Ladra Pérez, (José) Sol

Montevideo (Uruguay) 1914 – Montevideo (Uruguay) 1989

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Antonio Ladra, hijo de Sol Ladra Pérez, nos cuenta la historia de su padre en la cafetería del Centro Cultural Español de Montevideo, mientras nos muestra documentos y fotografías y se queja de que el nombre de su padre no esté en el listado del monumento a los voluntarios uruguayos del Parque II República Española de Santiago Vázquez. Luce en su muñeca el reloj que llevaba puesto su padre cuando regresó a Uruguay en 1950.

Los padres de Sol eran campesinos gallegos de Viveiro (Lugo). Ya estaban casados cuando la madre de Sol, Mercedes Pérez Calderón, decidió venir a Uruguay. Corría el año 1912. Posteriormente trajo a su marido, José Ladra Insúa. Vivían en una pensión, cerca de la C/ Paysandú. Poco después, el 10 de mayo de 1914, nació Sol. En ese momento ya viven en la C/ Daymán 4537 (actual C/ Julio Herrera y Obes). El padre de Sol tenía 29 años de edad y la madre 27. El padre es de profesión mueblero, y en concreto muebles de madera artesanales. Decidieron ponerle a su hijo un nombre muy poco común para el ambiente aldeano gallego. Sin embargo es un nombre de resonancias libertarias. Es posible que ya estuvieran vinculados a algún movimiento anarquista en su tierra natal. No hay que descartarlo ya que precisamente es en la costa en donde más extendido estaba el anarquismo en Galicia (Pereira, 2013). Otra opción es que esta afinidad viniera ya a partir de su llegada a Uruguay. Este nombre le daría posteriormente a Sol algún quebradero de cabeza.

No lograron levantar cabeza y decidieron regresar a España cuando Sol tenía 3 o 4 años, esto es, en torno a 1917 / 1918. Sin embargo en lugar de volver a Galicia decidieron ir a Cantabria, en concreto a la localidad de Santoña, en donde fueron arrendatarios de un campo y tuvieron vacas. Allí creció Sol y nacieron sus hermanos Antonio, Eugenio y Mercedes. Al parecer todos ellos eran analfabetos y no estaban escolarizados. Sol de esa época recordaba sus baños en el mar, desde donde competían tirándose desde los acantilados, así como la población de Cabezón de la Sal.

Cuando Sol tenía 22 años estalló la Guerra Civil en España. No contaba mucho de aquella época, pero sí que hizo bastantes kilómetros andando para ir a ver un mitin del líder anarquista Buenaventura Durruti.

Tanto Sol como su hermano Antonio se alistaron en el ejército republicano. Sol contaba muy poco sobre la guerra. Antonio, su hijo, cree estar seguro de que estuvo luchando en el norte, seguramente en la propia Cantabria, y dentro de una milicia anarquista. Entre las escasas historias que rememoraba se encontraba la de un combate contra los fascistas italianos. De hecho se quejaba de que estaban en el frente muy mal pertrechados y con armas de de desecho, mientras que los comunistas estaban en la retaguardia pavoneándose con las armas nuevas que había mandado la URSS. No obstante, con esa precariedad consiguieron que los fascistas italianos salieran corriendo despavoridos. También recordaba el asalto a un camión Hispano-Suiza, lleno de quesos, y cómo fueron sacando todos los quesos sin que el conductor se enterara. Aquello fue un hito porque casi no tenían que comer y las mondas de patatas eran un manjar para ellos.

Sabemos que en los primeros días de la sublevación desde el acuartelamiento de Santoña, mantenido fiel a la República, salieron miembros de la Guardia Civil y milicianos hacia el puerto de los Tornos para defenderse de un posible ataque de los franquistas desde Burgos. También sabemos que desde Santander se formaron 5 Columnas Mixtas formadas por milicianos, carabineros, guardias civiles y de asalto, y soldados, y más tarde se refundieron en 3 Agrupaciones. La columna número 1 defendió el Puerto del Escudo. En octubre el presidente Largo Caballero reorganizó el ejército y el norte quedó encuadrado en el II Cuerpo del Ejército del Norte. En esta reorganización en Brigadas Mixtas se ven muchos jóvenes llamados a quintas, pero también 4 brigadas autónomas comandadas por sindicalistas socialistas de la UGT y anarquistas de la CNT con voluntarios de estas tendencias políticas (Gutiérrez y Gudín de la Lama, 2005). Es posible que Sol Ladra formara parte de estas últimas. En el sur de Cantabria, en el conocido como Frente de los Puertos, se resistió hasta agosto de 1937, cuando las tropas del ejército franquista y los italianos del Corpo Truppe Volontarie (CTV) avanzaron hacia la costa y tomaron todas las localidades y la capital, Santander, hasta que la provincia quedó totalmente capturada en los primeros días de septiembre. Ello provocó la huida de los republicanos hacia Asturias, que aguantaron hasta octubre (Gutiérrez y Gudín de la Lama, 2005). Sabemos que durante la conocida como “Batalla de Santander” los flechas negras italianos participaron en numerosos combates, desde la toma del puerto del Escudo hasta la conquista de localidades costeras, por lo que sería difícil poder acotar los combates en los que participó Sol Ladra.

Un documento del Ministerio de Hacienda español de 1984, como respuesta a la solicitud de Sol Ladra para obtener una pensión como mutilado excombatiente de la Guerra Civil, textualmente dice: “Que de la documentación que obra en el expediente se desprende que D. Sol Ladra Pérez contrajo tuberculosis pulmonares durante su permanencia en la prisión Tabacalera de Santander donde fue trasladado desde la de Santoña al terminar las acciones de Oviedo de 1937”.

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Por petición de la familia Ladra también se solicitó en 1991 el expediente penitenciario de Sol en 1991, y en ese documento remitido desde el centro penitenciario de Santander se especifica que Sol Ladra ingresó en prisión el 31 de octubre de 1937, con el sumario nº 20.886, siendo juzgado el 1 de marzo de 1943 y condenado a la pena de 20 años por un delito de “Auxilio a la rebelión”, habiendo permanecido en prisión un periodo de 5 años, 4 meses y 13 días. Por todos estos datos cabría suponer que Sol Ladra se replegó hacia Asturias cuando cayó Santander, y que no fuera detenido hasta la caída total del frente de Asturias.

Fueron apresados tanto Sol como su hermano Antonio. Mientras fuera, en las calles de todos los pueblos, comenzaban los “paseos”: las palizas y asesinatos de todo el que fuera considerado rojo. Sol, como hemos visto, fue condenado a 20 años de cárcel. Quizás el hecho de ser uruguayo le salvó, ya que su hermano fue fusilado. Por una carta que escribió Antonio, hermano de Sol, a la hermana de ambos desde la cárcel y fechada el 16 de marzo de 1941, sabemos que el fusilamiento de Antonio tuvo que ser posterior a esa fecha.

Cárcel Tabacalera de Santander

Cárcel Tabacalera de Santander

Sol pasó sus 5 años y 4 meses de prisión la cárcel Tabacalera de Santander. Esta prisión fue construida durante la República para 125 presos y en aquellos momentos llegó a 2000 personas la población reclusa. Hacinados, tirados por los suelos de los pasillos, incluso en la zona de duchas y baños. Se desayunaba agua con malta, y se comía un chusco de pan negro, con zanahoria forrajera, un poco de arroz y huesos de cerdo o vaca (Gutiérrez y Gudín de la Lama, 2005). No es de extrañar que en esas condiciones tan miserables y con la humedad propia de esa tierra Sol contrajera tuberculosis. Contaba que en la cárcel dejaban morir a los enfermos, y él tenía tres cruces, lo máximo. Así que fue a rogarle al médico para que le operara. Sol ya vomitaba sangre y pedazos de pulmón. El médico decidió operarlo porque vio que “este tío quiere vivir”. La operación era salvaje. Le abrieron, le sacaron 10 costillas y un pulmón. Todo el costado lo tenía hundido, con una cicatriz gigantesca. Él en la cárcel estaba con el grupo de anarquistas, y allí aprendió a leer y a escribir. Será en este centro penitenciario en el que le pondrán el nombre de José, por no reconocer las autoridades franquistas el nombre de Sol. Ello provocó problemas a la hora de identificar a Sol Ladra cuando se pidieron pensiones al gobierno español por parte de su familia, hasta que el consulado español en Uruguay pudo aclarar que José Ladra y Sol Ladra eran la misma persona.

Puede que esta grave enfermedad y la operación tuvieran que ver en su excarcelación en 1943. Tenía que ir a firmar periódicamente. Por un documento del hospital “Marqués de Valdecilla” de Santander sabemos que, gracias al Patronato Nacional Antituberculoso, ingresó en esta clínica el 7 de julio de 1944, con alta el 13 de diciembre, y con un reingreso el 6 de noviembre de 1945 y un alta definitiva el 27 de mayo de 1946.

Pasó a vivir en el pueblo, en Santoña, y tenía que ir a firmar cada semana o 15 días. Pero finalmente decidió escaparse. Cruzó a Marsella, y allí había un consulado uruguayo donde consiguió un pasaporte y que le repatriaran. Por una carta fechada el 24 de noviembre de 1949 y escrita por Florencio Pérez Brotos, en la ciudad de Santander, y dirigida a Sol Ladra, quien se encontraba en esa fecha en Bordeaux, Francia, esperando su viaje a Uruguay, sabemos que la fecha de la huida fue 1949 y que ni siquiera sus amigos más íntimos sabían de sus intenciones:

“Estimado amigo: no sabes con qué alegría supimos la nueva de tu estancia en esa; precisamente hace días que veníamos, Fernando y yo, comentando que no se te veía por ningún sitio. Comprendemos perfectamente tu estado de ánimo, por haber traspuesto el punto más difícil en cuanto a la realización de tus ilusiones se refiere. Tenemos una gran confianza, y hacemos votos por que así sea, en que se cumplan felizmente todos tus proyectos. Te envidiamos. Cumpliendo tus deseos, puse en conocimiento de casi todos tus amigos tu situación actual, y todos, como es natural, quedaron altamente sorprendidos y contentos.

Esperamos que cuando te halles allende el océano nos tengas al corriente de tus andanzas por esas lejanas tierras. De por aquí, poco podemos decirte, seguimos vegetando en las condiciones que tú sabes, aunque de cuando en cuando el contacto femenino sirva para paliar la monotonía cotidiana. Ya llueve mucho y hace bastante frío y, en consecuencia, todo se vuelve triste y aburrido. Los paseos se hacen cada vez menos frecuentes hasta tanto no renazca la bondad del tiempo. El Racing sigue imbatido y, ya sabes, el tema futbolístico es la panacea contra racionamientos, malestar económico, etc. De películas poco también puedo decirte pues, como siempre, son malas y raras.

Bien, amigo Ladra, en la tranquilidad de que estaremos pendientes de las novedades de tus asuntos, se despide de ti tu amigo Florencio”.

Sol Ladra llegó a Uruguay en el vapor Florida en 1950, junto a otros españoles. Cuando llegó a Uruguay no tenía un peso, y en su vieja valija de madera llevaba un libro muy gordo que se trajo de España sobre la medicina naturista. Su hijo no sabe si por motivo de la enfermedad o vinculado a su ideología anarquista, pero en la cárcel se hizo naturista y creía mucho en eso. No comía prácticamente carne. También estuvo vinculado a los grupos que hablaban esperanto, junto a otro español dueño de la librería La Rápida.

Sol Ladra y su mujer Pilar Carlos en su casa de la Avenida Propios

Sol Ladra y su mujer Pilar Carlos en su casa de la Avenida Propios

Cuando llegó a Uruguay fue al Centro Republicano y le enviaron al Saint-Bois una clínica en donde estuvo como enfermo respiratorio.  Al poco de llegar, el 27 de octubre de 1951, se casó con Pilar Carlos, descendiente de canarios emigrados a Uruguay, y fijaron su residencia en la Avenida Propios. Sol había conseguido trabajo en IPUSA, la fábrica nacional de papel. Y entró como vendedor de papel. Fue el primer vendedor que iba sin traje ni corbata, porque se negaba a vestir así. Después de trabajar en IPUSA, puede que estuviera unos meses en la compañía Carrau y Compañía. Y después se puso a vender papel por su cuenta. Guardaba las bobinas de papel en el cuarto de su hijos.

Sol tuvo contactos con otros combatientes de la guerra y exiliados republicanos. En los bajos del Palacio Salvo había un bar que se llamaba la Puerta del Sol y el dueño era amigo de Sol y había sido combatiente. Y había un sastre, Fernández Álvaro, que también había sido combatiente y era amigo de su padre. Aparte un amigo de Buenos Aires al que iba mucho a ver y el de la librería La Rápida.

Respecto a la militancia política en Uruguay estaba con el MRO (Movimiento Revolucionario Oriental), trostkista, un grupo pequeño fundador del Frente Amplio. Cuando la guerra de Vietnam los miércoles iba toda la familia al Instituto Cultural Uruguay China y los jueves al Instituto Cultural Uruguayo Soviético (ICUS). En el ICUS tenía grandes discusiones con los comunistas uruguayos, por mucho que tuviera muchos amigos entre ellos. Simpatizaba con la revolución cubana. Cuando la crisis de los misiles se juntaron varios amigos en su casa y celebraron que no hubiera pasado nada. Era admirador del político Enrique Erro, y también hablaba bien de Hierro Gambardella, político colorado prorrepublicano, y de Manuel Flores Mora. Luego con otros amigos tenía planes extravagantes como hacer una gran barca para recorrer el mundo. Pero tenía limitaciones médicas y poco dinero. También hizo una importación de te chino, que lo tenía en una gran caja de madera, y toda la familia sacaba te y lo vendían en bolsitas. En su casa no había televisor porque Sol no quería. Sol estaba en contra de la caja tonta, aunque también había vendido televisores. A su hijo Antonio nunca le compró un arma de juguete. Al preguntarle el motivo a su padre éste le decía: “los padres de ellos no saben lo que es la guerra y yo sí sé lo que es la guerra”.

Fue Antonio, hijo de Sol, el que intentó mover una pensión de invalidez y como mutilado de guerra por parte del gobierno español, ya que Sol no quería ni entrar en la embajada española, al menos hasta que muriera Franco. La pensión fue denegada en varias ocasiones. Cuando las muertes de Franco y Carrero Blanco fueron días de fiesta en la casa. Posteriormente Sol votaba en las elecciones españolas.

Durante la dictadura uruguaya no tuvo ningún problema. Siguió siendo anarquista, pero no tenía carnet de ningún partido, y su militancia política fue muy reducida. Siguió a alguna gente, como Ariel Collazo del MRO. En el año 80 comenzó a tener problemas de cataratas. Le operaron, pero se fue quedando ciego. Le pasó factura lo de la falta del pulmón, y comenzó a tener problemas de corazón. Los dos últimos años estuvo con una sonda. A él eso le ponía muy mal porque era una persona muy activa.

En 1984 murió en prisión el tupamaro Adolfo Wasem. La traída del cuerpo fue todo un cortejo que entró en Montevideo en una camioneta acompañado por una gran manifestación. Pasaron por la Av. José Batlle y Ordoñez (Propios), que es donde vivían Sol y su mujer, en una casa con un gran balcón sobre la avenida. Venían muchas banderas rojas y negras, junto al féretro, y Sol, que ya estaba muy deteriorado mentalmente, que se perdía, y que veía poco, salió al balcón, y tras ver el cortejo y volver a meterse hacia la casa le dijo a su mujer: “He visto banderas rojas y negras. Al final hemos triunfado”.

Murió en 1989.

Referencias bibliográficas:

Gutiérrez Flores, Jesús y Gudín de la Lama, Enrique (2005). “Cuatro derroteros militares de la guerra civil en Cantabria”. Monte Buciero, 11: 18-298.

Pereira González, Dionisio (2013). “Capitalismo pesquero y sindicalismo en la España de anteguerra: la federación nacional de industria pesquera”. Revista Andaluza de Antropología, 4: 122-146.

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