torvos designios de sus agresores.

          Juzgamos que no extendemos más allá de los límites debidos la interpretación realista de los sentimientos de los pueblos del continente sur, si afirmamos que, en cada aplauso tributado al ilustre Prieto Tuero, se ha expresado el deseo profundo de hacer llegar al mandatario americano una exhortación para que, derogando o modificando la “ley de neutralidad”, devuelva al gobierno legítimo de la República Española el derecho que posee ante la ley internacional, de comprar las armas que necesita para defender su independencia.

          ¡Armas para España!, es la expresión categórica de la posición de Hispanoamérica.

            ¡Armas para España!, debe brindarlas quien puede hacerlo. Estados Unidos de Norte América tiene la palabra.

En ese mismo 1939 Hugo Fernández Artucio siguió desarrollando su inagotable actividad periodística orientada principalmente a denunciar la infiltración nazi en Sudamérica, y en concreto en Uruguay. Tuvo un programa de radio llamado “La verdad al desnudo”, en radio El Espectador (CX 14, Montevideo), una de las más escuchadas, todas las noches a las 21:15 h. Se conservan los guiones de dicho programa, mecanografiados y encuadernados.

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Según Ecos del Este en este programa: “Con valentía y sin alardes de efectivismo, como cuadra a la intrínseca modalidad personal de Fernández Artucio, con el apoyo, por demás de una vasta documentación, nos dice, en forma sencilla y franca, exornada, quizá que no de la galanura de dicción que le es propia, la verdad sobre el peligro nazi en nuestro país, sintetizado contra el espíritu democrático que nos alienta, y lo que es más, contra la integridad territorial de todos, sin excepción los pueblos americanos”.

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Fernández Artucio en radio El Espectador, en 1939.

De hecho este programa de radio, con la cantidad de contundente información que puso sobre la mesa, propició para que se creara en el parlamento una Comisión de Investigación, a instancias del Dr. José Pedro Cardozo, diputado socialista, que acabó por destapar a muchas organizaciones deportivas y culturales que eran tapaderas de organizaciones nazis, con sus escuadras organizadas militarmente, motocicletas y planeadoras repartidas por toda la geografía del país, preparadas para convertirse en columnas de ataque, y con un sistema de extorsión a obreros alemanes para enriquecer las arcas de estas organizaciones, mensajes en clave y preparativos para tomar el país en pocas horas.

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Fruto de sus investigaciones y de todo el material recopilado para el programa de radio fue su libro Nazis en Uruguay (Buenos Aires, 1940), donde denunciaba las actividades del partido Nacional Socialista en Uruguay, con muchos detalle de quienes lo integraban, de sus actividades, sus nombres y sus domicilios, cómo se ejercía el espionaje nazi y la prédica del odio racial y de clases.

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Al año siguiente publicó en EEUU The Nazi Underground in South America (La organización secreta nazi en Sudamérica) y en Londres, The Nazi Octopus in South America, que le dieron fama internacional. Gracias a estos libros Fernández Artucio recibió felicitaciones de los más altos dignatarios, como Charles De Gaulle.

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Un simple vistazo a los guiones del mencionado programa de radio hace pensar que nuestro protagonista no pudo obtener toda esa información tan detallada él sólo. Más allá de cómo consiguiera la información sobre los nazis infiltrados en Uruguay, la cuestión es que al denunciar con nombres y apellidos a políticos, principalmente del Partido Nacional, por su connivencia con nazis, Hugo Fernández Artucio comenzó a sufrir amenazas y llegó a ser denunciado. El 27 de septiembre de 1940 en el semanal Justicia vemos en la noticia “El procesamiento de Hugo Fernández Artucio” la posición del PCU (Partido Comunista del Uruguay) respecto al proceso que se estaba llevando adelante contra nuestro autor. En este artículo se expresa solidaridad por su procesamiento, pero críticas a su posición pro imperialismo yanqui e inglés:

“Fernández Artucio ha sido procesado por obra de los agentes nazi-fascista-oligárquicos que operan en el país a la sombra protectora de Herrera y del latifundio. Ha sido víctima de las leyes reaccionarias, que los que hoy protestan por el procesamiento de Fernández Artucio, contribuyeron a hacer sancionar. Fernández Artucio, cuya prédica guerrerista y pro imperialismos yanqui e inglés lo ha alejado de la posición democrática-antiimperialista unitaria que mantenía antes de la guerra, lleva también su responsabilidad en la creación de los medios legales reaccionarios favorecidos por el ambiente pro guerra, que sólo aprovechan la reacción fascista oligárquica, como la ley contra las asociaciones ilícitas. Nuestra crítica contra la prédica guerrerista de Fernández Artucio da un carácter especial a la solidaridad que le expresamos al caer víctima del fascismo, pues solidaridad y crítica forman parte de una misma posición de lucha por la unidad de todos los sectores progresistas del país para la lucha por la independencia nacional, que es una misma lucha contra la guerra imperialista. El Comité Nacional del partido Comunista resolvió en su última reunión hacer llegar su solidaridad a Fernández Artucio así como al Ateneo, alcanzando por la mano antinacional del nazi-fascismo oligárquico que todavía pude accionar por la falta de unidad democrática en el Uruguay”.

Por otro artículo del periódico Ecos del Este sabemos que el juicio a Hugo Fernández Artucio fue a partir de la denuncia de Recaredo Lebrato Suárez, uruguayo, estudiante, director y redactor responsable de un periodicucho llamado El Momento, uno de los órganos de prensa del nazismo en Uruguay. Este tal Recaredo había sido denunciado por nuestro protagonista en su libro, y a su vez ya se encontraba siendo investigado por atentar contra la soberanía nacional y por otro delito de imprenta. A Hugo Fernández Artucio le defendía el abogado Justino Giménez de Aréchaga. Este juicio tuvo eco en el parlamento uruguayo, ya que levantó la indignación del Dr. Tomás C. Brena, Presidente de la Comisión Investigadora de las Actividades Nazis. Asimismo Julio V. Iturbide también señaló lo vergonzoso de que los delincuentes se conviertan en acusadores de “un hombre principista que defendió los más puros ideales de su patria”. Políticos como Brena, José Pedro Cardozo y Argüello Bellini, y Escribano Ulises Collazo, se adhirieron al apoyo de Hugo Fernández Artucio, y mandaron ese debate parlamentario a la corte de justicia, para que fuera tenido en cuenta en el juicio.

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Recorte de prensa en la que se alude tanto al programa radiofónico de Fernández Artucio como al proceso al que se le sometió.

Pero, ¿de dónde sacaba Hugo Fernánde Artucio toda esta información tan detallada sobre la infiltración nazi en Sudamérica? Alfredo Alzugarat alude a los posibles vínculos que se le atribuían con redes de espionaje británico. Este dato no le es extraño a su hija María Raquel, que menciona el vínculo de su padre con Inglaterra. Este compromiso con Inglaterra le llevaría a hacer esa campaña contra la penetración nazi en Sudamérica, y así convencer a EEUU, aún neutral en ese momento, de la necesidad de involucrarse contra el avance nazi por el mundo. Incluso su hija menciona un posible viaje que realizara su padre en 1938 o 1939 por Inglaterra.

Su compromiso con la denuncia del avance nazi en Sudamérica no le hizo abandonar el lazo contraído con la causa republicana española, sino que combinó ambos en la misma doctrina: la denuncia del fascismo y su avance internacional. En enero de 1941 le vemos dando un discurso en el Centro Republicano Español de Montevideo. Se conserva este discurso mecanografiado, y titulado “Viejo y nuevo concepto de Hispanidad. América, el derecho americano y la razón de ser de nuestra independencia”. De él podemos destacar frases como: “En este continente, en América, la noble, la cariñosa doctrina enseña que todos aquellos hombres que vienen de países lejanos buscando ocasiones de trabajo, de progreso y elevación social y moral, encuentran en América -y encontrarán siempre-, el escenario propicio pare todas sus inquietudes y para la rea1ización de sus caras aspiraciones, a condición de que llenen una sola necesidad de adecuación: que se sientan, por el hecho de trabajar, de vivir, de procrear, en el más alto sentido de la palabra, en tierras americanas, tan americano, tan hijos del nuevo continente, como aquellos que se encuentran ligados a él por raíces mucho más profundas; que actúen como tales, como americanos, y se hallen tan dispuestos a defender en cualquier momento las libertades de América, que son aquellas convicciones históricas que constituyen el mayor derecho, que son la gloria contra las pretensiones de cualquier representante imperialista, que pretende devolver a América a la condición de una colonia, con menoscabo de su democracia y de su profundo sentido de la verdad”.

Continúa con las amenazas en Uruguay de los nazis alemanes, de los fascistas italianos y del falangismo español. En los ejemplos concretos se centra en el caso de la penetración falangista en Uruguay. Y analiza los principios del falangismo, su caudillismo, su entronque con la tradición más irracional de España, sustituyendo la razón por la fe. Así como sus parecidos con el fascismo italiano. Vuelve de nuevo a aludir a los riesgos del Imperialismo franquista para América, ya denunciado por el “senador S.”, demócrata, en un informe ante el parlamento de EEUU. Y termina con una alusión a como la prensa recogió que Falange en Montevideo sacó sus archivos y los llevó a la Legación, dejando claro lo incriminatorio de esos archivos, y reconociéndose implícitamente su culpa.

El lehendakari (presidente) del País Vasco en el exilio, José Antonio Aguirre, también visitó Uruguay en 1941. Hugo Fernández Artucio nuevamente fue el encargado de presentarlo en un acto público. En este discurso mete alguna referencia en euskera, como cuando alude a la destrucción del Gernikako Arbola (árbol de Guernica), por la aviación nazi. Y se despide con un “GORA EUZKADI EUZCATUTA [“gora euskadi askatatuta” o “viva el País Vasco libre”].

Entre 1941 y 1943 Hugo Fernández Artucio se trasladó a vivir a EEUU. Dio una charla en México sobre la penetración nazi en Sudamérica, en un acto organizado por la masonería.

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En septiembre de 1941 gracias a otro documento del archivo familiar sabemos que se reunió con Charles De Gaulle en Londres, conversando largo rato, después de que quedara formado el Comité Nacional de Francia Libre. En esa misma visita también se reunió con el embajador de EEUU, el Sr. Wanant, con quien conversó una hora. También fue agasajado por las organizaciones de refugiados catalanes y vascos, estando presentes en los actos los ex dirigentes políticos Roca, Suñer e Irujo. Es bastante posible que su estadía en EEUU durante esos dos años se debiera a su participación activa en International Free World Association (Mundo Libre).

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En 1941 EEUU se aferraba todavía al principio de neutralidad en conflictos internacionales, característica del gobierno de F.D. Roosvelt, que ni siquiera cambió con el avance nazi sobre la URSS. En diciembre Japón atacó Pearl Harbour y EEUU se involucró en la 2ª Guerra Mundial. El pueblo estadounidense se volcó en la contienda, siguiendo las noticias de los distintos frentes y creando asociaciones para ayudar a los refugiados. Entre estas asociaciones que intentaban entender las causas de la guerra y diseñar como sería el mundo tras el conflicto estaba la International Free World Association, fundada en Washington el 21 de junio de 1941, pero con sede en Nueva York. Destacó por las personalidades que atrajo, por su relevancia internacional y por la difusión propagandística que realizaría sobre el rol de los EEUU y el avance de los aliados. Formaba parte de ella el escritor H.G. Wells, quien creía en la razón y el progreso como forma de combatir los abismos apocalípticos que combatían la humanidad, y como forma de llegar al socialismo. También el que fuera presidente del laborismo inglés Harold Laski, formaba parte de ella, e incluso se integró el vicepresidente de EEUU Henry A. Wallace, vinculado al comunismo de aquel país.

En Nueva York Hubo una gran conferencia de la Confederación Mundial de Agrupaciones Internacionales, fundada, patrocinada y representada por distinguidos ciudadanos de países de cuatro lenguas (chino, español, francés e inglés), y en la práctica sucesora de la Sociedad de Naciones. En esa conferencia participó la Free World International Association (Mundo Libre). Se sabe que asistieron a dicha conferencia Eleanor Roosvelt, primera dama de EEUU, y tres profesores universitarios representando a EEUU y países de habla inglesa; C.K. Chang, Li Yu Ying y Wei Dao-ing por China, Hugo Fernández Artucio por Uruguay y Henri Bonet y Louis Dolivet por Francia y países francófonos. Es bastante probable que la elaboración y publicación de los libros sobre el nazismo, su participación en la Abraham Lincoln Brigade durante la Guerra Civil española, y esos supuestos contactos con la inteligencia británica, hubieran sido suficiente aval para que Fernández Artucio fuera bien recibido en la Alianza Internacional para un Mundo Libre.

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Él mismo escribió en 1944 (documento del archivo familiar) sobre la importante labor de la Alianza Internacional Para un Mundo Libre, por su actividad editorial, publicando revistas en inglés, chino, francés, español, griego… Además, orientó la opinión mundial, organizó acciones clandestinas en las zonas ocupadas por el enemigo, y trató de ganar la paz como contribuyó a ganar la guerra. Sobre esta etapa al frente de la sección Sudamericana de Mundo Libre la familia Artucio cuenta con abundante documentación en su archivo familiar, y su alude a correspondencia que han encontrado entre Fernández Artucio y Wallace, vicepresidente de Roosvelt, así como con la primera dama a de EEUU (Eleanor Roosvelt).

En otros documentos vemos a Emilio Oribe, presidente de la filial uruguaya de Mundo Libre, aludir a la suerte que tuvieron de contar con Hugo Fernández Artucio, con “su organización, desarrollo, conferencias, empresas y misiones de acción peligrosa y secreta, decisiva y hermética, como cuadra a las congregaciones que se enfrentan rudamente con la tiranía y la muerte”. En otra carta del 15 de julio de 1942 enviada a Hugo Fernández Artucio, con dirección en Nueva York y remitida desde Montevideo por Georges Lallour, leemos como este representante de la delegación de Francia Libre en América del Sur le da las gracias por sus investigaciones sobre los nazis, y le hace llegar una carta que había recibido el Comité National Français de Londres para él. Otra fue enviada el 24 de julio de 1942, por Georges Assié, residente en Nueva York, y dirigida Artucio como director del Buró Latinoamericano de la Asociación Mundo Libre.

En otro documento mecanografiado por nuestro autor se cita al reverendo Howard Brooks, secretario general de la Sección Americana de Free World Association, a causa de cartas de adhesión y homenaje al vicepresidente de Uruguay, Alberto Guani, por parte de “vascos radicados en Inglaterra, en los Estados Unidos y Sud-América. Alemanes que odian a Hitler, e italianos antifascistas. Valientes soldados de la República Española, y demócratas de toda América”. También observamos una carta dirigida a Fernández Artucio por ser uno de los directores del movimiento “Mundo Libre”, y enviada por el mencionado vicepresidente Alberto Guani. Este le agradece su incansable lucha antinazi y haber creído siempre en Inglaterra y EEUU como los motores que iban a librar al mundo libre del fascismo. Esta carta da buena cuenta de la consolidación del cambio de orientación en política exterior de los gobiernos uruguayos, cercanos a las potencias del eje bajo la dictadura de Terra y transición de Baldomir, para posteriormente hacerse proaliados con Amezaga, bajo el que Guani fue, precisamente, vicepresidente.

En otra misiva vemos como el también político colorado Tomás Berreta, ministro de Obras Públicas con Amezaga, se dirige al poeta, filósofo y médico Emilio Oribe, presidente de la Alianza Uruguaya por un Mundo Libre, y haciendo referencia expresa a Hugo Fernández Artucio. Berreta les quiere agradecer  la invitación a un acto para celebrar el desembarco de Normandía. Gracias a un documento de una charla de Fernández Artucio en el Teatro España en Montevideo sobre la penetración nazi en Uruguay sabemos que él fue el organizador del mencionado comité Alianza por un Mundo Libre, tanto en Uruguay, como Brasil y Chile. Por tanto hemos de pensar que mientras nuestro protagonista se encargaba de estos tres países, Emilio Oribe era el encargado exclusivamente de Uruguay, y que, por lo tanto, obedecería la directrices de Artucio. De hecho la figura de Fernández Artucio explica que en Montevideo estuviera la sede latinoamericana de esta organización. En 1944 comenzaron la revista mensual Mundo Libre, en español y portugués, para ser distribuida en Uruguay, Argentina, Chile y Brasil. Y junto al anarquista chino Li Yu Ying, al que había conocido en los primero encuentros en Nueva York en 1941, integró el Consejo Editor de la revista Free World Magazine, con sede en Nueva York.

A la vuelta de su estancia en EEUU vemos completarse la transición que vivió Hugo Fernández Artucio del socialismo al batllismo. Pero todavía en 1944 tenía algún tipo de vinculación con el socialismo, como se desprende de la historia de amor de nuestro protagonista, contada por su hija. Por lo visto un importante  socialista argentino le mandó un mensaje a Alfredo Palacios, líder de los socialistas argentinos exiliado en Uruguay. Aquel le mandó el mensaje a través de su mujer, que fue acompañada de su hermana al Uruguay. Tenía que recibirlas Emilio Frugoni, pero al no poder éste Hugo Fernández Artucio fue el que se encargó. Ahí conoció a la que sería su esposa, casándose tan sólo dos meses después de aquel fortuito encuentro.

Pese al distanciamiento progresivo con el marxismo, todavía en 1944 vemos una conferencia suya sobre la Unión Soviética titulada “Aspectos de la revolución de nuestro tiempo”, en el paraninfo de la Universidad, y auspiciada por la Asociación Femenina por la Victoria, en la que se dice: “se equivocan los que creen que la revolución rusa ha creado antagonismos insalvables entre el pueblo soviético y los pueblos democráticos occidentales […]. La revolución rusa es un fenómeno histórico y social que se halla profundamente enraizado en la vida occidental. Es, por así decir, una consecuencia necesaria, ineludible, del desarrollo de la vida en los países de Occidente”.

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La labor periodística de Fernández Artucio en el periódico El Día duró hasta 1968. Imagen de 1946 en la redacción de El Día.

Justo en esos años se concretaron las relaciones de Uruguay con la URSS, con Emilio Frugoni, el antiguo compañero de partido de Fernández Artucio, como embajador en Moscú. Tras la guerra este clima se torció, bajo la influencia de EEUU, la caza de brujas de McCarthy, y las instituciones creadas para que Sudamérica no cayera en la órbita del comunismo: Plan Truman, Tratado Interamericano de Acción recíproca (TIAR) y la creación de la Organización de Estados Americanos. En Uruguay esa paranoia anticomunista se concretó en la profesionalización de los servicios de inteligencia policial y militar, creándose en 1947 el Servicio de Inteligencia y Enlace de la Policía de Montevideo (SIE), en 1951 la Confederación Sindical del Uruguay (CSU) y poco después el Instituto Uruguayo de Educación Sindical (IUES), financiado por el Instituto Americano para el Sindicalismo Libre. Parece que el propio Luis Batlle Berres creó una brigada especial ocupada en vigilar al comunismo infiltrado en Uruguay, estos es, al PCU.

En 1946, y en medio del mencionado clima político, es cuando se concretó el giro de Fernández Artucio hacia el batllismo. Hizo campaña por el colorado Tomás Berreta, que se llevaría la presidencia del gobierno uruguayo en las elecciones presidenciales de ese año. Por la amistad que le unía con el presidente, Fernández Artucio le puso a su hijo Hugo Tomás.

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Celebración por la proclamación de Tomás Berreta (en primera fila, con traje claro) como presidente de la república, en la Casa del Partido Batllista (noviembre de 1946). Fernández Artucio en tercera fila, con la cara medio tapada.

En ese mismo año Fernández Artucio organizó Acción Gremial Batllista, como medio para alinear a los trabajadores hacia el Partido Batllista Colorado durante las elecciones y como medio de combatir la influencia comunista sobre el movimiento obrero. La segunda fase fue el lanzamiento del Grupo de Sindicatos Democráticos Independientes, aunque la Acción Gremial Batllista, como mera organización partidista, no fue abandonada.

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Comida con sindicalistas batllistas, en el Puerto del Buceo (Montevideo), en 1947.

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Comida con sindicalistas batllistas, en el Puerto del Buceo (Montevideo), 1947.

Fernández Artucio desde 1950, cuando contaba con 38 años, trabajaba como director del IAVA (Instituto Alfredo Vásquez Acevedo). Ganó a plaza por concurso. Para presentarse al mismo estuvo previamente con una beca de la Unesco estudiando el problema del abandono escolar. Gracias a su investigación pudo presentar un extenso estudio y una propuesta educativa sobre este problema, para crear planes de estudio que favorecieran la reinserción escolar. En el IAVA es especialmente recordado por los campamentos que organizó en Piriapólis a partir del curso 1957-58. El prestigioso IAVA contaba con unos 5000 alumnos, que en esos años vivían una efervescencia política. Esos campamentos estaba orientados al debate y se hacía hincapié en la convivencia. Fernández Artucio ponía su propia historia de vida como experiencia educativa.

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Entrevista a Fernández Artucio en Montecarlo TV, a propósito de los campamentos que organizaba como director del IAVA (31/10/1964).

Su amistad con el mencionado anarquista chino Li Yu Ying hizo que la biblioteca de este, con incunables de gran valor sobre la historia china, llegara de Suiza a Uruguay en 1951. Li, antiguo maoista, había roto relaciones con el régimen comunista chino, y estaba temeroso de que destruyeran la biblioteca que había heredado de su noble familia. Suiza acababa de reconocer el régimen comunista de Mao en China. Las gestiones y consejos de Hugo Fernández Artucio hicieron que finalmente esta biblioteca acabara en Uruguay. Su amistad con Hugo, y que Uruguay no tuviera relaciones diplomáticas con la China comunista (en 1950 Uruguay adoptó una posición respecto a China similar que a la España de Franco, tratándolos como dos regímenes dictatoriales condenados por la ONU), hicieron que Li saltara ofertas millonarias de universidades yanquis, y la trajera definitivamente Uruguay, donde estuvo por más de dos décadas.

Previa a 1956 es la carta que le envía Joaquín Chamorro, importante periodista nicaragüense, dueño del diario La Prensa, y esposo de la que fuera presidenta de Nicaragua en 1990 (Violeta Chamorro). La carta va acompañada de otra, escrita por la hija de un “héroe norteamericano de la guerra”, y dirigida al general Maxwell Taylor, con motivo de una condecoración que éste impuso al dictador nicaragüense general Anastasio Somoza hijo (Anastasio Somoza García), que se encontraba en ese momento viajando por EEUU. Chamorro le pide a Fernández Artucio, de periodista a periodista, que publique esa carta que se acompaña en su “importante periódico” (El Día), ya que eso “ayudará mucho a la causa de los nicaragüenses libres, pues un movimiento de opinión pública continental hará comprender a Estados Unidos cómo pierden su prestigio agasajando a los tiranos con honores que solo conceden a sus propios héroes”.

En esos años, cada vez que Li Yu Ying visitaba Montevideo, iba a ver a Hugo Fernández Artucio a su casa de la avenida Bolivia, en el barrio de Carrasco, e iba toda la familia a comer a un conocido restaurante cantonés de la C/ 8 de Octubre. Los hijos de Fernández Artucio recuerdan todavía el olor a ajo del aristócrata chino, siempre vestido con el traje mandarín y con sus largas barbas blancas.

Su actividad periodística, mientras, no cesaba. Su hija le recuerda elegantemente vestido, de la noche a la mañana, y siempre escribiendo en su máquina. Hasta 1968 escribía diariamente el editorial de política internacional del periódico El Día. La Universidad de Columbia en el año 1966 le otorgó el premio María Moors Cabot, uno de los más prestigiosos en el ámbito del periodismo.

Dos años después comenzaba el particular mayo del 68 uruguayo. Fue un año muy convulso en los centros de estudio, tanto en la UdelaR como en el IAVA, que fue ocupado por los estudiantes. Fernández Artucio cuando entraba en el instituto se hacía el silencio porque era muy respetado, comenta su hija. También comenta que en una ocasión en la que los estudiantes habían tomado el edificio y la policía estaba fuera, Fernández Artucio entró para mediar. En otras ocasiones en las que los estudiantes quemaban todos los coches de los alrededores del IAVA, el Volkswagen rojo de Fernández Artucio, aparcado en la puerta, era respetado por todos.

En 1969, en medio de esta situación convulsa en Uruguay, con ese clima predictatorial conocido como el Pachecazo, Hugo Fernández Artucio fue designado embajador de Uruguay en Venezuela, a la que se trasladó con toda su familia. Allí comenzó a enfermar, causa por la que pedía la renuncia continuamente desde Montevideo, pero esta nunca fue aceptada. Murió el 5 de febrero de 1974 en Caracas.

Bibliografía:

Alexander, Robert Jackson y Parker, Eldon M. 2005. A History of Organized Labor in Uruguay and Paraguay. Greenwood Publishing Group.

Alzugarat, Alfredo. 2014. De la dinastía Qing a Luis Batlle Berres. La biblioteca china en Uruguay. Montevideo. Biblioteca Nacional.

Bauman, Gino. 2009. Los Voluntarios Latinoamericanos en La Guerra Civil Española. Cuenca, Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha.