López Silveira, Juan José (“El Tape”)

16 de mayo de 1912 Tacuarembó (Uruguay) – 1965 Montevideo (Uruguay)

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Sobre el Teniente Coronel Juan José López Silveira, alias El Tape, se ha escrito bastante. Aunque quizás no todo lo que él hubiera deseado. Mauricio Rosencof, El Ruso, quien llegara a ser uno de los dirigentes de la guerrilla MLN-Tupamaros, recuerda que, paseando por la rambla de Montevideo, a la altura del barrio de Punta Carretas, le alcanzó un soldado, asistente personal del Tape, que cuadrándose le indicó: “Dice el Coronel que tiene el whisky servido”. En aquella conversación el Tape le comentó al Ruso, con el que le unía una nutrida amistad, que quería hacerle un encargo: que grabara y redactara sus recuerdos de la Guerra Civil española. Eran los años 60 y el Tape, ya enfermo, no tardaría en morir sin que Rosencof pudiera dar cuenta de su encargo.

El Tape era hijo de Juan López Aguerre, médico y diputado en Montevideo por el Partido Nacional, “tipo considerado liberal”, según dejó escrito el propio López Silveira. Su madre era Ida da Silveira Posadas. Ambos vivían en Montevideo en el momento que estalló la Guerra Civil española.

El doctor López Aguerre había pasado media vida en Europa. Había sido enviado a España, donde se licenció en medicina, después de una desavenencia con el rector de los jesuitas en Montevideo. Entró en contacto con los ambientes liberales y pasó a formar parte de la masonería francesa en París, donde se hacía llamar “hermano Montevideo”, para posteriormente descubrir un “profundo sentimiento por Latinoamérica” que le llevó, incluso, a pedir ayuda económica al barón de Rothschild para apoyar a José Martí en la independencia de Cuba. Otro de los familiares que marcó a Juan José fue su tío materno, Filinto da Silveira, que había participado en las dos revoluciones blancas de 1897 y 1904, bajo las órdenes de Aparicio Saravia. Tras la derrota de éste se había instalado en la estancia Curtume, en Tacuarembó. Allí acudían de visita Juan José y su hermano Román, de jóvenes, a oír las historias de este viejo combatiente. Antes de partir a España el Tape estuvo visitando a este tío suyo en Brasil. Otro de los hechos que marcó la infancia del Tape fue haber estado en el ‘Tren de la Victoria’ con el líder conservador Luis Alberto Herrera y en el que los blancos recorrían Uruguay pidiendo el voto. Al parecer Juan José solía ganarle al líder de los blancos jugando al ajedrez.

De adolescente el Tape dijo haber participado en la huelga estudiantil de 1928 (Montevideo), y haber sido expulsado de la Universidad. Y también haber estado en movimientos y actos aislados de protesta y propaganda contra el Presidente de Uruguay. Con tan sólo 17 años se alistó en la Escuela Militar de Uruguay, como cadete entre 1929-32 y oficial entre 1932-35, llegando a ser alférez. Es en ese contexto de formación militar en el que empezó su interés en el “movimiento proletario”, cuando contaba con 19 años, y entre otras causas por las lecturas revolucionarias que le facilitaba su hermano Román, tres años mayor que él y militante comunista. Juan José decía haber pertenecido a la Asociación Estudiantil Roja (AER) y a la Alianza Nacional Libertadora. El general Líber Seregni, quien fuera el primer presidente del Frente Amplio, había sido contemporáneo del Tape en la Escuela Militar: “El Tape era bajo, morochito, simpatiquísimo. Una joyita, un tipo macanudo”. Su corta estatura es la que le dio el apodo con el que todo el mundo le conocía.

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Cartilla militar de Juaun José López Silveira, el Tape (1932)

De su época de la academia militar sus compañeros y superiores destacan su inteligencia fuera de lo común, tanto a nivel de valores intelectuales como de realizaciones prácticas, especialmente su gran capacidad como instructor. También se destacaba su valor. Por ejemplo en 1935 se lanzó vestido a un río para salvar a un recluta que se estaba ahogando.

Pero sus convicciones democráticas le trajeron problemas en su carrera militar, especialmente tras la disolución del parlamento en marzo de 1933 con el presidente Gabriel Terra y el comienzo de su dictadura. Su no adhesión política y personal a los gobernantes vinculados al golpe de Estado de 1933, que eran ampliamente apoyados por el grueso del ejército y de la policía, le fueron provocando diversos agravios en su carrera militar. Las “lesiones” que sufrió el Tape en esos años fueron principalmente dos: en 1933, en el batallón de infantería nº 16 de Fray Bentos, y ya desempeñando el grado de alférez, no ejerció su derecho al voto con ocasión del plebiscito posterior al golpe de Estado, y se negó a llevar los cómputos transmitidos por radio de los resultados del mismo. Ello le produjo la máxima sanción disciplinaria el 7 de julio de 1933, con 30 días de arresto, impuesta por el Jefe del Estado Mayor del ejército, y su eliminación de las listas de ascensos entre 1934 y 1935, por no computar la antigüedad mínima legal en su grado, con calificaciones deficientes y anotaciones negativas de “deslealtad”. Su superior, el Teniente Coronel Esteban Cristi, que ganaría notable fama como sangriento represor en la última dictadura cívico-militar de Uruguay (1973-1985), anotó que el Tape le dijo que “no podía seguir sirviendo a mis órdenes por cuanto había cambiado el concepto que tenía de mí, ya que yo había pedido el voto a la tropa y lo había puesto como Comandante del Cuartel a anotar las noticias políticas transmitidas por radio”.

En 1935 se dio la Revolución de Enero por parte del blanco Basilio Muñoz, que debía contar con la colaboración de los militares demócratas. Pero una serie de descoordinaciones de los batllistas, encargados de organizar la resistencia en los cuarteles, hizo que la mayoría de los militares antiterristas no pudieran sumarse a esta revuelta armada contra la dictadura. Juan José se encontraba entre estos militares demócratas. En ese mismo año fue objeto de un juicio desfavorable del Jefe de Región por negarse a firmar una adhesión al dictador Terra en oportunidad del atentado que este sufrió en el Hipódromo de Montevideo, con la consiguiente baja de las calificaciones y el traslado de unidad. Así el 22 de junio de 1935 le obligaron a dejar su unidad en Salto para ir al Batallón 10 de infantería de Rivera, en done tampoco fue bien recibido. En esos días de persecución y detención de los oponentes políticos muchos uruguayos se exiliaron en Argentina y Brasil. Su compañero de promoción el alférez Mussio pidió asilo en la embajada argentina, para luego trasladarse al extranjero. López Silveira aprovechó su nuevo destino en Rivera, para desertar del ejército a través de la frontera con Brasil.

En la sentencia del Tribunal Extraordinario de 1951 se dice: “Es el propio carácter del actor, que lo lleva a exiliarse voluntariamente por no poder continuar una situación para él insostenible; a sus convicciones democráticas (luego probadas en campos de la desdichada España), se unía la amargura del idealismo quebrantado y de la desesperanza en una carrera que abrazara vocacionalmente y en cuya reivindicación lleva ya comprometida casi toda su vida, carrera en la que fuera ilegal e injustamente postergado por dos veces frente al triunfo de sus compañeros de promoción y superiores, que seguían sin tropiezos por haberse amoldado a las circunstancias del momento”. Tal y como él mismo López Silveira escribió en 1938 “Soy desertor del ejército uruguayo”. Ello hizo que a partir de ese momento no estuviera en situación legal respecto a las autoridades de su país.

En su deserción primero estuvo en Brasil. En Porto Alegre (Brasil) dice haber sido detenido “por sospechoso de comunista”, pasando por la cárcel militar de esa ciudad unos 10 días. Según él en Brasil habría participado en la Alianza Nacional Libertadora. Por tanto sería conocido como comunista tanto en su país de origen como en Brasil, tal y como él aseguró en la Biografía de Militantes que le realizó el PCE poco después en España. En Porto Alegre habría trabajado en la radio, como “periodista y radio speaker”. Posteriormente se desplazó hasta Buenos Aires (Argentina), donde siguió colaborando como periodista, pero sin salario. Dice haber estado 4 meses desempleado en esta ciudad.

Según Barreiro su traslado a Buenos Aires se debía a que allí estaba su amigo y camarada de armas, el capitán Atanasildo Suárez. Sería este último, y no el Tape, quien tenía una plaza reservada para embarcarse a España, pero en el último momento Suárez le confesó que había conocido a una mujer, que se casaba al día siguiente y le ofreció el lugar que tenía reservado a su amigo Juan José. Apenas un mes después del levantamiento de Franco (agosto de 1936), López Silveira estaría viajando a Marsella. Sin duda una anécdota muy literaria, pero que no cuadra con los argumentos que el propio López Silveira dejó por escrito poco después (2 de junio de 1938) en la Biografía de Militantes del PCE, en Villanueva de Córdoba (España). Según él: “El Comité de Ayuda a España me envió”. Así de Buenos Aires salió a España con su pasaporte, de forma legal, yendo en barco hasta Marsella. Luego ferrocarril hasta España. Llegó el 8 de diciembre de 1936 “con el objetivo de luchar”. Por lo tanto viajó a España por claras motivaciones políticas y algo después de lo que indica Barreiro. Seguramente partió para España en noviembre de 1936.

Un documento de los archivos de la Comintern corrobora esta versión:

Copia de la credencial (en tela satinada) que nos presenta el camarada Juan José López Silveira:

“A las organizaciones obreras de Francia y España. Recomendamos a los camaradas Juan José López – Korvid Arpad y Juan Olaviza, Ex-Oficiales de los Ejércitos Uruguayo – Austriaco y Checoslovaco, respectivamente, reconocidos antifascistas y les pedimos a dichas organizaciones, le presten la ayuda necesaria para el cumplimiento de sus objetivos.

Buenos Aires, noviembre de 1936.

EL COMITÉ DE AYUDA AL GOBIERNO ESPAÑOL DEL FRENTE POPULAR

[Un sello en tinta roja contiene la leyenda:

COMITÉ DE AYUDA AL GOBIERNO ESPAÑOL DEL FRENTE POPULAR, ARGENTINA]

[Una firma dice: Lorenzo]”

El 8 de diciembre el Tape entró en España. De inmediato fue enviado a Albacete. Si bien en esta ciudad se encontraba el cuartel general de las Brigadas Internacionales, no todos los que circularon por allí se encuadraron en ellas. Es el caso del Tape, que acudió a esta ciudad manchega con el grueso de los primeros voluntarios, pero que gracias al alto conocimiento militar que había adquirido en las Fuerzas Armadas de su país, se le permitió integrarse en una compañía de ametralladoras de la 18 Brigada Mixta, comandada por el comunista Juan Modesto, y donde fue ascendido rápidamente a Sargento. Esos primeros momentos en España fueron narrados por nuestro protagonista en una carta publicada en febrero de 1937 en el periódico uruguayo España Democrática, que firma como “corresponsal de La Nueva España de Buenos Aires”, de lo que se deducen los compromisos adquiridos con medios de izquierda argentinos en los mese previos a su viaje a España.

Los mandos decidieron usar sus conocimientos militares y mientras sus compañeros de brigada recibían su bautismo de fuego en la sangrienta batalla del Jarama, en febrero de 1937, él fue destinado como profesor a una escuela de ametralladoras de Valencia. Sus conocimientos militares le permitieron desarrollar una dilatada carrera militar en la Guerra Civil, desempeñando numerosos cargos en el Ejército Popular, y ascendiendo con rapidez.

Tres meses después, el 9 de mayo de 1937, se le asignó a la 82 Brigada Mixta, en Puebla de Valverde (Teruel). Esta brigada estaba comandada por el Teniente Coronel David Alfaro Siqueiros, el famoso muralista mexicano. Ambos cultivaron una estrecha amistad. Ahí se le nombró Teniente de Infantería y desempeñó funciones como instructor. El 19 de junio fue transferido de la 82 a la 46 Brigada Mixta, comandada también por Siqueiros. Juan José pasará de Teniente a Capitán Jefe de Batallón (184 batallón, de ametralladoras), y será destinado al frente de Córdoba y Extremadura, donde participó en variados combates (como los de Granja de Torrehermosa y Sierra Herrera).

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Allí, la decisión, la serenidad y la paciencia de 150 hombres armados bajo las órdenes del Tape, aniquilaron prácticamente a todo un contingente de 1.500 moros montados a caballo que atacaban su flanco derecho:

Vi nítidamente a la caballería mora avanzar en tres líneas y llegar mil doscientos, mil, ochocientos y seiscientos metros de nuestros hombres. A esa distancia el tiro de dieciséis ametralladoras es perfectamente eficaz, pero el capitán republicano que mandaba la compañía prefirió esperar aún, previniendo enérgicamente a sus hombres que no hicieran fuego hasta recibir la orden. En circunstancias así, es difícil conservar la sangre fría y muy a menudo un tiro que se escape a algún nervioso es suficiente para que el tiroteo se extienda, con lo que puede perjudicarse el efecto de destrucción buscado: que no se escape el enemigo. Los moros estaban ya a quinientos metros, a cuatrocientos y el capitán esperaba impasible que se acercaran aún más. Al fin llegaron a doscientos cincuenta metros y al fin el capitán se decidió a ordenar fuego.

¡Fue de ver entonces a nuestros reclutas de la 46 Brigada hacer tabletear sus ametralladoras y derribar caballos y jinetes! Algunos moros, muy pocos, se salvaron volviendo grupas y emprendiendo veloz fuga.

La mayor parte encontró la muerte a pocos pasos de nuestras trincheras, y otros, llevados por la inercia de sus cabalgaduras, saltaron por encima de nosotros y fue tarea fácil hacerlos prisioneros momentos después (…).

Juan José, a pesar de los combates, encontraba tiempo para escribir cartas a su familia en Uruguay, cosa que no dejó de realizar durante todo el tiempo que estuvo en España:

Villanueva de Córdoba, Setiembre de 1937.

Querida mamá: Hace tres o cuatro meses que no tengo noticias de ustedes. Yo les había enviado mi dirección en Valencia. Desde entonces he dado muchas vueltas. He estado en el frente de Teruel como instructor de una Brigada. Al terminar este trabajo, realizado en el plazo de dos meses, pasé al frente del Sur del Tajo, en Toledo, ocupando el puesto de Ayudante de otra Brigada. En ella estoy todavía pero hemos sido trasladados al frente de Córdoba. He mandado una compañía de infantería y otra de ametralladoras en Sierra Morena. Parecía un bandido, barbudo, jinete en mi pingo tordillo, mascando hojas de “floridos olivares”, durmiendo una noche acá, otra allá, o bien no durmiendo y caminando toda la noche por estrechísimas sendas. Ahora he vuelto al Estado Mayor de dicha brigada, con un puesto de importancia.

Sobre la lucha de España, ¿qué te puedo decir? Sé positivamente que los diarios de esa con tendencia fascista, como las de todo el mundo de igual matiz, falsean extraordinariamente las noticias. Ya lo sabrás tú. Yo te puedo asegurar una verdad: Nosotros ganaremos la guerra. De eso no cabe la menor duda. Recién hoy contamos con un ejército. Hasta ahora hemos luchado por nuestra gran fuerza moral. Como ella crece, como tenemos armamento, como están dando resultado ahora los cuadros de oficiales salidos del pueblo, como la retaguardia trabaja, hemos formado un formidable Ejército Popular, que, además de tener una clara conciencia de su misión posee una esmerada preparación. Con este ejército no podremos perder nunca esta guerra. No se me escapa la importancia del aspecto diplomático. Afirmo que será mucho más favorable a nosotros cuando la potencia de nuestras fuerzas armadas sea reconocida. Para ello estamos obteniendo éxitos. Podría referirte con detalles acciones recientes y victoriosas del sector de Pozo Blanco, en el cual actúo por ahora. Sabrás de nuestros triunfos en Zaragoza y Teruel. Son dos capitales, éstas, que después de lo de Belchite, no tardarán en caer en manos de sus verdaderos dueños: los auténticos españoles.

El Jefe de esta Brigada, como el de la otra en que actué, es el pintor mejicano David Alfaro Siqueiros, de quien soy muy amigo.

Dentro de pocos minutos vuelvo al campo. Me gusta mucho el campo de España. Claro que ahora no es muy agradable y tiene el único atractivo de que en él estamos destrozando al fascismo. Es más que suficiente para volver con alegría. Y cuando paso por las carreteras, en automóvil, en moto o galopando, me emocionan la cantidad de pibes que saludan levantando el puñito cerrado. Es por ellos, vieja, por quienes luchamos. Para que tengan escuelas, aguas corrientes, luz eléctrica. Para que tengan una vez y para siempre, bienestar.

En los pueblos estoy poco tiempo. Pero me agradan mucho. Aquí en la Provincia de Córdoba conozco cinco o seis. Todos muy parecidos, muy acogedores, desviviéndose sus gentes para obsequiar y ayudar a nuestros soldados.

Mi dirección es: Estado Mayor de la 46 Brigada. Hinojosa del Duque, Provincia de Córdoba. De allí me llevarán las cartas al lugar en que yo me encuentre.

Bueno, vieja, me voy. Te abrazo fuerte,

Juan José.

El itinerario militar del Tape en España se nutre de numerosos ascensos, múltiples destinos y variadas tareas. El 10 de abril de 1938 el Subsecretario del Ejército de Tierra le contrató como Capitán. El 16 de abril recibió una orden de importancia cuando el Jefe del Ejército de Extremadura lo destinó en calidad de integrante de la 3ª sección de su Estado Mayor en comisión de Servicio ante el General Jefe del Ejército del Centro, el General Miaja. El 30 de mayo el comando de la 46 Brigada Mixta le ordenó entregar el mando del batallón pues la superioridad le destinaba a servir en la 63 División, en el sector de Pozoblanco (Córdoba), para incorporarse a su Estado Mayor. El 11 de junio de 1938 el Jefe de Estado Mayor de la 29 División ordenó al Capitán López Silveira, de la Sección Operaciones, hacerse cargo de un reconocimiento en el sector de un Escuadrón, en el frente de Extremadura, en “una misión especial y urgente”. Su ascenso era imparable, y el 31 de julio de 1938 el Jefe de Estado Mayor de la 29 División nombró al capitán López Silveira Jefe de Estado Mayor de la 3ª Brigada Mixta. Menos de un mes después, el 19 de agosto, el Jefe de la 200 División del XIV Cuerpo de Ejército le nombraba Director “Jefe de la Escuela de Capacitación de Guerrilleros de esa División, así como instructor de la misma”. Este será el cargo con el que más se identifique el Tape. Los conocimientos adquiridos como Jefe de Guerrilleros le llevaron años después a escribir el libro Guerra de guerrillas.

El XIV Cuerpo del Ejército fue creado por orden de Juan Negrín, presidente del gobierno, en octubre de 1937. Los anarquistas Juan García Oliver y Diego Abad de Santillán, así como el secretario general del PCE, José Díaz, llevaban tiempo proponiendo la necesidad de organizar dentro del Ejército Popular de la República a los comandos de guerrilleros que llevaban actuando desde el comienzo de la guerra. Su misión consistía en infiltrarse en las filas enemigas y realizar sabotajes, contrainformación o liberación y rescate de presos. En Extremadura estos comandos tenían algunos de sus focos más importantes. Una vez estructuradas las secciones de guerrilleros dentro del XIV Cuerpo del Ejército, la mayor parte de los instructores fueron elegidos entre los asesores soviéticos que habían llegado a España, a excepción de la 200 División, comandada por el uruguayo Juan José López Silveira.

El Tape estaba en consonancia con la creciente importancia de los mandos comunistas en el seno del Ejército Republicano. La preocupación por estar afiliado al Partido Comunista era una constante entre muchos de los combatientes que llegaron a España. También es el caso del Tape, quien no sólo expresó su deseo de ingresar en el PCE -igual que muchos de sus compatriotas- sino que en medio del fragor del combate hizo todo lo posible por afiliarse al PCU, partido en el que su hermano Román ya militaba desde los años 20. Para ello contactó directamente con Eugenio Gómez, secretario general del Partido por aquellas fechas:

Camarada Eugenio Gómez. Hace 14 meses vivo, palpando paso a paso, la lucha del pueblo español por su libertad. Aún cuando hoy, en España, no puedo ni debo ser otra cosa que un soldado al servicio de ese pueblo, consciente de que el partido Comunista cumple idéntica misión defendiendo estos legítimos derechos, y esto lo he podido comprobar perfectamente en esta lucha, te pido que, por tu intermedio, se me conceda el honor de pertenecer al Partido Comunista del Uruguay.

Se al hacerte este pedido las obligaciones que asumo y el compromiso que contraigo. Tuyo y de la causa.

Juan José López Silveira.

Esta misiva fue publicada en Justicia, órgano de prensa del PCU, junto a una fotografía del Tape, una biografía suya, tanto del periodo previo a la guerra como de las vicisitudes vividas hasta ese momento, y un ensalzamiento de su figura: “El joven oficial que tenía su espada para servir al Uruguay y la democracia, la desenvainó también en los campos de España, sintiendo ya el internacionalismo, por la causa de la democracia contra el fascismo por los ideales de redención de las masas oprimidas”.

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Noticia del periódico Justicia, órgano de prensa del PCU, con la fotografía del Tape (abajo a la izquierda), su biografía y la resolución del PCU de darle el carnet del Partido..

Finalmente se resolvió:

Y López Silveira pide un puesto en nuestras filas. El Comité Ejecutivo acepta su afiliación y le enviará su carnet de afiliado al Partido Uruguayo, y seguramente que con él junto a su corazón, escribirá nuevas páginas de bravura hechas de juventud que sabe de desinterés y de gallardía. Señalamos este alto ejemplo a la juventud del Uruguay.

El propio Juan José López Silveira dijo enterarse de que había sido aceptado en el PCU por haberlo leído en Justicia mientras combatía en España. José Lazarraga, que estaba ejerciendo labores de delegado político del PCU en Valencia, estaba al tanto del intento de afiliación del Tape, como demuestra una carta que dirigió al PCE con el objetivo de corroborar la militancia comunista de Román López Silveira, hermano de Juan José.

Tras el Decreto de Desmovilización de las Brigadas Internacionales en septiembre de 1938 y la derrota sufrida por la República en la Batalla del Ebro, último gran intento por cambiar el rumbo de la guerra, hubo una reestructuración generalizada en el bando republicano, y hemos de pensar cierto descontrol. Al menos eso se deduce de dos documentos de este momento en donde se contesta a un tal “camarada Edo”, interesado en conocer el paradero de Juan José López Silveira, entre otros sudamericanos, sin que sus interlocutores pudieran darle razón alguna sobre estos:

Estimado camarada EDO: Salud

Contestando a tu atenta del 12, en la que me solicitas te de noticias de los camaradas Pietrino Sale (de Buenos Aires); López Silveira, Juan José (de Montevideo); y Baldo, José (Argentino). Te manifiesto que hechas las oportunas averiguaciones se no se encuentran en nuestros hospitales. Advirtiéndote que yo tampoco los conozco.

Sin más quedo una vez tuyo y de la causa.

Saludos antifascistas

[añadidos a mano “15-10-1938” y “Carlos”, como firma]

——

Barcelona, octubre de 1938.

Camarada Edo:

Por la presente te comunico, que no poseo dato alguno sobre los tres camaradas: PIETRINO Sale, de Buenos Aires, BALDO José argentino, y LÓPEZ SILVEIRA Juan José de Montevideo. No los conozco personalmente ni se su paradero. He intentado informarme entre los camaradas argentinos sobre ellos, pero sin ningún resultado.

Saludos comunistas.

[“Max”, firmado a mano] [Documento del 19 de octubre de 1938]

Sin embargo el Tape no había desaparecido, estaba en Valencia, debido a la reestructuración de las Brigadas Internacionales tras el mencionado decreto de desmovilización, como él mismo le cuenta a su madre en una carta enviada en noviembre de 1938:

Valencia, Noviembre 12 de 1938

Querida vieja: Casi es un hábito comenzar mis cartas a ti son la consabida lamentación que origina el mucho tiempo pasado sin mutuas noticias. No sé si hay dificultades en el correo. Lo cierto es que no he recibido contestación a alguna carta mía.

Desde Almadén te escribí. Te decía que, de Jefe de la sección de Operaciones del Ejército de Extremadura, había pasado al mando de una unidad. Luego he desempeñado el puesto de Director de una Escuela Militar. En él estaba cuando el Gobierno dispuso la retirada de voluntarios extranjeros. En consecuencia he entregado mi plaza a un camarada español y, esperando la salida, me encuentro en Valencia.

¿Alegría de irme? Hubiera querido permanecer en España hasta el fin de la lucha; es decir, hasta nuestra victoria. No quiere esto decir que dejaré de luchar por España, no importa en qué frente. Por el contrario, todos los internacionales que ahora partimos, continuaremos con otras armas (la propaganda que sólo consiste en decir la verdad, defendiendo a España del fascismo).

Posiblemente, pues, quedará en breve compensada la tristeza de marcharme con la alegría de veros.

Aunque aún me ha sido imposible juntarme a Román, he tenido noticias de él y nos escribimos con frecuencia. Tuvo la suerte de intervenir en nuestra ofensiva del Ebro. Espero que pronto nos encontraremos. Por correo de hoy, marítimo, os envío algunos libros y dibujos.

¿Cómo estará mi situación en el Ejército, en lo que se refiere a mi salida en el año 35? Bueno, esto poco importa; pero es que desearía pasar en Montevideo, con vosotras, dos o tres meses. Tal vez pueda hacerlo.

Nada más, querida mamá. Quiero que tengas presente que ahora, en este momento, recuerdo tu próximo aniversario.

Con cariños a Coca, Idita, Camila, abuela, tíos, con un saludo afectuoso a Zulema, recibe un fuerte abrazo de tu hijo.

Juan José

Mi dirección: Capitán Juan J. López Silveira

Brigadas Internacionales

Latino-Americanos

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Sin embargo, pese a que el Tape le anunciaba a su madre que pronto saldría de España, aún le quedarían algunos meses más de combates. De forma voluntaria u obligados por las circunstancias, fueron muchos los voluntarios internacionales que siguieron luchando en España tras el decreto de desmovilización. Pensemos por ejemplo en aquellos que, como los alemanes, no podían volver a sus países de origen. Es el caso de numerosos combatientes uruguayos, entre ellos el Tape, desertor del ejército uruguayo en medio de la dictadura. El 1 de diciembre de 1938 se encontraba ya en Barcelona, y allí se le realizó una encuesta por parte del Comisariado de Guerra de las Brigadas Internacionales (situado en pasaje Méndez Vigo, 5). En el momento de realizarla el Tape tenía 26 años. Una corta edad que contrasta con el repaso de su nutrido historial militar, de sus rápidos ascensos (soldado, Sargento, Teniente y Capitán) y de los combates en los que participó en los frentes de Extremadura, Córdoba y Toledo. También en este documento se resume que ha estado en el frente más de 15 meses (entre junio de 1937 y agosto de 1938), teniendo en cuenta que durante el resto del tiempo ha dirigido escuelas militares y ha sido profesor en diversas unidades de combate. También se destaca que no ha sido herido en ninguna ocasión. Aunque quizás habría que matizar que seguramente se refiera a que nunca estuvo de baja por heridas de guerra, lo que no quiere decir que no fuera herido, pues sus hijos años después pudieron constatar los cascos de metralla entre las cenizas de su padre. También se menciona en esta encuesta que nunca ha estado de permiso, ni dentro ni fuera de España. Y asimismo que frecuentemente ha sido elogiado por sus superiores. En esta encuesta no sólo se repasa su historial militar, sino que también permite acercarnos al pensamiento político del Tape, sin duda mediatizado por el contexto histórico y la coyuntura de la entrevista misma:

¿Cuál es tu opinión sobre la política del Frente Popular? Excelente. ¿Es, según tu opinión, una política buena y justa? Si. ¿Por qué? Porque es una política de unidad nacional, condición indispensable de victoria. Porque frente popular y antifascista significa unidad y líneas de conducta claras y no encubiertas. Porque se trata de Guerra de Independencia, es decir, entre españoles e invasores y no es guerra entre comunistas y fascistas o entre anarquistas y fascistas.

(…)

¿Qué piensas sobre las Brigadas Internacionales, sobre su organización política y militar? He estado en ellas sólo unos días. Pero por su heroico comportamiento conocido se puede deducir la buena organización. De lo contrario hubiera sido evidente y lógico su fracaso. ¿Y sobre el papel que han desempeñado en España? De gran importancia militar en épocas caóticas. De gran significado político siempre.

(…)

¿Has aprendido alguna especialidad en terreno político o militar desde que estás en España y que puedes ofrecer a las organizaciones antifascistas de tu país? He aprendido la especialidad de Estado Mayor y de la lucha de Guerrilleros.

La entrevista / encuesta termina con el Tape observando que quizás sean las sedes del Partido Comunista de Uruguay o de Argentina las que puedan interesarse por él, pero que no puede volver a su país de origen pues ha sido desertor del ejército. Sólo cuenta con un pasaporte vencido como única documentación.

Algunos de los uruguayos con los que coincidió el Tape en esta última reestructuración de las Brigadas Internacionales son Jorge Polanco, que había estado anteriormente en el Ejército Popular de Catalunya, el interbrigadista uruguayoiraquí Abraham Setty o los soldados José Palacio y Juan Pinto. Todos ellos fueron acantonados en el entorno de La Garriga (Barcelona), en enero de 1939. Allí, en el “acantonamiento H”, situado en la comarca de La Selva (Girona), los latinoamericanos junto a los checo-balcánicos fueron encuadrados el 25 de enero en una nueva XV Brigada Internacional, formada por: un mayor, cuatro capitanes, 16 tenientes, 33 sargentos, dos brigadas, 28 cabos, ocho comisarios, dos alféreces y 157 soldados. Total, 251 hombres dispuestos para la última resistencia republicana. Por lo tanto sólo en estos últimos meses de la guerra es cuando el Tape formó parte de las Brigadas Internacionales.

A pesar de esta reestructuración de los internacionales en los últimos compases de la guerra para la defensa de las regiones catalanas que aún no habían sido conquistadas por los franquistas, cuatro de estos uruguayos decidieron desertar y dirigirse con la máxima celeridad hacia la frontera francesa. Solo el Tape resolvió seguir allí combatiendo hasta que no le quedó más remedio que la retirada ante el imparable avance de los franquistas, en febrero de 1939, por Le Perthus, y que de forma extraordinaria narró él mismo tiempo después.

Le esperaban los campos de concentración del sur de Francia. Sobre las húmedas y frías arenas de la playa de Saint Cyprien se encontró, como mínimo, con los uruguayos Ramón Méndez (trasladado desde el campo de concentración de Argelès-sur-Mer), Salvador Loy, Andrés Rizzo y, por fin, tras estar separados toda la guerra, con su hermano mayor, Román López Silveira, ex combatiente de la Batalla del Ebro con las Brigadas Internacionales.

Aquel campo de concentración era un lugar durísimo, de hambre, enfermedad y muerte. Pero el campo era también un espacio de resistencias. Algunas perfectamente organizadas, como la que narra el propio López Silveira en su Guerra de guerrillas. En este libro alude a cómo un nutrido grupo de guerrilleros consiguió escaparse una noche por las alambradas sin que ninguno de los guardias senegaleses se percatara. Antes de que amaneciera, el hueco dejado por estos en la arena de la playa era llenado por el resto de prisioneros, cubriendo con sus cuerpos la evidencia de la huida. ¿Sería el propio Tape testigo de esta hazaña? ¿Serían antiguos alumnos suyos de la 200 División de guerrilleros sus protagonistas? Para los que no pudieron escaparse una de las formas de matar el tiempo fueron los juegos. Varios documentos de la Comintern aluden a los campeonatos de ajedrez, en donde el Tape, una vez más, volvía a destacar.

Pero la realidad del lugar era que entre 50 y 100 personas morían al día en este campo de concentración, fruto de las enfermedades, las heridas de guerra y el hambre, y enterrados en grandes fosas comunes. Una de estas víctimas fue su hermano Román. Al parecer este, desesperado por la mugre y los piojos, y pese a que sus compañeros se lo desaconsejaron, decidió bañarse en las frías aguas del Mediterráneo, muriendo poco después en un hospital al que consiguieron trasladarle.

Juan José estuvo en aquel infierno de febrero a abril de 1939. Consiguió salir gracias a las gestiones de su tío Lucas, que rápidamente se lo llevó a París. Por unos pocos días podría haber salvado a sus dos sobrinos.

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El Tape y su tío Lucas, en París (abril de 1939).

Juan José desde París dio la noticia de la reciente muerte de su hermano mediante una carta dirigida al Dr. Norberto Cerrutti  que rápidamente fue publicada en España Democrática:

Román López Silveira murió el 23 de febrero en un hospital de Perpignan, cinco horas después de ser evacuado del Campo de Concentración de Saint Cyprien a consecuencias probablemente de meningismo. […] En el propio Campo de Concentración, los ex-combatientes internacionales le rindieron un sencillo y sentido homenaje.

En esta carta se hace especial referencia a Ramón Méndez, quien al tener únicamente la nacionalidad española se quedó en Saint Cyprien y no fue trasladado al campo de concentración de Gurs, como sí sucede con la gran parte de los uruguayos. La carta de López Silveira fue clave para salvar a Méndez. Sus familiares en Montevideo recibieron estupefactos la noticia, escribiendo al momento una respuesta que mandaron a Saint Cyprien.

Como bien sintetiza Barreiro al volver a España el Tape se recibió de contador y comenzó una nueva etapa en la que escribió varios libros: Guerra de guerrillas (1944), Sentencia del tribunal extraordinario. Y otros documentos relativos a la reivindicación del Teniente Coronel (R) Juan José López Silveira (1951, J.J.L.S.), Imperialismo Yanqui en América Latina. 1961 (1962, Comité de Intelectuales y Artistas en apoyo a la Revolución Cubana).

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El Tape en los pagos de Tacuarembó.

Asimismo siguió desarrollando aquella labor como periodista que, obligado por las circunstancias, había comenzado a cultivar en Buenos Aires en los meses previos de su partida a España. Fue redactor en la revista Marcha, y le seguían animando ideales marxistas. Mantuvo relación con el PCU del nuevo secretario general, Rodney Arismendi, quien tenía muy buena consideración del Tape por haber luchado en España. En las páginas de Marcha publicó el Tape algunos de sus recuerdos de España, como el mencionado artículo “La última marcha de las Brigadas Internacionales”, así como otros sobre la situación política del país y sus dos partidos obreristas históricos: el PCU y el PSU. Firmaba con el seudónimo Viriato, caudillo lusitano que combatió a las legiones romanas.

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Credencial periodística de Juan José López Silveira para el semanario Marcha.

El libro Sentencia del tribunal extraordinario… da cuenta de otra de las batallas que luchó el Tape a su regreso a Uruguay. Entre sus propósitos limpiar su historial militar, manchado desde la dictadura de Terra. Estuvo entre 1942 y 1951 luchando por esa causa, y consiguió no sólo eso, sino también que se le restituyeran el grado que le correspondía (Teniente Coronel), que se valorara expresamente por parte de las Fuerzas Armadas uruguayas los servicios prestados en el Ejército Popular de la República Española, y que se le pagaran todos los atrasos que le correspondían. Testificó a su favor el militar republicano español Mayor de Infantería Víctor de Frutos Boudevin, Jefe de División con credenciales extendidas por el General Vicente Rojo, y Alberto Etchepare, uno de los pocos corresponsales de guerra uruguayos en el bando republicano y que podía hablar en primera persona de lo que allí sucedió. Además el Tape trajo consigo de España numerosa documentación militar que da cuenta de todos sus nombramientos y de las misiones a las que fue destinado, y que reproduce en las páginas de este libro.

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Carnet militar de Juan José López Silveira (1954), con la graduación de Teniente Coronel en la reserva.

Al poco de regresar a Uruguay el Tape ya expresó su deseo de volver a combatir en Europa contra el fascismo, esta vez en el ejército británico, pero su médico se lo desaconsejó. Por otro lado, sus ansias por conocer mejor aquel país en el que estuvo más de dos años, pero que por las circunstancias no pudo casi disfrutar, le llevaron a volver clandestinamente a España en tres ocasiones, gracias a un tío suyo diplomático en A Coruña y amigo de Franco. Por algunas de las fotografías que su familia ha cedido a este proyecto también sabemos que estuvo con el político batllista y periodista Zelmar Michelini en Lisboa.

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El Tape con Zelmar Michelini en Lisboa.

Junto a Etchepare y a Rosencoff formó parte de la delegación uruguaya que viajó a Cuba en 1962, tras el fracaso del intento de invasión que fue Bahía de Cochinos, en 1961. Allí el Tape se encontró con Enrique Líster, uno de los principales militares comunistas de la Guerra Civil. Junto a Etchepare  también se reunieron y entrevistaron al coronel republicano Alberto Bayo, quien en su exilio mexicano había sido uno de los instructores de los guerrilleros que arrancarían la revolución en Cuba. Bayo estaba esos días en Cuba para presentar un libro en el que contaba como había sido el entrenamiento de aquellos revolucionarios barbudos del Granma.

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Alberto Etchepare, el coronel republicano Alberto Bayo y el Tape en La Habana (1962).

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Escribir una leyenda

Alberto Etchepare, el coronel republicano Alberto Bayo y el Tape en La Habana (1962).

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Alberto Etchepare y el Tape jugando al ajedrez con el hijo de Fidel Castro (La Habana, 1962).

Uno de aquellos revolucionarios fue Ernesto “Che” Guevara, con el que el Tape también pudo entrevistarse en aquel viaje. Según Rosencof aquella entrevista, en la que el Tape le obsequió al Che con su libro Guerra de guerrillas, fue algo parecido a esto:

–Comandante, no sé si conoce este libro.

El Che lo tomó en sus manos y dio un respingo.

–¡Coronel! ¡Cómo no voy a conocer este libro!

Poco después, en 1965, el Tape moriría en Montevideo. Sus cenizas fueron esparcidas por los ríos Tacuarembó, en Uruguay, y Guadiana, en España.

Referencias bibliográficas:

BUTAZZONI, F. (2002) Seregni-Rosencof. Mano a mano, Montevideo: Editorial Aguilar.

BARREIRO, J. (2010) “Uruguayos en la guerra civil española”. Dudas Razonables [https://jorgebarreiro.wordpress.com/2010/11/25/uruguayos-en-la-guerra-civil-espanola/].

LEIBNER, G. (2011) Camaradas y compañeros: una historia política y social de los comunistas del Uruguay, Montevideo: Ediciones Trilce.

LÓPEZ SILVEIRA, J.J. (1951) Sentencia del Tribunal Extraordinario. Y otros documentos relativos a la reivindicación del Teniente Coronel (R) Juan José López Silveira, Montevideo: J.J.L.S.

LÓPEZ SILVEIRA, J.J. (1962) Imperialismo Yanqui en América Latina. 1961, Montevideo: Comité de Intelectuales y Artistas en apoyo a la Revolución Cubana.

LÓPEZ SILVEIRA, J.J. (02/03/1962) “La última marcha de las Brigadas Internacionales”. Marcha, Núm. 1938 (año XXIII), p. 21.

LÓPEZ SILVEIRA, J.J. (1970) Guerra de Guerrillas, Montevideo: Editorial Uruguay.

RODRÍGUEZ VELASCO, H. (2011) “Las guerrillas en el Ejército Popular de la República (1936-1939)”, Cuadernos de historia contemporánea, 33, pp. 235-254.

Archivos:

Archivo personal de Matilde López Aguerre (hija de Juan José López Silveira)

Biografía de Militantes. Partido Comunista de España. Agencia Federal de Archivos, Fondo 545. Moscú, Rusia.