Llorca, Juan

Juan Llorca, también conocido como Zh. Yorka, Iorka, Jean Irka o Zhorka, nació en España posiblemente durante la década de los 80 del siglo XIX. Calculamos que fue a finales de siglo cuando emigró a Argentina. Allí trabajó de estibador y fue militante en la Federación Obrera Argentina (posteriormente FORA), donde presidió su IV Congreso en 1904. Para Muñoz (2010:16), la participación en ese congreso “de los anarquistas Alfonso Grigalbo, Alfredo Ramela, Juan Llorca, Joaquín Hucha y Juan P. Rosales, fue decisiva para que la Federación tomara el rumbo libertario que asumió. Los anarquistas se constituyeron en la hegemonía dentro de la Federación Obrera y a su vez, en la hegemonía del movimiento obrero en general“. Fueron años de guerra abierta entre la burguesía y las organizaciones obreras.
Años más tarde, trasladó su residencia al Uruguay, donde fue trabajador portuario y dirigente del Sindicato de marineros y portuarios, militando además en la Federación Obrera Regional Uruguaya (FORU). En Montevideo y como tantos otros anarcocomunistas obreros estuvo vinculado al Centro Internacional de Estudios Sociales (CIES), fundado en Montevideo en 1898. El CIES fue considerada la máxima institución de referencia para la extrema izquierda durante esos años (Rama, 2009: 21). En el CIES Llorca coincidió, entre otros muchos, con Pascual Guaglianone, María Collazo, Orsini Bertani, Emilio Frugoni, Adrián Troitiño, José Tato Lorenzo, Roberto Cotelo, Joaquín Hucha o Gino Fabbri.
En 1911 participó en el núcleo de la primera huelga general del Uruguay, una huelga de marcado carácter revolucionario (Fernández & Vidal, 2012). En una de las asamblea de la FORU, Juan Llorca se mostraba favorable a una huelga insurreccional: “incitó a los obreros a que cometieran con los que no los acompañaran en el movimiento, toda clase de violencias” (ibídem, 2012). El movimiento obrero y en especial el anarquista, mostraban durante esos años una gran capacidad organizativa y combativa.

Tras la Revolución Rusa (1917), Llorca comenzó a mostrarse favorable a ésta e incluso apoyó la implantación de una dictadura proletaria de carácter sindical en el Río de la Plata. Es una muestra de la transición que una parte del anarcosindicalismo realizó hacia el comunismo. Incluso en 1920 Llorca, junto a Claudio Prandi, Aurelio Paganelli, Oreste Ristori, María Collazo, Gino Fabbri, Feliciano Galdós, Eduardo Sánchez y Antonio Marzovillo, formaron un comité de apoyo al lanzamiento de Umanità Nova (periódico dirigido por Errico Malatesta y opuesto a la deriva que iba tomando la Revolución Rusa), ejemplificando las posibilidades de colaboración entre anarquistas y comunistas. Pero en poco tiempo (entre 1921 y 1923) se fraguó la que sería la más importante de las divisiones en el seno del anarquismo uruguayo, consolidándose la separación entre los anarquistas ortodoxos de la FORU y los anarcosindicalistas de la Union Sindical Uruguaya (fundada en 1923), partidarios estos últimos de la dictadura proletaria (ejercida desde los sindicatos y no desde un partido político) y la unión con los comunistas.

Hacia 1928, cuando ya una parte de los anarquistas que habían apoyaron la dictadura proletaria habían vuelto al anarquismo ortodoxo, Llorca hizo un viaje a la URSS y para sorpresa de algunos, como su ex compañero Joaquin Hucha, Llorca volvió halagando la república de los soviets. El viaje a Moscú resultó determinante para consolidar su apoyo y vinculación con un movimiento obrero netamente comunista. Allí fue delegado en el IV Congreso de la Internacional Sindical Roja (Profintern) en Moscú y miembro suplente de su Consejo Central. Durante su estancia fue también miembro del Consejo General del Congreso Sindical Latinoamericano (CSLA), además de participante en la Segunda Conferencia Sindical Latinoamericana (Moscú, abril de 1928).
A finales de 1928 Llorca regresó a Montevideo (Kapsoli, 1980) -seguramente ya como miembro del PCU- siendo parte de la delegación del CSLA y la CGT de Uruguay en la I Conferencia Internacional de los Trabajadores de Frigoríficos (Montevideo, mayo de 1930).
Con el inicio de la dictadura filofascista de Gabriel Terra, Llorca fue deportado a España y recibido allí por el Socorro Rojo.
El 11 de septiembre de 1936, Llorca escribió una carta desde Barcelona. En ella da cuenta de los éxitos que cosechan las organizaciones obreras a pie de calle, poniendo como ejemplo la incautación de armas o la quema de iglesias. Justicia (órgano de prensa del Partido Comunista Uruguayo) la publicará el 29 de julio de ese mismo año.

Estimados camaradas, os escribo para que sepáis del heroísmo sin límites de los trabajadores catalanes, cómo se trabaja en unidad revolucionaria sin reparar en ideologías, teniendo como norma la lucha contra el fascismo. Quisiera poder pintaros cómo los trabajadores se iban incautando de los edificios para casas de asistencia de los heridos, cómo se iban desmoronando por la acción del fuego de fusilería, ametralladoras y cañones todas las bastillas del fascismo. Después de las luchas encarnizadas en las calles, se tuvieron que realizar incendios de iglesias y conventos, pero ello únicamente contra aquellos desde los que se hacía fuego contra el pueblo.

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El optimismo mostrado esos días se apagará con su muerte. El 18 de febrero de 1939, tenemos la primera noticia de la muerte de Juan Llorca en Justicia, aunque suponemos que su fallecimiento es bastante anterior.
estracto
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Referencias bibliográficas

Fernández, G. & Vidal, D. (2012) Orígenes del Movimiento Obrero y la 1º Huelga General en Uruguay. Editorial Aportes.

Jeifets, V. & Jeifets, L. (2015) América Latina en la Internacional Comunista 1919-1943. Ariadna Ediciones. Santiago de Chile.

Kapsoli, W. (1980) Mariátegui y los congresos obreros. Biblioteca Amauta. Lima.

Muñoz, P. (2010) La primera huelga general en el Uruguay. La Turba Ediciones. Montevideo.

Rama, C. M. (2009) La edad de oro del anarquismo. Título original: La Cuestión Social. Publicado en: (1969) 1890-1914 Montevideo entre dos siglos. Cuadernos de Marcha. Núm. 22. Montevideo.

Romani, C. (2002) Oreste Ristori: uma aventura anarquista. Annablume. Sao Paolo.

Agradecemos los aportes y comentarios de Pascual Muñoz para esta entrada.

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