Lazarraga Helguera, José

27 de agosto de 1887 (Salvatierra-Agurain, Araba, España) – octubre de 1965 (Montevideo, Uruguay)

 

retrato-Lazarraga

 

José Lazarraga es uno de los voluntarios más conocidos de los que fueron a la Guerra Civil española. Había sido dirigente de uno de los principales sindicatos del país, y, sobre todo, uno de los primeros diputados comunistas en el parlamento uruguayo, junto a su eterno compañero de partido y rival Eugenio Gómez. Es por ello por lo que ya existen algunas biografías de Lazarraga, en concreto las de Rodolfo Porrini, quien pudo entrevistar a su hija, y la del libro “América Latina en la Internacional Comunista 1919-1943”, de Jeifets y Jeifets. Ambas biografías se centran sobre todo en el periodo previo a su paso por la Guerra Civil, y no entran en las causas que le motivaron a ir a España ni a su papel en la guerra. Intentaremos acercarnos a estas facetas más oscuras gracias al libro “Camaradas y compañeros. Una historia política y social de los comunistas del Uruguay”, de Gerardo Leibner, los artículos de Justicia escritos por Lazarraga o que tratan sobre él, y la documentación del Comintern de los archivos rusos. Además contamos con la entrevista que realizamos a su nuera, Esmeralda Pérez, y al dirigente comunista Dari Mendiondo, quien conoció a nuestro protagonista en los años 60. Interesa detenerse mínimamente en esta figura tan relevante del movimiento comunista ya que a través de su biografía podemos rastrear los vaivenes del Partido Comunista de Uruguay (PCU) entre las décadas del 20 y del 50.

José Lazarraga Helguera nació el 27 de agosto de 1887 en Salvatierra-Agurain (Araba, País Vasco, España). Pertenecía a una familia de ganaderos pobres. Sin embargo su nuera nos indicó que el padre de José Lazarraga, León Florentino Lazarraga, había sido periodista. José Lazarraga se dedicó al trasiego con las vacas hasta que en 1904, con tan sólo 17 años, emigró a Uruguay. Al igual que a otros inmigrantes le esperaban en su país de acogida los trabajos más duros y peor pagados. Empezó en las “barracas de lana”, de jornadas largas y mal pagadas, lo que le llevó a organizarse con otros descontentos. Poco después pasó a trabajar en los molinos y ahí organizó el Sindicato de Molineros y Fideeros. El contacto con la que sería su mujer se originó al alquilar un altillo en la casa de sus futuros suegros, que tenían un almacén. El 11 de marzo de 1917 se casó con Jesusa Murugosa (nombre indicado por Esmeralda Pérez, aunque en Justicia se refieren a la “compañera” de Lazarraga como Jesusa Lema, también nacida en España o de origen español) y en 1924 se naturalizó como uruguayo. Hasta después de casarse no es cuando entró definitivamente en política. Habría que distinguir una fase de militancia sindicalista, de corte anarquista, y una posterior militancia política, ya dentro del PCU.

En octubre de 1923 hay una referencia bastante crítica a nuestro protagonista en Solidaridad, tal vez por su integración en la recién creada Unión Sindical Uruguaya (USU), escindida de la FORU. En la nota se hacía referencia a su actuación en el “Sindicato T. de Barraca”. En la USU confluían una mayoría de anarco-sindicalistas junto a la minoría de comunistas, que tenían en común su apoyo a la Rusia de los Soviets en sus inicios. Años después, como parte del Comité Central pro Boycotts, Lazarraga fue definido por un militante anarcosindicalista como “uno de los obreros comunistas que en verdad han luchado por el éxito del boycott contra la empresa Saint”. A instancia de los comunistas en noviembre de 1927 se creó en el seno de la USU el Block de Unidad Obrera, cuyos sindicatos fueron expulsados de la misma en febrero del año siguiente. Sobre aquella base, en mayo de 1929 se fundó otra central, la Confederación General del Trabajo del Uruguay (CGTU). Participando en su congreso fundacional, Lazarraga fue electo su Secretario General, cargo que desempeñó por varios años.

Abandonó las ideas anarco-sindicalistas e ingresó en el PCU en 1926. Recordemos que fue en 1919, cuando había surgido el PCU como escisión del Partido Socialista de Uruguay (PSU), al aceptar las “21 condiciones” y entrar así en la Tercera Internacional o Comintern. Esas 21 condiciones fueron marcadas por Lenin para forzar a facciones de partidos socialistas y socialdemócratas a incorporarse a la nueva internacional surgida en Moscú, que seguía una vía marxista revolucionaria que se alejaba del carácter reformista y conciliador del orden burgués, mayoritario en la Segunda Internacional. Así, aceptando los 21 puntos, pasarían a ser Partido Comunista de Uruguay, bajo control directo de la Comintern como partido revolucionario internacional, altamente organizado y centralizado. Pensemos que entre esas condiciones estaban, por ejemplo, combinar formas de lucha legal e ilegal (3ª condición) o dirigir propaganda y agitación hacia los enrolados en las fuerzas armadas (4ª condición), por ejemplo.

Lazarraga tuvo un papel activo en el PCU en los primeros momentos del partido, en lo que se ha llamado prehistoria del comunismo uruguayo, momentos en los que el comunismo dominaba a nivel sindical, atrayendo a buena parte de los obreros, pero que no conseguía que ese apoyo se concretara en votos en las elecciones. Así, por ejemplo en 1946, uno de los años de mayor éxito electoral, llegaron solamente al 5% de los votos.

A partir de 1926 comenzó a desempeñar cargos de importancia tanto en el partido como en los sindicatos comunistas: miembro del Consejo Central del Bloque de la Unidad Obrera (BUO) del Uruguay por el PCU, siendo secretario del BUO  entre 1927 y 1928. Secretario de la CGT del Uruguay en 1929. Delegado al Congreso Sindical Latinoamericano (Montevideo, 1929). Miembro del Consejo General de la Confederación Sindical Latinoamericana (CSLA) por la CGTU en 1929, y en ese mismo año informante sobre cuestión sindical en el XI Congreso del PCU. Participó en la Conferencia Sindical Latinoamericana para la preparación del V congreso de la Profintern -internacional sindicalista comunista- en 1930, pasando a ser miembro de su comité central.  Lazarraga representaba una línea de izquierda dentro del PCU que se ajustaba bien a la línea sectaria y ultraizquierdista del Comintern, de “clase contra clase”, impuesta a partir de 1928, y que en el PCU significó expulsiones masivas -por ejemplo de intelectuales y “burgueses”- y una obrerización del partido.

El salto a la política institucional de Lazarraga se dio en un momento complicado, tras la crisis del 29 y el aumento del fascismo internacional, que en Uruguay tuvo su correlato en el crecimiento de las tendencias conservadoras y de la represión antisindical. A los militantes de ideologías revolucionarias les tocaron tiempos de persecuciones, clandestinidad, exilios y prisiones. La hija de Lazarraga le contó a Rodolfo Porrini que su padre tenía un gran carisma y que era un orador nato, que daba una conferencia y conseguía reunir a mucha gente alrededor suyo, contagiando su alegría de vivir. Así Lazarraga, pese a ser en ese momento casi analfabeto, pues había dejado la escuela en el tercer año, se había convertido en uno de los sindicalistas más conocidos. José Lazarraga salió electo diputado por el PCU en las elecciones de noviembre de 1931, junto a su compañero Eugenio Gómez. De esos años previos a la dictadura de Terra es cuando surge el mito del diputado comunista que acudía al parlamento con el mameluco, el mono de trabajo, orgulloso de su identidad proletaria ratificada en el vestir.

Lazarraga 1931 a

Listado de candidatos del PCU por Montevideo a las elecciones para la XXXI Legislatura Nacional de 1931 (Eugenio Gómez en el nº1, José Lazarraga en el 2 y Andrés Risso en el 9). Fuente Historial de Hojas de Votación. Corte Electoral del Uruguay.

 

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Listado de candidatos del PCU por Montevideo a las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente (Eugenio Gómez en el nº2, José Lazarraga en el 3, y Andrés Risso en el 29). Fuente Historial de Hojas de Votación. Corte Electoral del Uruguay.

El 20 de febrero de 1932, siendo ya diputado en ejercicio y mientras arengaba a un reducido público desde una improvisada tribuna, fue detenido por la policía acusado de incitar al “derrocamiento del gobierno fascista”, según el informe policial. La Asamblea General finalmente ordenó su puesta en libertad.

No pudo terminar su mandato por el golpe de estado de Gabriel Terra del 31 de marzo de 1933. Pese a la dictadura participó en la XII sesión del Comité Central de la Profintern en 1934 y fue uno de lo co-ponentes en el XI congreso del PCU. Entre 1933 y 1940 fue miembro del Comité Central del PCU. Tuvo la “suerte” de no ser deportado, como sí lo fueron otros extranjeros sindicalistas (los españoles Juan Llorca y Francisco Carreño), en momentos en que el Estado desplegaba una importante legislación migratoria represiva. No obstante, en el corto período en que ejerció el cargo de diputado formuló junto a Eugenio Gómez, el otro diputado comunista, varios proyectos de ley relacionados con los trabajadores y los sindicatos, que nunca fueron aprobados.

Lo que pasó a partir de ese momento está estrechamente relacionado con los cambios políticos de la Comintern en 1935. A comienzo de los años 30 el PCU mantuvo una postura extremista y sectaria en la línea de las directrices del “tercer periodo” de la Comintern y su doctrina de “clase contra clase”. Según ésta la crisis mundial de 1929 había abierto un periodo revolucionario en el que no había alianzas posibles con ningún partido que no fuera revolucionario o con sectores sociales no proletarios. Había que apartarse del reformismo. Ya en abril del 1933, con el comienzo del régimen autoritario de Terra, los socialistas y comunistas habían escrito sobre la posibilidad de un frente común. Pero siguiendo las doctrinas de la Comintern el PCU, con una visión sectaria y oportunista, había desdeñado la propuesta de entendimiento con el PSU y los sectores democráticos de los partidos tradicionales. El problema es que esa misma actitud había hecho ascender al nazismo en Alemania, por el desencuentro entre comunistas y socialdemocratas. Así la Comintern modificó su línea con el búlgaro Georgi Dimitrov -secretario general desde 1934- en el VII Congreso de la Comintern en 1935: ahora se apoyarían los frentes populares, con otros partidos de izquierda y partidos democráticos burgueses, por defender las democracias frente al fascismo y por recuperar las libertades donde ya se habían perdido.

En 1935 Eugenio Gómez estaba volviendo de su viaje a la URSS, en donde habría participado seguramente en el mencionado congreso. Gómez, vía España, era el mensajero que llevaba el cambio de viraje de la Comintern a Uruguay. Al llegar a Uruguay se enteró del intento de insurrección antidictatorial liderado por el blanco Basilio Muñoz y apoyado por los sectores democráticos más radicalizados de los partidos tradicionales (Partido Batllista, Partido Nacional Independiente). Para sorpresa de Gómez el PCU no se había unido a la insurrección antiterrista, sino que se había mantenido en una neutralidad hostil hacia lo que consideraban una nueva pugna entre caudillos burgueses. Hasta ese momento Gómez había sido un dirigente más del partido, a la altura de Lazarraga y Risso, sin embargo la nueva política de la Comintern a partir de 1935, dejando atrás la lucha de “clase contra clase” y abrazando los frentes populares, daba a Gómez una posición privilegiada frente a los otros dos dirigentes, que seguían apostando por la estrategia previa. La nueva línea de la Comintern en 1935-1936 no sólo dejó desorientados y desubicados a muchos dirigentes del PCU, sino que también se aprovechó en las luchas de poder del partido. La nueva línea significó el ascenso de Eugenio Gómez al liderazgo máximo, ya no compartido con otros dirigentes de similar prestigio o jerarquía. Los más recalcitrantes al cambio fueron expulsados, otros daban un paso al costado. Por su parte José Lazarraga, fue apartado de todos sus cargos de importancia. Sin embargo, Lazarraga no abandonó el partido y terminó encontrando una solución temporaria  y heroica a sus desacuerdos con la línea de Gómez: se alistó voluntario a combatir en España. Risso optó también por ese camino como una forma adecuada de regresar a la militancia tras casi un año de inactividad por sus desencuentros con Gómez.

Con el viraje político se crearon en el PCU nuevas prácticas políticas receptoras de intelectuales, provenientes de sectores medios: primero como aliados políticos, luego incluso como nuevos afiliados. A medida que la situación en Europa se iba polarizando, más aún tras el estallido de la guerra en España, y que el PCU demostraba ser el partido político uruguayo más sensible y reactivo al drama europeo, se iban abriendo sus puertas para la colaboración y el ingreso de jóvenes no obreros, particularmente sensibles al drama de la guerra. El Frente Popular como estrategia electoral al estilo de España, Francia o Chile no llegó a concretarse en Uruguay. Pero desde el punto de vista de la experiencia política acumulada por los militantes las que resultaron más relevantes en la línea del Frente Popular se dieron en la concentración de esfuerzos y en la movilización conjunta, con una variada gama de militantes de otros sectores políticos y sociales, alrededor de la solidaridad con la República Española, en contra del avance nazi y fascista y por la restauración de las libertades democráticas. Con una prédica antifascista compartida por comunistas, socialistas, liberales, batllistas y nacionalistas independientes, se realizaron movilizaciones de masas de magnitudes desconocidas hasta entonces en la historia política uruguaya. Podríamos decir que el primer referente uruguayo de un Frente Popular fue con motivo del apoyo a la República Española.

Por su parte sabemos (Justicia 30/10/1936) que ese año 1936 en el que Lazarraga había caído en desgracia dentro del PCU coincidió con su jubilación, con permiso del Partido. Llevaba cotizados ya 17 años, pese a llevar 21 años de “trabajo en las faenas más rudas de barracas y molinos, después que se le han cerrado las puertas de las fábricas por venganza patronal contra sus ideas generosas y su manifiesta combatividad”. Según el citado artículo se le explotó por bajísimos jornales y estuvo 12 años en la barraca Rodríguez y Amespil. A tanto llegó el odio y la persecución contra él que la Cámara Mercantil presionó para que lo echaran del Molino Montevideano. Quedó Lazarraga con una jubilación ínfima por las leyes de reajuste (de 50 pesos que le correspondían a 37), siendo “víctima de una nueva de explotación”, y en medio de la ridiculización de la “prensa burguesa”, que incluso sacó caricaturas sobre su jubilación. Pero eso no significa que pasara a una nueva época de descanso, sino que su actividad por el partido sería redoblada.

En ese contexto Lazarraga llegaba a la Guerra Civil española en abril de 1937, a Barcelona. En una de las postales enviadas a su hijo Julio, datada en Madrid a mediados de 1938, decía: “Querido hijo. En las horas más difíciles para la humanidad nuestro pueblo no se [amilana y] jura trabajar hasta la victoria. La ciudad está alegre, se trabaja mucho y se vencen todas las dificultades. Abrazos. Papá”. José Lazarraga ya había escrito otras postales, guardadas en la casa familiar, en 1937 desde Madrid, en 1938 desde Bélgica y en 1939 desde la URSS.

lazarraga-fuera-de-españa

Lazarraga en Valencia, nada más llegar a la Guerra Civil

 

Ya sólo esta correspondencia indica que no se trató de un miliciano más. No era lo más frecuente que un combatiente estuviera entrando y saliendo del país. Existe un documento en los archivos rusos de la Comintern, firmado por Andre Marty, y escrito en francés, fechado en París el 8 de junio de 1939, en donde este líder comunista, organizador de las Brigadas Internacionales, expresa su desacuerdo con un viaje que había realizado Lazarraga en medio de la Guerra Civil a Argelia. El texto de esta carta dice:

París 8/6/39

D’autre part, José Lazarraga, qui se dit membre du P.C. Uruguayen a été envoyé en URH d’Algerie sans même nous en informer. J’aurais été absolument contre son départ.

A. Marty

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París 8/6/39

Por otro lado, José Lazarraga, quien se dice miembro del P.C. Uruguayo ha sido enviado como (a la/al?) URH de Argelia sin ni siquiera informarnos. Me habría declarado totalmente en contra de su partida.

A. Marty

Carta-Andre-Marty-sobre-Lazarraga

Este hecho también es relatado por Dari Mendiondo, quien en sus conversaciones de joven militante comunista con el viejo Lazarraga en torno los años 60 este le contó como tuvieron que ir al norte de África porque las cosas “se habían puesto feas”. No sabemos a ciencia cierta en qué consistió aquel viaje ni el motivo de que las cosas se hubieran torcido. Desconocemos que es el URH de Argelia.

En varias de las biografías se alude a que fue a “combatir” a España. Asimismo en el semanario Justicia se alude a que fue a “combatir”, como en el artículo en donde su compañera, Jesusa Lema, recibe y publica una carta de la combatiente asturiana Peregrina González, militante del PCE, quien se deshace en honores hacia Lazarraga (17/06/1938). Pero precisamente serán las páginas de este semanario las que mejor nos permitan hacernos una idea del papel de Lazarraga en la Guerra Civil, que no consistió en combatir en el frente. Pensemos que Lazarraga, al igual que Rizzo, se trataba de una figura destacada del PCU, enviado como enlace con el PCE, y que en el momento de llegar a la guerra tenía 50 años.

En el número del 2 de julio de 1937 se publicó un artículo de Lazarraga comentando el congreso del Partido Comunista de España en Valencia, los delegados que asistieron y la fortaleza del mismo, con más de 300.000 afiliados. Se trató de un congreso para reforzar la línea del Frente Popular y del frente sindical, con las centrales UGT y CNT como protagonistas, como única estrategia posible para ganar la guerra. Parece que Lazarraga se convenció en España de los beneficios de la estrategia de los frentes populares, que antes, en Uruguay, había combatido con firmeza. En el artículo aparece la foto de Lazarraga enmarcado por Díaz, Secretario General del PCE, y la Pasionaria. La imagen de Lazarraga en Valencia, vestido de paisano y con un maletín en la mano, será la que se repita en diferentes artículos de este mismo periódico.

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Llama la atención la nota publicada poco después, el 24 de julio, en donde en un acto del PCU en Montevideo se hace un recuerdo a Gómez y Lazarraga, “en misiones en el extranjero”, equiparando así a un Gómez que no había ido a la guerra con un Lazarraga que estaba en plena faena. Queda claro el carácter propagandístico pro Gómez de la nota.

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De ese mismo año (24/12/1937) es el documento encontrado en los archivos rusos de la Comintern, en el que queda de manifiesto el trato directo de Lazarraga con los miembros del Comité Central del PCE. En esta misiva se expone como por disposición del Comité Central del PCE cada comisión del Partido le entregaba materiales que le hacían posible seguir las cuestiones políticas del Partido en Uruguay. Pero el traslado del Comité Central del PCE le habría dejado sin esos materiales, con lo que el PCU se quedaría resentido. Pide que se ordene que se le vuelvan a disponer los medios para seguir las vicisitudes políticas del PCU.

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En el número del 5 de enero de 1938 apareció una nueva carta de Lazarraga, Pereyra y Cuevas, narrando la conquista de los Carabancheles (Madrid), e indicando que iban a comenzar sus visitas a los frentes y la realización de entrevistas. A finales de 1938 se publicó en Justicia el regalo de año nuevo que el Partido les mandó a los camaradas que estaban luchando en España: Lazarraga, Risso, Pereira y los hermanos López Silveira. En el número del 6 de enero de 1938 vemos el único artículo que mandó Lazarraga como corresponsal de guerra, en el frente del Puente de Toledo de Madrid, en los Carabancheles, acompañados del jefe del Estado Mayor. La visita es de diciembre de 1937, y estuvo realizada por Lazarraga, Pereira y Cuevas, quienes transitaron por las trincheras y los abrigos de la tropa, en medio del silbido de las balas y de las roncas explosiones de los morteros, hablando con los milicianos y presentándose como uruguayos.

La publicación del 18 de enero de 1939, en un artículo para ensalzar la muerte de los héroes caídos (Facal, Torres, Tuya), y la lucha de otros dirigentes del PCU en España como Risso y Pereira, da una pista sobre el relevante papel de Lazarraga en la Guerra Civil: “con puesto de gran responsabilidad”. Poco después, en marzo de ese mismo año, se publicó un homenaje a Antonio Pereira, caído en España, y redactado por el propio Lazarraga. Por las respuestas que dio Facal a las encuestas realizadas en 1938 para su ingreso en el PCE, en plenos combates de la Batalla del Ebro, queda claro como para todos estos comunistas uruguayos que combatieron en España Lazarraga era un referente y un garante de que lo que ellos respondían era cierto.

El gobierno republicano le encomendó a comienzos de 1939 la responsabilidad de la evacuación de Castellón y otros pueblos del Levante. Salió de Valencia, el último bastión de la República, el 22 de marzo de ese año. Desde Justicia se publicaba su foto y se exigía al gobierno que hiciera algo para repatriar a este líder comunista que estaba en riesgo de caer en las garras del fascismo. Las dudas sobre Lazarraga se disiparon el 5 de mayo de 1939, cuando Justicia publicó que aquel había dado señales de vida, y que ya estaba fuera de España. En esa noticia sin embargo no se alude a que Lazarraga organizara la evacuación de Valencia sino “la organización de la defensa de Valencia”. Varios artículos de junio de 1939 dan cuenta de los actos realizados en Montevideo para repatriar a Lazarraga, indicando que no estaba en ningún campo de concentración. El Comité de Ayuda a España del Barrio Jacinto Vera (Justicia, 2 y 16/06/1939) hizo un festival en el cine Ateneo (C/ Garibaldi) para repatriar al “camarada” Lazarraga y al compatriota Antonio Morena Aguilera, ya que supuestamente estaban en campos de concentración.

El 12 de abril de 1940, ya con Lazarraga en Uruguay, se publicó otro artículo para homenajear a los caídos en España, gracias a lo cual se publicó una foto suya recién llegado a la guerra, y titulado “Combatieron y cayeron por España para honra del país y de nuestro partido”. En la entradilla del artículo se presenta a José Lazarraga, ese “querido y viejo militante conocido por toda la clase obrera uruguaya”, como uno de los “primeros hombres que la dirección de nuestro Partido envió a colaborar en la lucha de España contra el fascismo. Su actuación allí fue ejemplar. Después de recorrer los frentes de Extremadura y Madrid, fue encargado por el Comité Central del gran Partido Comunista de España de las tareas de colaborar como uno de los principales responsables en la organización partidaria de la región de Levante, principalmente Valencia. Sus extraordinarias dotes de organizador y su dinamismo fueron tan manifiestas que en los últimos días de la República el gobierno de Negrín lo designó delegado responsable en la evacuación de Castellón y los pueblos de Levante”.

En síntesis, con toda esta información, podemos advertir que Lazarraga tuvo un papel destacado dentro de los comunistas uruguayos que fueron a la Guerra Civil. Fue el que más tiempo estuvo, y sus contactos con los frentes de combate fueron a modo de visitas. Su papel más destacado lo tuvo en la región de Levante, en donde el propio gobierno republicano le encargó la evacuación de diferentes poblaciones ante el avance franquista, aunque es posible que también trabajara previamente en la organización de la defensa de este sector. Como hemos visto seguramente el papel que el PCE le asignó fue el de la organización partidaria en la región levantina, y en concreto en Valencia. Fue un claro enlace entre el PCU y el PCE, teniendo contacto directo con la cúpula del PCE y fue también un referente para el resto de comunistas uruguayos que fueron a la guerra. Sabemos que realizó un viaje a Argelia antes de finalizar la guerra, y es posible que otro a Bélgica. El propio André Marty se refiere a él con nombres y apellidos, de lo que se deduce que tuvo cierta relevancia en las tareas organizativas del PCE en la retaguardia.

Salió de Valencia el 23 de marzo de 1939. Estuvo en la URSS junto con algunos exiliados políticos españoles. La dirección del PCE, en junio de 1939, propuso enviarle a Colombia y Uruguay para popularizar la experiencia de la República Española. Regresó a Uruguay en octubre de 1939. Nada más llegar comenzó una intensa actividad periodística en Justicia, con artículos de opinión sobre la Guerra Civil, como el del 13 de octubre de 1939 sobre el golpe de Estado de Casado, a quien acusa de traición y de trotskista. Asimismo el día 10 de noviembre se anunciaba un acto en el cual Lazarraga hablaría sobre la lucha del pueblo español. Pero más allá de sus artículos y recuerdos sobre la Guerra Civil española y los compañeros caídos, Lazarraga comenzó de nuevo una activa vida política dentro del Partido, para disputar el liderazgo a Gómez.

Para entender esta nueva etapa de Lazarraga en el PCU desde su vuelta de España hay que hacer de nuevo referencia tanto a la Comintern y la URSS, con sus directrices políticas, como al juego de Gómez por seguir acumulando poder dentro del PCU.  Entre 1939 y 1941 la postura del PCU de no criticar a la URSS y su acuerdo con Alemania (pacto Molotov-Ribbentrop), y la postura oficial de denunciar los imperialismos y la guerra de forma genérica, despertaba recelos entre muchos sectores sociales que veían incongruente la actitud del PCU respeto a su postura previa durante la guerra de España. Además fueron años en los que no se celebraron congresos de la Comintern para dar claves políticas precisas, así que el PCU tiraba de la propaganda rusa y con esa magra información era difícil poder justificar públicamente la postura adoptada. Todo esto sumado al distanciamiento con los otros partidos propició una lucha de poder en el seno del Partido. A pesar de la existencia de variadas posiciones y agrupamientos internos, la lucha se fue polarizando y personalizando alrededor de la rivalidad irreconciliable entre Gómez y Lazarraga, recién regresado de la derrota española. Los dos dirigentes repatriados, Lazarraga y Risso, buscaban reintegrarse a la dirección del Partido, lo que era resistido por Gómez, dominador del aparato del Partido. Por su parte Gómez aparentaba ser el más perjudicado por el nuevo cambio de línea, al estar plenamente identificado con la política anterior del Frente Popular. Más aún si consideramos que la nueva línea, aunque no suficientemente definida ni elaborada por la Comnitern, aparentaba ser más próxima a la anterior, ultraizquiedista, en la que Lazarraga y Risso estuvieron involucrados. Sin embargo existían otras corrientes de opinión dentro del Partido. A comienzos de 1940 reinaban la confusión y la lucha entre varios sectores internos. Gómez, a la defensiva, demostraba su capacidad de adaptación rápida a la nueva línea, guiado antes que nada por su lealtad absoluta a la Unión Soviética y las instrucciones de la Comintern.

Así vemos a Lazarraga el 26 de enero de 1940 en Justicia en plena actividad preparando el XIII Congreso del PCU, con un artículo monográfico. En este se lamenta de haber perdido la oportunidad de haber usado la gran movilización de ayuda al pueblo español que se había dado en esos tres años en Uruguay como modo de afianzar la militancia comunista y la unidad proletaria. Se entrevén críticas a la dirección del Partido en el tiempo en el que él estuvo en España, por no haber usado ese tirón, no haber atraído al PCU a los obreros más combativos de cada fábrica y no haber creado comités en cada lugar de trabajo. Se acusa a la dirección actual de trabajar poco en la lucha sindical, quizás por la composición misma del Partido, de lo que se deducen críticas a la incorporación de intelectuales y clases medias. Se ve a un Lazarraga crítico con la dirección del PCU por no haber puesto en marcha las resoluciones aprobadas en el anterior congreso, dos años atrás, y un Lazarraga que se presenta a sí mismo como correa de transmisión de las directrices políticas de Moscú, con citas literales de Dimitrov, secretario general de la Comintern, y Stalin, respecto a la posición que debe tomar el PCU con respecto a las guerras imperialistas que se daban en ese momento.

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El 14 de marzo de 1940, en medio de la preparación del XIII Congreso del PCU, salió publicado en Justicia una entrevista a Lazarraga, que en ese momento tenía el cargo de Secretario de Organización del Partido, en donde se le preguntan sus impresiones sobre el congreso. El tono del mismo es sin duda de euforia y optimismo, por la gran concurrencia que habrá en el congreso, tanto de obreros del interior, como de representantes de los partidos comunistas de Chile y Argentina. De hecho el tono eufórico de Lazarraga también se observa al comienzo de la entrevista, cuando curiosamente, y recién llegado de la derrota en España, alude a que “la particularidad del momento actual es que las victorias socialistas elevan el sentimiento revolucionario y el apoyo de la clase obrera internacional prepara la derrota de los imperialistas”. El XIII Congreso del PCU de marzo de 1940 finalizó en una especie de conciliación, conservando todas las fracciones en pugna puestos en la dirección partidaria. Lazarraga fue electo integrante de su Comité Ejecutivo.

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Mientras tanto, Gómez maniobraba al interior del partido reivindicando y promoviendo las figuras de otros dos cuadros militantes obreros, Juan V. Mujica y Julia Arévalo, así como alentando a militantes jóvenes que habían ingresado en el Partido durante la segunda mitad de los treinta y por lo que eran menos conocidos y afectos a Lazarraga y a Risso. La definición se produjo finalmente con la ayuda de los dirigentes del Partido Comunista de Argentina, que eran los habituales canales de comunicación del PCU con la Comintern, particularmente Victorio Codovilla. Con ese decisivo respaldo, y tras un proceso similar de lucha interna y depuración en el Partido Comunista de Chile, Gómez inició una típica depuración al estilo stalinista. Decenas de personas, encabezadas por el mismo Lazarraga, fueron expulsadas del PCU durante los últimos tres meses de 1940. Otros abandonaron las filas por su propia voluntad y desilusión. El Partido quedó reducido a un núcleo de entre 250 y 400 afiliados, según estimaciones posteriores. Lazarraga, que había demostrado en varios artículos, como el comentado más arriba, su odio intenso hacia los trotskistas, era acusado de “bandido trotskista” por el sector de Gómez. Gómez pasó a convertirse en el líder indiscutido, en el “pequeño Stalin”. El 3 de enero de 1941 Justicia  publicaba un artículo titulado “Con los Macías y los Foca, Lazarraga y Risso intentaron apoderarse de la Dirección para destruir Nuestro Partido”, en el que se acusaba de trotzkistas a Macías y Foca, quienes se autodefinían como “comunistas independientes”, y cuyo objetivo era destruir el partido, para lo cual se habrían apoyado en Lazarraga y Risso. Este artículo demuestra como la línea autoritaria de Gómez intentaba desacreditar las posiciones disidentes, como la representada por la lista alternativa para la dirección del partido, encabezada por Lazarraga, Risso, Macías y Cabeza Silva. Y la mejor opción era acusarles de “banda criminal trotzkista”. El artículo también se hace eco de que “ahora no valdrán ni las hipocresías, ni las amenazas, ni la gritería histérica de la prensa burguesa que proclama `inocentes´ a Lazarraga y Risso”. El artículo cierra con un “el Partido limpiará sus filas”.

Los cambios producidos en 1955 en el PCU ambientaron el reingreso de Lazarraga, según algunos, por una gestión personal impulsada por Rodney Arismendi, el nuevo secretario general. Arismendi marcó un nuevo rumbo para el Partido, con su expansión y conversión en un partido de masas, y con la alianza obrero-estudiantil, abandonando el sectarismo anterior del “pequeño Stalin”.

En los años 60, como ya indicamos, Lazarraga seguía militando y conversando con las nuevas generaciones de comunistas, como el histórico dirigente Dari Mendiondo, quien recuerda las historias que contaba de la guerra, como el bombardeo de Madrid, la ayuda soviética o la organización de las Brigadas Internacionales. Le recuerda como un hombre grande, fornido y corpulento, pese a su avanzada edad. También como un hombre generoso y vital. Recuerda las conversaciones con él sobre política, sobre el franquismo y el nazismo, sobre los bombardeos, el hambre, la falta de medicamentos y armas, los fusiles viejos, las salvajadas de los moros, y sobre todo el heroísmo de Madrid, donde había estado. Esas conversaciones se daban en un local en el barrio de los judíos, en la C/ Blandengues y Porongos, propiedad de Francisco Pintos, un historiador del PCU, y único uruguayo que había conocido a Lenin, en 1922. Lazarraga era muy amigo suyo y en ese local se reunían los dos. Ahí entraban en contacto con jóvenes que comenzaban su militancia comunista, y que escuchaban las historias de la Guerra Civil española de la boca de Lazarraga, conformando un imaginario de lucha.

A la pregunta de Porrini a su hija sobre si continuaba militando en sus últimos años ella respondió: “Sí, hasta el último día de su vida. En la noche anterior él repartió volantes, como hasta las nueve y media de la noche … cenó, se acostó … y a las dos de la mañana [falleció]”. Era 1965, tenía 78 años.

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Referencias bibliográficas:

Jeifets, V. & Jeifets, L. 2015. América Latina en la Internacional Comunista 1919-1943. Santiago de Chile, Ariadna Ediciones.

Leibner, Gerardo. 2011. Camaradas y compañeros: una historia política y social de los comunistas del Uruguay, Ediciones Trilce, Montevideo.

Porrini, R. 2011. “La historia y la memoria obrera: IV. Trayectorias militantes: sindicalismo y política en la vida de José Lazarraga”. Trabajo & Utopía , 5: 17-18.

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